Ceuta está muy lejos de volver a la normalidad. Este domingo se cumple un mes desde que el 30 de julio comenzó la entrada masiva de migrantes y la ciudad vive inmersa en una rutina diaria de escenas de precariedad y tensión. Miles de personas siguen repartidas sin control en playas y aceras de las barriadas de la periferia. El Gobierno pide confianza a los ceutíes, pero el llamamiento no hace efecto en una ciudad que no atisba el final de la crisis. Grupos de migrantes han atacado a patrullas de militares dos veces en una semana.

A las 20 horas de este sábado, cientos de extranjeros se muestran agitados en el barrio de Loma Colmenar. Están ahí porque es donde el Gobierno instaló uno de los recintos para alojarlos y darles atención básica. El lugar solo cuenta con 700 plazas y la mayoría se quedaron fuera. Esperan desde hace semanas a que las autoridades aumenten la capacidad para poder entrar.

Normalmente están hacinados por el suelo en condiciones insalubres, repartidos en tiendas de campaña improvisadas, sin duchas y expuestos al sol durante horas. Cuentan además que, desde hace días, hay gente que pasa por la noche y les insulta desde el coche o les tira agua o huevos. Muestran los restos de varios estallados contra el asfalto y la acera.