La artista Sophie Calle reúne en un libro sus tentativas artísticas inacabadas, que crean una atmósfera general de incompletitud

Ciertos lugares, algunas personas. Sophie Calle, por ejemplo. Me aterraba antes cruzarme con ella (la sabía capaz de todo), pero su permanente alegría de los últimos tiempos me ha borrado parte del miedo....

Ciertos lugares. El Picasso de París, por ejemplo. El museo en el que, hará dos años, Sophie montó su exposición A toi de faire, ma mignone (Tu turno, cariño), donde incluyó, a modo de anexo, una sucesión de “cuadros de pared” en los que describía un buen número de acciones artísticas que dejó inacabadas.

Una de ellas, por hablar de una sola, fue la generada por una noticia de prensa, procedente de Coulogne, en el Paso de Calais. Los cuatro miembros de la familia Demeester —un prejubilado y su esposa de 55 años, su hijo e hija, de 30— fueron encontrados en su terraza, ahorcados. La autopsia confirmó su muerte simultánea sin signos de violencia. Dejaron esta nota:

“Nos hemos equivocado demasiado. Perdón”.