Un Gobierno casi nunca admite que se ha visto sorprendido por una crisis. Sobre lo de admitir que se reaccionó tarde y sin ser consciente de las implicaciones, suele haber más sinceridad, pero solo de forma privada o anónima. Pedro Sánchez comunicó a la Comisión Europea por carta el 1 de agosto que se había devuelto a “prácticamente todos” los que habían cruzado la frontera dos días antes, lo mismo que dijo en público el ministro de Interior. No era cierto y ese error ha perseguido a Moncloa a lo largo del mes de agosto. “Fue un error de cálculo darlo por zanjado cuando se volvieron a Marruecos 70.000”, han dicho fuentes del Gobierno a este diario.
Pedro Sánchez reapareció en los medios el lunes con una entrevista en la Cadena SER. Fue un Sánchez frío y que aspiraba a ser realista con la intención de restar dramatismo a la crisis, un empeño condenado al fracaso en las crispadas circunstancias actuales. No hubo ningún intento de atraerse a la población de Ceuta, de mostrar una empatía especial hacia los que están pasando por unas circunstancias excepcionales. Quizá lo reserve para su comparecencia del jueves en el Congreso. Quizá crea que solo está obligado a explicar qué es lo que está haciendo el Gobierno.













