��Ya me has perdonado?�. La pregunta lleg� al o�do de Enrique Vila-Matas en forma de susurro, con ese tono burl�n que impregna las bromas que van demasiado en serio y arrastrando la erre a la francesa quiz� algo m�s de lo necesario. �Me cogi� por sorpresa�, recuerda �l al tel�fono, y se intuye una sonrisa que funciona como el traje a medida de una ficci�n pactada. La primera vez que el escritor barcelon�s se plant� delante de Sophie Calle, confiesa que lo hizo con cierto miedo: �Me hab�an hablado de su car�cter...�. Cuando lleg� la �ltima, 20 a�os m�s tarde, ya estaba preparado.La clave era no dar nada por sentado.Todo en torno a esta artista parisina de eterno flequillo Bardot, una verdadera estrella internacional con obra en el MoMA, el Guggenheim, el Pompidou o el mism�simo Metropolitan, es un equilibrismo entre la realidad y la ficci�n, lo personal y lo p�blico, la vida y el arte y viceversa. Nada es nunca lo que parece. Ni lo que muestra ni lo que oculta. Quiz� por eso, dos d�cadas atr�s, aquella coincidencia creativa acab� con un colapso y una muerte. Ah, y tambi�n con un libro, o dos.Sophie Calle (Par�s, 1953) es la precursora de la intimidad publicada que hoy todos practicamos en Instagram -menos ella, pero de eso hablaremos m�s adelante-. Tan exhibicionista como voyeur, Calle lleva desde finales de los a�os 70 narrando sus rupturas amorosas, espiando y haci�ndose espiar o desnudando cuerpo y alma en performances siempre pol�ticamente incorrectas. Ha compartido lecho con decenas de desconocidos, se ha sometido a tests psiqui�tricos para poner nombre a sus m�ltiples yoes e inspir� un personaje del Leviat�n de Paul Auster. Se ha colado a hurtadillas en habitaciones de hotel para cotillear la basura de otros y, �ltimamente, ha desahuciado a Picasso de su propio museo para okuparlo ella misma.La historia de encuentro y desencuentro entre la artista conceptual francesa m�s influyente de nuestros tiempos y el m�s firme candidato espa�ol al Nobel de Literatura se antoja como la mejor puerta de entrada a la biograf�a y la obra, siempre indisolubles, de una mujer obsesionada con comprender al ser humano, empezando por ella misma, y que goza, sin embargo, de constatar una y otra vez que nunca lo conseguir�.Para saber m�s�El hombre con el que comparto mi vida desde hace 23 a�os me hizo prometer cuando nos conocimos que jam�s lo utilizar�a como material art�stico. 'Ni una l�nea sobre m�, o te dejo', dijo. Hasta ahora, he obedecido. Pero si me abandona tendr� las manos libres para hacer lo que me d� la gana�, confiesa Calle por videollamada desde su casa-taller en Malakoff, un suburbio al sur de Par�s. Viste una sencilla bata gris sobre un su�ter azul celeste; tras sus eternas gafas oscuras -que abandonar� en un momento de la conversaci�n, cuando la cita se ponga intensa- se esconde la mirada atenta de quien ha hecho de la observaci�n una disciplina.Es, de hecho, el fin de otro amor el que posibilita este encuentro. Dolor exquisito, la narraci�n de un viaje a Jap�n y del periplo interior hacia la superaci�n del duelo tras una llamada inesperada a un tel�fono carmes� en la otra punta del mundo -��Has conocido a otra mujer?�; �S��-, llega por primera vez a Espa�a de la mano de Ediciones Comisura en forma de libro objeto en blanco y negro y varios tonos escarlata. Sus 280 p�ginas contraponen fotograf�a y texto para diseccionar el sufrimiento propio y c�mo su enfrentamiento con el padecimiento ajeno puede resultar terap�utico. �Cuando cuentas la misma historia triste hasta la saciedad y pides que tu interlocutor te relate su momento de mayor dolor llega un punto en que tu tormento se banaliza hasta la verg�enza�, analiza.La sonrisa p�cara de la mujer que espera la siguiente pregunta tranquilamente acodada ante una descomunal jirafa disecada colgada en la pared de su estudio es demoledora. Resulta f�cil entender al instante c�mo esta parisina de 72 a�os ha podido intimidar a Enrique Vila-Matas y a tantos otros hombres a lo largo de las d�cadas. Vayamos a los hechos. Oto�o de 2005. El escritor recibe una llamada inesperada en su casa de Barcelona: la afamada artista francesa Sophie Calle le cita en el Caf� de Flore, en pleno centro de Par�s, para proponerle algo. Algo que no puede hablarse por tel�fono. Durante un a�o, �l le escribir� la vida a Sophie y ella la vivir�. �Salvo matar, llevar� a la vida lo que me dictes�, lanza ella. A �l la propuesta lo motiva tanto que empieza a escribir de inmediato. Imagina para ella un viaje a una isla de las Azores en busca de un fantasma. Solo que ella jam�s cumple su parte: a su madre le pronostican tres meses de vida y, casi a la vez, recibe una invitaci�n para la Bienal de Venecia del a�o siguiente.Fotograf�a: Ed Alcock (Eyevine portraits)�Estaba atrapada�, reflexiona ante la pantalla. De repente, reacciona, airada, y se quita las gafas. Este debe de ser el car�cter que asustaba a Vila-Matas. �Pensaba que Enrique tardar�a en responder un a�o, tal vez dos, pero lo hizo inmediatamente y me sorprendi�. Me desestabiliz�, incluso�. La primavera siguiente, Vila-Matas envi� un mensaje a la artista: �Estoy en Par�s, �nos vemos?