0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialAgosto ha sido un mal mes para Pedro Sánchez. El que tenía que ser un periodo de relativa calma, con los juzgados y las Cortes cerrados por vacaciones, se ha convertido en una pesadilla por lo acontecido en Ceuta. El Gobierno se ha librado en agosto del desgaste de las múltiples actuaciones judiciales en marcha y de las interpelaciones en el Congreso y en el Senado, pero le han fallado los reflejos ante la crisis ceutí.Sánchez se ha curtido en toda clase de calamidades en sus años de gobierno, léase la covid, el volcán de la Palma, el apagón eléc­trico, la dana de Valencia o los incendios forestales. En todosdestacó por su reacción rápida y, en algunos casos, innovadora ala hora de gestionar las ayudas a los afectados. Por eso, llama la atención como en el caso de Ceuta, tras reaccionar rápido a las24 horas personándose allí, desapareció durante todo el mes del espacio pú­blico, tardó 26 días en convocar el Consejo de Segu­ridad Nacional, no pudo frenar la imagen de Gobierno dividido por las disputas entre Interior y Defensa, y dejó una autopista a la oposición para criticarlo.El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Moncloapool Moncloa / EFEEl problema de lo que acontece en Ceuta es muy grave. Imagínense si los cerca de 70.000 migrantes que decidieron volver por su propio pie a Marruecos se hubieran quedado allí. Es algo más que una crisis humanitaria.Lee tambiénEl gran capital de Sánchez de siempre ha sido la gestión de su gobierno. Los casos de corrupción y la falta de apoyo parlamentario que le impiden presentar unos presupuestos son pesos que le ahogan. Solo puede salir a flote si aporta unos buenos datos de crecimiento económico y un buen balance de su actuación ministerial. Si esto le falla, es fácil que la imagen que transmita el Ejecutivo sea la de un gobierno quemado, al que le fallan los reflejos, y que ve cerca la hora del adiós. En cambio, el Sánchez que conocemos es el rebelde, el que se crece ante la adversidad y ofrece soluciones inesperadas ante problemas complejos. En Ceuta, parece que ha habido un exceso de confianza y una mala aplicación de las soluciones. El último curso político antes de las elecciones empieza ya y cada vez hay menos tiempo para rectificar.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992