13 de junio, 2026 - 06h00Cuando muramos quizá podremos saber si hay cielo o infierno, pero en la tierra hay algunos cielos y algunos infiernos. Uno de estos son las prisiones, donde los reos, como dice el ilustre profesor y ex alto magistrado Raúl Zaffaroni, en la región son en su mayoría jóvenes, con escasa instrucción, sin entrenamiento laboral, provienen de barrios precarios, imputados por delitos contra la propiedad y compitiendo con el narcomenudeo, a quienes se obligó a pertenecer a grupos criminales porque, si no, los matan. En Ecuador también, por su miseria y la de sus familias y la descomposición de su entorno, desde hace algunos años especialmente engrosan las filas de las mafias y algunos son enseñados a matar. De ese infierno llegan a otro: las cárceles del país, donde en esta década han muerto demasiados, asesinados o por enfermedades. Son los olvidados y demonizados, condenados a morir por equivocarse o por creer en ello los jueces, a veces criminalizando la pobreza.A principios de este mes, la periodista Karol Noroña, en un reportaje prolijo, ha revelado el rostro pleno del horror. El 2021 fue el año más crítico, con 331 reos muertos por violencia intracarcelaria, mutilados y mostrados en las redes sociales, demostrando una incapacidad criminal del Estado para controlar el ingreso de armas a las prisiones. Veintiún suicidios, muchos de ellos probablemente por las condiciones carcelarias. En 2025 fueron asesinados 206 y 448 por “causas indeterminadas”. ¿Cómo es posible que no haya podido el Estado establecer aquello? Ese año cada 7 horas en promedio falleció uno por hambre o enfermedades. ¿Hambre? Sí, las prisiones son un pedazo de Gaza, de Sudán; en 2024 se suspendió la alimentación. Las familias deben suplirla, porque la del Estado no les llega debido a las bandas criminales que controlan las cárceles y las extorsionan cobrándoles hasta por el aire que respiran. Deben pagar para vivir. No les brindan atención médica o es limitada, de ahí que llegan a los hospitales, solo algunos, ya infectados por tuberculosis, la enfermedad de la miseria por la desnutrición crónica, el hacinamiento (donde deben caber cuatro hay doce), la baja de defensas. En el reportaje se muestran más de 300 imágenes de cuerpos cadavéricos, otros agonizando sobre cartones, bajo el sol, pidiendo auxilio, en la Penitenciaría de Guayaquil. Varias acciones de habeas corpus han presentado los familiares de los presos por falta de atención médica y alimentación. En una audiencia no llevaron a un preso como era obligación de las autoridades carcelarias. La madre averiguó y descubrió a su hijo en la morgue, muerto dos días antes. El juez ordenó disculpas públicas de dichas autoridades y el pago de una indemnización, que no llegaron hasta que se hizo la nota periodística. Se oculta la cifra de muertos por tuberculosis, no hay diagnósticos. También se han denunciado otras vulneraciones de los derechos humanos de los reos, como torturas físicas y psicológicas infligidas por los militares a cargo de las cárceles. Los presos también son seres humanos. (O)
Julio César Roca De Castro: Los dejan morir | Columnistas | Opinión
De ese infierno llegan a otro: las cárceles del país, donde en esta década han muerto demasiados, asesinados o por enfermedades.














