El fallecimiento de Ratko Mladić en La Haya ha reabierto de golpe las cicatrices del conflicto balcánico, provocando una reacción furibunda por parte de Arturo Pérez-Reverte. La confirmación del deceso del antiguo comandante militar serbobosnio, anunciado este jueves 27 de agosto a los 84 años en un hospital penitenciario de la ONU, generó un choque inmediato en el panorama mediático. La justicia internacional, que mantenía al militar cumpliendo cadena perpetua por genocidio y crímenes contra la humanidad, cierra así el capítulo biográfico de una figura tristemente célebre en la historia europea reciente.
Ante este desenlace, el célebre escritor y exenviado especial no tardó en reaccionar públicamente para dejar constancia de un desprecio absoluto moldeado sobre el terreno. Quienes siguieron sus crónicas en los momentos más oscuros de la contienda comprenden bien la carga emocional que acompaña a su respuesta. La crudeza de su mensaje refleja la impronta indeleble que dejaron los desastres presenciados durante su etapa como reportero en territorio balcánico, donde fue testigo directo de las consecuencias de las órdenes dictadas por la cúpula militar de los serbios de Bosnia.
Para Arturo Pérez-Reverte, esta noticia ha reactivado los recuerdos de un periodo sangriento que presenció como corresponsal de guerra hasta que el peso de la barbarie le hizo apartarse del fotoperiodismo bélico. Su tajante postura ante la muerte del militar confirma cómo el dolor causado en aquel rincón de Europa continúa presente en la memoria colectiva de quienes cubrieron el drama.