�. Ella le contest� con una esquela: �Mi madre ha muerto esta ma�ana�. �l replic�: �Esta tarde paso a verte�. Y hasta ah� lleg� la historia compartida.Vila-Matas transform� el episodio en Porque ella no lo pidi� (Lumen), una novela en la que las fronteras entre la imaginaci�n y la realidad son tan difusas como la relaci�n que la inspir�. Calle, por su parte, convirti� el �ltimo aliento de su madre en un v�deo grabado a los pies del lecho mortuorio que estren� en aquella Bienal de Venecia. Titul� la instalaci�n con un t�tulo tremendamente frustrante: Pas pu saisir la mort (No pude captar la muerte)."La pol�tica y la tauromaquia son mis dos temas intocables. Soy incapaz de poner palabras a lo que me hacen sentir"El a�o pasado, Sophie Calle recuper� la historia frustrada con Vila-Matas en su �ltimo libro-obra, un compendio de proyectos fallidos bautizado Catalogue raisonn� de l'inachev� (Cat�logo razonado de lo inacabado, de momento publicado s�lo en Francia). Lleg� hasta ellos despu�s de vaciar por completo su casa para instalarse en el Museo Picasso de Par�s, que en 2023 le encarg� una exposici�n para conmemorar los 50 a�os de la muerte del genio malague�o. Ella decidi�, literalmente, convertirse en la muestra. Durante tres meses, desbarat� el H�tel Sal� de cualquier obra de Picasso, las meti� todas en el almac�n del s�tano y se instal� a lo largo y ancho de sus cuatro plantas con todos sus enseres, art�sticos y personales, inventariados y rotulados. Los visitantes pod�an incluso llamar a la puerta del cuartito que escogi� como habitaci�n y charlar con ella, que recib�a, seg�n la hora, como ahora, en bata.�Conviv� con su fantasma�, recuerda, y zanja con vehemencia cualquier posible debate sobre la moralidad de un genio cuestionado por su trato hacia las mujeres: ���Cancelar a Picasso!? �Buena suerte!�, lanza. �Jam�s habr�a aceptado esta exposici�n de haberme supuesto un dilema �tico. Lo que me dicta mi feminismo es que me concentre sobre los hombres vivos que violan, pegan o asesinan a mujeres ante nuestros ojos�.M�s all� de la provocaci�n muse�stica, la operaci�n resume bien el modo en que Sophie Calle entiende el arte. Dicen que es fot�grafa, escritora, directora de cine... Ella, sin embargo, se encasilla s�lo en la pura necesidad: �Tengo un d�ficit de memoria casi patol�gico, pr�cticamente s�lo recuerdo lo que he fotografiado o escrito�, confiesa. �Cuando empec�, sent�a que a mis fotograf�as les faltaba algo, no eran suficientemente interesantes estil�sticamente. Antes, cuando era muy joven, hab�a escrito algunas cosas aceptables, sin m�s. Al combinar ambas formas art�sticas encontr� mi propio lenguaje�.En 'The Sleepers' (1980), Sophie Calle invit� a 27 personas a dormir en su cama y las fotografi� en sus sue�os. Aqu�, Gloria K y Anne B.VEGAP Madrid, 2026 / Cortes�a de la artista y Perrotin�Andamiaje conceptual o desahogo personal? �De qu� hablan sus obras, a medio camino entre el arte visual y la literatura? La mayor�a, de su propia vida. �No, no es en absoluto terap�utico�, desmiente el mito. �Mi motor es la creaci�n art�stica, desarrollar exposiciones y libros, y mi material de estudio es la la p�rdida, la desaparici�n, c�mo tomar distancia de un evento traum�tico para diseccionarlo. Cuando las cosas van realmente bien no quiero hablar de ellas sino experimentarlas. No saco fotos en vacaciones, por ejemplo�.La reflexi�n resulta casi revolucionaria en una sociedad que ejecuta exactamente todo lo contrario casi de forma autom�tica. �La gente hace fotos antes de mirar�, lamenta la artista. �Entras en un sitio y sin decir ni hola ya te est�n apuntando con el m�vil. Es exasperante. Hace poco hice un proyecto llamado Porque... en el que cubr� fotograf�as que me gustaban mucho con una tela en la que explicaba lo que me motiv� a tomarlas. Quer�a ralentizar ese acceso a la imagen. No tengo ninguna red social porque no comparto los motivos que las impulsan: mostrar la vida mejor de lo que es, hacernos publicidad�.Resulta parad�jico que la gran precursora del uso p�blico de la intimidad reniegue de c�mo la sociedad de masas ha entendido