Contarse a una misma desde todos los rincones de la propia persona requiere, en ocasiones, tomarse un tiempo para juntar todos los recuerdos, anécdotas, pensamientos, ocurrencias, vivencias, dolores y celebraciones en una sola cadena. Requiere, además de removerlo todo, saberlo hacer bajando las defensas que uno interpone sin dejar de usarlas cuando estas nos definen. Esta serie de elementos, pese a parecer algo caótica, acaba formando siempre un objeto único que, visto en su totalidad, permite acercarse a alguien hasta su realidad.Así es Garlanda (Blackie Books), el estreno literario de Maria Rovira. Conocida como Oye Sherman sobre los escenarios como una de las grandes cómicas de stand-up del país, la humorista y guionista desgrana aspectos muy íntimos de su vida con la ternura y el ingenio característicos de autores como Nora Ephron o David Sedaris. Todo acotado a pie de página con su humor y su amor por la lengua y la palabra.¿Cómo y cuándo nace la idea de escribir Garlanda?Me habían ofrecido hacer libros antes, pero no pensaba que tuviera claro que quisiera contar. Me faltaba esa pulsión propia y orgánica de querer explicar algo. A raíz de mucho tiempo escribiendo —monólogos, la sección en L’Irradiador de Ser Catalunya, la sección de l'Està Passant, tuits…— iba acumulando textos. Llevaba tiempo acumulando muchas cosas que no tenían salida en un monólogo o en una sección de tele. Como hablar más de mí, hablar seriamente, algo a lo que no estoy nada acostumbrada.Duelo, recuerdo y celebración“Mi padre me hizo un regalo precioso: mirarme a mí misma con ojos amables”Una forma de escribir alejada del objetivo más cómico. ¿Te apetecía?Tenía ganas de explicar las cosas que quería explicar. Que eso también tuviera salida. El formato no era necesariamente cómico, o no solo. Jan Martí, de Blackie Books, me propuso hace años hacer algo y le dije que no; me daba mucho miedo hacer un libro por hacerlo. Pensé que ya había mucha gente que se dedica a ello y lo hace muy bien. Y en aquel momento no tenía nada que decir que yo considerara como para alzar la copa y decir: “eh, escuchadme todos”. Hace unos tres o cuatro años, Jan volvió a contactar conmigo para insistir. Me dijo que podía ser algo totalmente fragmentado, no hacía falta que fuera lineal. Ahí empezó a interesarme y así empecé a escribir.¿Costó elegir las cuentas de tu guirnalda (garlanda en catalán)?Costó mucho. Tenía mucho vértigo, mucho miedo de hacer pornografía emocional. Tendía a explicar cosas y enseguida les daba un giro humorístico. Aquí juegan un gran papel las notas a pie de página: me permiten tener el doble registro sin que necesariamente el humor tenga que convivir en el párrafo.Hablas de cómo vives conceptos muy personales como el amor, la gratitud, el duelo… ¿cuesta alejarse del hábito humorístico para afrontar cuestiones tan íntimas?Sí, y he tenido que pulir mucho el texto. He escrito muchísimo y Jan Martí y la editora Helena Castelloti hicieron un gran trabajo poniendo en valor todas las partes que a mí me daban más reparo, diciéndome: “esto es bueno”, “esto es bonito”, “esto es universal”, “esto conecta con muchísima gente”... Es la vulnerabilidad, que tiene esa doble capa: por un lado da mucho vértigo, pero es muy gratificante compartir de verdad cosas con la gente.Maria Rovira en La Dolors Bar, Vallcarca, Barcelona.Andreu Esteban / Propias¿Cómo vives el humor en tu vida?Está muy integrado. Empezó a desarrollarse de forma paralela a mi personalidad. Tengo dos hermanos mayores con los que me llevo 6 y 8 años. Se pasaban el día haciéndose bromas, picándose y riéndose. A los 5 años ya estaba plenamente entregada al espectáculo que tenía en casa: no solo lo disfrutaba, sino que quería participar. Las primeras veces que reflexionaba sobre los mecanismos del humor debieron de ser para copiar a mis hermanos y hacerles reír.Tu hermano, el que te dio un diccionario y te “animó” a leerlo, también fue protagonista en tu fijación por las palabras.Supongo que ya me interesaban antes. La primera etapa de la vida, cuando empiezas a aprender las letras, las palabras, luego empiezas a leer… se te abre todo un mundo nuevo. La pregunta es cómo no obsesionarse. Yo ya veía que mi hermano se me estaba quitando de encima, pero lo empecé a leer y ahí empecé a darme cuenta de que las palabras no solo formaban frases, sino que podías observarlas una a una y que cada una tenía un significado y una apariencia.La lectura fue claveTambién es un espacio seguro para muchas niñas y niños a las que quizá el mundo las abruma un poco. Las relaciones sociales y el mundo son un lugar donde, cuando eres pequeño, donde te sientes muy vulnerable. Yo, cuando leía, sentía justo lo contrario: una especie de refugio, de lugar de paz y seguridad.Reconstruir recuerdos“No quería ser esa persona que no se contara la verdad a sí misma”Relacionado con las palabras también describes tu sinestesia.