La periodista y escritora publica ‘Orfidal y Caballero’, un retrato tan confesional como pizpireto sobre la madurez femenina. Con ella hablamos de complejos de infancia, su creciente ‘heteropesimismo’ y el poder de la ironía como escudo

Tras el éxito de su debut literario, Los parques de atracciones también cierran, Ángeles Caballero sentía vértigo cada vez que pensaba en su siguiente proyecto. Las ideas demasiado ambiciosas la bloqueaban, y no podía apartar de la cabeza ese lugar común que asegura que las segundas obras —ya sean libros, discos o películas— están condenadas al fracaso. “Si no publicas algo antes de dos años, el lector se olvidará de ti”, le advirtieron. Hasta que escuchó en casa la clave para salir del atolladero: “¿Por qué no haces a...

lgo que te divierta y ya está?”. El resultado es Orfidal y Caballero (Arpa Editores), un dietario sobre la experiencia de la madurez femenina. Una crónica confesional y costumbrista de una “señora bien” —etiqueta que la periodista madrileña lleva incluso estampada en la sudadera con la que acude a nuestro encuentro— que trata de mantenerse cuerda, y con cuerda, en la caótica vida moderna.

Calificas Orfidal y Caballero como un chute de exhibicionismo para una persona que desde niña ha vivido con complejos. ¿Cómo manejas esa contradicción?