Opinión

Editorial

EditorialLa transformación y monitoreo del Sistema Penitenciario debe ser una política de Estado.

Si se siguen repitiendo las mismas acciones, no se pueden tener resultados distintos. Este axioma, aparentemente tan lógico y tan comprobado, no parece tener aplicación en diversos campos del quehacer público, y uno de ellos, sintomático y abyecto, es el carcelario. El miércoles último, en una requisa en la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón, no solo se hallaron artículos prohibidos en una caleta, sino también un túnel, bastante consolidado, lo cual denota que llevaba buen tiempo en ejecución. No hay todavía detalles de sus dimensiones y características, pero sí que estaba en dirección al perímetro de la cárcel. Se conjuró una fuga, sí, pero el método de la intentona muestra que todavía hay excesiva permisividad y deficiente supervisión de las actividades de los reos.

Cabe reconocer que la información de inteligencia permitió atajar una evasión, pero, por desgracia, el hallazgo no basta para eliminar la preocupación, máxime porque se encontraron celulares y terminales de internet que automáticamente implican conectividad con el exterior y, por ende, peligro para la ciudadanía. Cabe denotar, eso sí, que si hay afanes escapistas es porque la prisión ya no ofrece las comodidades que se tenían antes de la demolición de apartamentos improvisados. Pero no basta.