su mensaje. �Hay un error de base en esa comparaci�n: yo no pretendo mostrar mi vida�, matiza. �La gente cree que me conoce a trav�s de mi trabajo porque cuento historias de mi intimidad, pero en realidad lo que cuento le ha pasado a todo el mundo. Todo el mundo ha perdido a su madre, a todo el mundo le han abandonado alguna vez. No estoy contando mi vida como hace la gente en Instagram, s�lo hablo de momentos en los que quiero apartarme. A menudo he disfrutado m�s haciendo arte de una ruptura que en los mejores momentos del amor que desaparec�a�."He disfrutado m�s haciendo arte de algunas rupturas que en los mejores momentos del amor que se apagaba"Fue el caso a principios de los 2000 cuando recibi� un at�pico correo electr�nico de despedida. Su pareja reconoc�a que le hab�a sido infiel, alegaba que no pod�a evitarlo y se desped�a con un cierre formal que dio t�tulo a la obra que exorciz� la incomprensi�n: Cu�dese mucho. �De verdad la trataba de usted? �Ah, cuando estoy enamorada ese trato formal, simplemente, sucede�, sonr�e Calle. �Una vez intent� usar el t� con el hombre con el que estoy y duramos medio d�a. Era incomod�simo, no funcionaba. Necesito cierta distancia en el amor; cuando te tratas de usted es mucho m�s dif�cil discutir y decirse cosas horribles. '�C�mo se atreve usted a hacerme esto?': suena rid�culo, �verdad? Eso tiene sus paradojas: cuando mis amigos me ven tratar de usted a un hombre siempre piensan que nos hemos acostado�.Excentricidades al margen, a Calle le impact� tanto aquel mensaje que decidi� le�rselo a 107 mujeres para que lo interpretaran. Profesionales de diferentes �mbitos -una cantante, una actriz, pero tambi�n una jueza, una sex�loga, una historiadora...- convirtieron aquellas palabras en otra cosa, y las fotograf�as y textos de esos encuentros llenaron el pabell�n de Francia de aquella Bienal de Venecia de 2007. Hay quien dice que el movimiento Me Too le copi� el m�todo. �Fue un inmenso ejercicio de sororidad�, concede ella. �Esa carta no pod�a analizarla otro hombre; era un mensaje de un hombre hacia una mujer y eso ten�a su propio lenguaje. De aquella experiencia saqu� medio centenar de amigas maravillosas y sal� victoriosa de una situaci�n dolorosa. Nunca hab�a experimentado con ese hombre una d�cima parte de la alegr�a que sent� durante el a�o que pas� entrevistando a mujeres�.�No fue una forma elegant�sima de vengar un desaire? �Jam�s har�a arte por venganza�, ataja. �Dolor exquisito me llev� 16 a�os. �l dej� de importar mucho antes; lo que me interesaba era la idea art�stica�.En 'Dolor exquisito' (1984 - 2003), Sophie Calle contrapuso su pesar tras una ruptura con "el peor momento de dolor" de un centenar de personas. Su obra se edita ahora en Espa�a de la mano de Ediciones Comisura.VEGAP Madrid, 2026 / Cortes�a de la artista y PerrotinLa Sophie Calle tardoadolescente fue mao�sta, en los 70 milit� ferozmente en favor del aborto y ha analizado hasta la extenuaci�n las desigualdades, las contradicciones entre hombres y mujeres y hasta la discapacidad en decenas de proyectos. Lo pol�tico subyace a borbotones en su arte, aunque siempre en segundo plano. �Le inspira algo el escenario geopol�tico actual? �Nada en absoluto, es demasiado violento. He intentado hacer arte pol�tico muchas veces pero no ha funcionado. Tampoco he logrado hacer nada a partir de mi experiencia feminista�. Lo mismo, asegura, le ocurri� con la tauromaquia, que la obsesion� durante a�os: �Ah� hab�a belleza, muerte, crueldad, asco, atracci�n... Sal�a de las corridas exhausta de tanto conflicto y nunca encontr� las palabras para expresarlo. Hay temas intocables para m��.En un momento de su vida, Sophie Calle pas� meses organizando su propia muerte, del funeral al obituario, pero se top� con la burocracia. Resulta que en Francia no est� permitido comprar una sepultura hasta la defunci�n, as� que reserv� plaza en un cementerio californiano, no sin inquietud: el env�o por mensajer�a difiere si se traslada un cuerpo o unas cenizas, y no fue capaz de decidir.Amante de los juegos, le proponemos uno: �qu� epitafio escoger�a para su tumba?Calle reflexiona unos segundos eternos, dibuja en su rostro su sonrisa m�s desarmante y, finalmente, concluye: �Ten�a unas piernas bonitas�.
La mirada indiscreta de Sophie Calle, la artista que convirti� la intimidad en una obra de arte: "La gente cree que me conoce pero lo que cuento no es mi vida sino momentos de los que huyo"
«�Ya me has perdonado?». La pregunta lleg� al o�do de Enrique Vila-Matas en forma de susurro, con ese tono burl�n que impregna las bromas que van demasiado en serio...








