Agosto no ha terminado, pero las vacaciones sí. A la espera de que los niños vuelvan al colegio, esta será una semana difícil para millones de familias españolas que compatibilizan trabajo y cuidado de los hijos. Empieza la temporada, y toca hacer balance del verano.Se ha convertido en triste costumbre contar la extensión arrasada por los incendios, y este año no es una excepción: se ha quemado una superficie equivalente a cinco veces el municipio de Madrid, o a Gran Canaria y Tenerife juntas. Como en todas las crisis de estos ocho años, el Gobierno no tenía medios suficientes, y se había paralizado la compra de aviones que subvencionaba la Unión Europea.La atención giró rápidamente al sur: España fue invadida por más de ochenta mil personas que cruzaron la frontera de Ceuta. Por primera vez, la técnica del relato, en la que Sánchez es un experto, no ha funcionado: las historias que el Gobierno ha circulado son tan inverosímiles que ninguna ha calado. Según el Gobierno, los servicios de información españoles —entre los mejores del mundo y cuya misión principal tiene que ver con Marruecos— no sabían que 80.000 personas se dirigían a Ceuta. La ciudad contaba con todos los medios precisos. Y el único peligro son los radicales que nos quieren engañar.Es imposible contar cuántos inmigrantes hay en Ceuta, pero miles de personas ocupan calles, playas y espacios públicosPero el relato no se ha impuesto a la realidad. No voy a discutir cifras —es imposible contar cuántos inmigrantes hay en Ceuta—, pero miles de personas ocupan calles, playas y espacios públicos, haciendo insostenible una vida normal en la ciudad. La Ministra de Defensa ha explicado que el CNI advirtió de lo que ocurría, mientras el Gobierno se aferra a que nadie precisó el número exacto ni la fecha. La ministra de Sanidad asegura que los inmigrantes no traen enfermedades, porque gozan de inmunidad natural, aunque pide decenas de miles de vacunas a las Comunidades Autónomas para evitar contagios. Sánchez se ha pasado el verano de vacaciones, con alguna aparición tan breve como insustancial. Han tardado un mes en nombrar un coordinador de la crisis, lo que lleva a preguntarse cómo un Gobierno con veinte y dos ministros, tres vicepresidentes y un presidente necesita todavía un coordinador. Si esta es la idea de los mil asesores de Moncloa, ya pueden cambiarlos.Por fin conocemos la solución del Gobierno: alojar en Ceuta a cuantos han entrado, abrir expedientes que no llegarán a nada, y cuidar la relación con Marruecos —eso sí que importa, no como las vidas y haciendas de los ceutíes, que tienen paciencia más que sobrada. Cabe preguntarse: ¿qué ha pasado entre el Gobierno de Sánchez y el marroquí para que Marruecos no avisara de Semejante avalancha? Y si avisó: ¿por qué no se impidió por parte española? Frente a todo ello, hace falta volver al sentido común. En Ceuta, en España, no caben las amenazan utilizando inocentes, si efectivamente es el caso : hay que devolverlos a donde pertenecen, cuidar a los menores y reintegrarlos a sus familias, y enseñar a Marruecos que España no acepta la razón de la fuerza. Si no, el futuro del país será más sombrío de lo que imaginamos. Y si el Gobierno no puede garantizar esta solución, debe convocar elecciones.