1 de septiembre, 2026 - 07h30Gobernar un país es realmente una oportunidad, una ocasión extraordinaria para ejecutar proyecciones que pueden cambiar la vida de muchas personas. Uno de los grupos a los cuales se les puede transformar la vida es a los privados de la libertad. Decía el gran jurista italiano Francesco Carnelutti que las cárceles se asemejan al camposanto, con la diferencia de que el preso es un enterrado vivo. En las cárceles hay maldad, pero también puede haber bondad, producción, generación de ahorro y de bienestar para los presos y sus familias. Los presos constituyen una potencial mano de obra con notable disponibilidad de tiempo, que puede ser capacitada para producir de manera sistemática en beneficio de los propios presos y de la sociedad. Mientras mejor control mayor seguridad para las actividades productivas. En la Cárcel del Encuentro, por ejemplo, se puede establecer una granja productiva para que los presos trabajen cultivando frutas que son materia prima para productos de consumo masivo, como salsa de tomate, jugos de frutas, papillas para niños, etc. Las cafeterías de gran clientela podrían abastecerse del café producido en las cárceles. Mientras que otras empresas podrían facilitar semillas para la producción de su interés. Es cuestión de ponerse a pensar, planificar y ejecutar. Considero que algunas industrias podrían estar muy interesadas en que esto funcione. La cárcel es un lugar para enloquecer. Nada debe ser más aburrido que estar encerrado sin hacer nada o casi nada. Trabajar en la cárcel ocupa tiempo del preso en algo productivo, le permite tener expectativas, hacer proyecciones, financiar a sus familias. Estas, al menos como regla, además del natural sufrimiento, tienen que vivir momentos muy difíciles económicamente. El dinero que se necesita no es espectacular, pero es una inversión en seres humanos ávidos de ayuda y de oportunidades. Insisto en que la Cárcel del Encuentro es el lugar perfecto para un proyecto así, dado el gran control que ejerce el Estado ahí. No hay que ser un gran psicólogo para prever que esto combatirá eficazmente la violencia y el vicio. Aparte de lo productivo, trabajar diariamente es un gran ingrediente para la rehabilitación. Dormir y despertar sin ninguna proyección, sin ningún estímulo, pensando solo en el tiempo para salir libre es un castigo y un pesar en el alma. La espera de la absolución o de la reducción de la pena puede tener un aliciente en el trabajo. La sociedad es solidaria y la industria también. Entiendo que hay un grupo de empresarios cristianos, a algunos de los cuales posiblemente les pueda interesar la idea. Un proyecto piloto sería perfecto. Si a esto se acompaña la posibilidad de estudiar carreras intermedias el panorama carcelario podría mejorar. Claro, habrá ciudadanos de rehabilitación imposible. No lo discuto. Pero eso no ensombrece la iniciativa. El voluntariado puede ayudar. Dice la Constitución del Ecuador en el artículo 33 que “el trabajo es un derecho y un deber social, y un derecho económico, fuente de realización personal y base de la economía”. ¡Manos a la obra, pues! La vida es una sola. (O)