(Ríe) Me siento tan farsante…¿Por qué?“No, mira, yo asocio las palabras con comida”. “¿Y cuál es?”... Yo entiendo que la gente lo pregunte, pero entonces me veo desde fuera diciendo: “No, bicicleta es como una rodaja de kiwi”. En realidad, a mí me daba rabia la gente y sus sinestesias.¿Cuándo fuiste consciente de tener una?La sinestesia se forjó en una época muy temprana. A menudo, las imágenes de comida son muy infantiles y están llenas de marcas. Infantil, por ejemplo, es una Fanta de naranja. O todo es un Donette nevado.Es una forma de ver las cosas distinta. También hablas de cómo modificamos recuerdos para que nos gusten más o hagan menos daño. ¿Te ha pasado mientras escribías este libro?De hecho, me he dado cuenta de que he publicado cosas que después… El episodio en el que mi hermano me afeita el bigote: me dijo que no fue con una Gillette, que fue con unas tijeritas curvadas. Cada uno lo recuerda a su manera. Pero claro, de repente pongo en cuarentena mi recuerdo. He construido las sensaciones asociadas a aquel momento, pero la memoria es muy falible.Maria Rovira Andreu Esteban / PropiasEscribir este libro, ¿te ha ayudado a reconstruir recuerdos?Escribir y hacer terapia. Históricamente, yo he sido una persona bastante pesimista. Antes tenía asociado el pesimismo con el realismo, y el optimismo con el autoengaño. Y yo no quería ser esa persona que no se contara la verdad a sí misma. La verdad puedes interpretarla, puedes modularla y no deja de ser verdad.Ser pesimista para protegerte de lo que pueda pasarQuizá para no mostrarte ingenuo, porque en ese ingenuo ves la figura de alguien vulnerable y quieres huir de eso. Igual que criticarse a una misma: tú no me vas a decir nada que yo no haya pensado ya sobre mí misma. Todo está relacionado: la autoexigencia, el pesimismo… Igual que los recuerdos son edición audiovisual o periodística, podemos editar de otra forma sin engañarnos a nosotros mismos, sino valorando las cosas buenas que tiene la vida. Es como el tema de la pérdida y la celebración. Puedes pasarte la vida enfocándote en la pérdida y no en la celebración, pero quizá no es un camino muy bonito.En este libro abres mucho las puertas a esa vulnerabilidad.Me di cuenta un poco tarde (ríe).Abordas cosas muy íntimas como el duelo, sobre todo el de la muerte de tu padre. ¿Escribir el libro te ayudó a situar ese duelo?Él murió mientras escribía el libro. Estuve un año sin tocar nada angustiada de pensar que tenía que seguir escribiendo el libro y, de repente, no sabía quién era. Estaba cambiando en el proceso y no sabía cómo escribirme. Escribir me ayudó mucho para organizar la avalancha de recuerdos que iba llegando, dialogar con el propio duelo. El libro era un espacio muy seguro para examinar el duelo y ver cómo se desarrollaba.Explicas una manera muy dulce de vivirlo “Repetir las cosas que le gustan a una persona es recorrer de nuevo su camino”. ¿Es lo que haces con Garlanda?Creo que sí. Una de las cosas que más me ha sorprendido del duelo es ver cómo interiorizamos una forma de seguir aferrándonos o de tener cerca lo que hacen las personas. De repente quizá te apetece repetir alguna palabra que decía, o recordar una película que le gustaba mucho, o recordar cómo comía… Una de las cosas que yo ya sabía de mi padre, pero que vi aún más cuando murió, fue que era una persona que creía mucho en mí. Que me miraba con ojos muy amables. Y de la misma forma que he interiorizado muchas cosas, también he interiorizado esa mirada amable hacia mí. Me ha ayudado a cambiar ese paradigma. Es un regalo precioso, me siento muy afortunada.Hablas de duelos, pero también de celebracionesEl hecho de que haya un duelo quiere decir que ha habido algo que celebrar. Cuando perdemos algo que no nos importa no hay duelo, pero