0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialVíctimas y apaleados, los ceutíes se merecen que el Estado repare su desamparo. ¿Se imaginan la Costa Brava todo agosto sin playa, sin cenas con amigos, sin tiendas ni fiestas mayores? Y ese alguien es el Jefe del Estado, la única figura cuya visita trasladaría el mensaje capital: Ceuta es España. Lo avala la legalidad internacional. Y punto. Si no lo recordamos, ¿quién lo hará?El Rey con el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, en agosto en Mallorca EFE/ BallesterosMe admira la tenacidad del Gobierno para hacernos creer que Marruecos, ese “socio fiable”, es ajeno a la mayor jugarreta que se le podía hacer al Ejecutivo, cuya política exterior ha pecado de comentar, pontificar y denunciar las injusticia del mundo, tal que tertulianos. Y evoca aquella anécdota de los años 50, cuando hubo más falangistas de la cuenta en una rutinaria manifestación para gritar “¡Gibraltar, español!” ante la embajada británica. El ministro de Gobernación de turno ofreció al embajador refuerzos policiales.–Gracias, señor ministro, pero preferiría que la próxima vez no me enviase tantos manifestantes.Al final, será Rabat, ese “socio fiable”, quien tenga la llave de la convocatoria electoralEl desaguisado de Ceuta, tolerado –siendo suaves– por un vecino famoso por su eficacia policial, allí donde no hubo ni atisbo de primavera árabe, exigía firmeza y no ambigüedad sospechosa. Conviene recordar que fue Rabat quien filtró en 2022 la noticia –trascendente– de que España reconocía la marroquinidad del Sáhara Occidental. Aquí, ni transparencia ni pío.Pedro Sánchez dio ayer el placet en la SER. ¡Aleluya! La predisposición de Felipe VI a visitar Ceuta quedó patente el 6 de agosto tras la audiencia al presidente Vivas, el tipo de político sensato cuyas advertencias al Gobierno días antes de la invasión no fueron atendidas por nadie en Madrid –y mira que hay ministros–, como si fuese el típico pelma que incordia cuando estás haciendo las maletas vacacionales.Por deferencia al “socio fiable”, el Jefe del Estado no ha visitado Ceuta. Cuando alguien en una relación hace una faena –aunque el cónyuge de Rabat es EE.UU.–, el agraviado tiene derecho a responder. Acaso el deber. Sobre todo si tu socio es de los que se toma la conciliación como una invitación a repetir faena. De lo contrario, al final será Rabat quien tenga la llave de la convocatoria electoral...Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
El Rey a Ceuta (y pronto), por Joaquín Luna
Víctimas y apaleados, los ceutíes se merecen que el Estado repare su desamparo. ¿Se imaginan la Costa Brava todo agosto sin playa, sin cenas con amigos, sin tiendas ni fiestas mayores? Y ese alguien es el Jefe del Estado, la única figura cuya visita trasladaría el mensaje...