quizá tampoco ha habido tanta celebración antes. Yo creo que sí vale la pena. Un corazón que no se puede romper no me interesa en absoluto. Yo prefiero llorar y haber vivido cosas que valen la pena. Los dos forman una parte inseparable de la vida porque están asociados a un cambio.El tamaño de la celebración y del duelo son simétricos.El ser humano, por supervivencia, tiene terror al cambio; pero la vida es cambio, hay mucha metamorfosis. Alguna vez me he preguntado cómo viven las mariposas la metamorfosis, si saben qué les pasa, si les duele… En momentos de angustia hay que recordar que ya has pasado otras crisis antes y después has estado bien. Intenta atravesar como puedas este momento, que sí es más complicado que otros, pero siempre acabas estando bien.La muerte de un padre“Escribir me ayudó mucho para organizar la avalancha de recuerdos que iba llegando, dialogar con el propio duelo”Cambios como la crisis de los 30. ¿Cómo la llevas?Yo creo que bien. Yo ya tengo 35, hay mucha gente que me dice: “¡prepárate para la de los 40!”Es una preparación constante.Todo son crisis encadenadas. Miras tu etapa anterior y piensas: “¡Ah! ¡No tenía ni idea! Menos mal que ahora…”. Y quizá cuando pasan 15 años piensas que tu yo de 15 años estaba más conectado. Es fascinante crecer. Me consuela bastante hablar con mujeres mayores que están en otro punto y que han atravesado cambios y están mejor. Hay algo en este mundo que te hace creer que tienes que tener la sabiduría de alguien de 60 años teniendo el cuerpo de alguien de 25. Leí una entrevista a Patti Smith que decía que había cambiado pero que ahora se sentía mucho más conectada con sus talentos innatos, que se conocía mucho mejor. Creo que esa es la parte valiosa de la experiencia: conocerse y tener una mejor relación con uno mismo. Eso no podemos desearlo antes de tiempo.Hablas con tu yo de 18 años. ¿Qué le dirías a tu yo de 40 años?Mi yo de 40 será más sabio que mi yo de 35, así que lo que le diga pensará: “Ay, qué mona…”. Le diré que espero que se haya sacado el carnet de conducir.¿Cómo lo llevas?Aparcado. Tenía un libro que hacer y al final fue bastante intenso. No empiezo de cero, pero me da rabia el dinero que supone. He pagado… ¿cuántas prácticas dirías? ¿Cuántas dirías que son muchas?¿30? ¿40?¿Y cuántas dirías que son muchísimas? Hice 90. Decidí que viviría dentro del coche. Solo tenía dos oportunidades y pensé que no quería suspender a la segunda y pensar que no lo había intentado todo.Con 90 prácticas, si te llevan a conducir por el Carmel y consigues salir, te convalidan el carnet.Lo hago público y soy consciente de que son muchísimas y me da vergüenza, pero tengo la esperanza de que alguien lo lea y se sienta acompañado. Mucha gente dice: “hice muchas prácticas: 27”. Y claro… te mataré mientras duermes.“Debe de haber una manera mejor de hacer esto”, es uno de tus mantras, junto con “Deberías estar pasándotelo mejor”. ¿Todavía lo piensas?Creo que es inevitable. Hay una parte que es personal mía y que también tengo que intentar aceptar un poco. No puedo cambiarme totalmente como persona. Quizá si acepto de manera amable esta parte de mí, se transforma de otra forma. Enfadarse con uno mismo no es demasiado útil si solo te enfadas. Pero intento no pensarlo tanto también. El hecho de pensarlo te arruina la propia experiencia en directo. Es tirarse piedras al propio tejado.Una vez terminado el libro, ¿sigues creyendo que hay una mejor manera de hacer esto?Es la respuesta que me doy. Seguramente sí, pero esta es la mía. Esto es lo que he hecho y estoy contenta. Si estás contenta con el resultado, torturarte pensando si había una mejor manera de escribirlo… pues mira, la vida va como va. No es un examen. Estoy satisfecha con el libro, y eso me llena mucho porque mi principal terror era no estarlo.¿Y volverás a escribir un libro?Sí. Me ha gustado. La respuesta ha sido tan positiva que te anima mucho. Me gustaría no depender de la admiración externa, pero si hago monólogos en parte es porque me gusta comunicar y conectar con la gente. Y creo que este libro ha conseguido conectar. Es algo que me hace feliz.Nacido en Barcelona en 1983. Periodista que trastea con datos y especializado en el mundo del humorismo: comedia, literatura humorística, sátira, stand-up y demás formas —tóricas y prácticas— de entender el humor