Durante años, el centro de Europa fue una región donde la deuda pública era visto como algo malo, casi tóxico para la economía. Con Alemania y Austria a la cabeza, la obsesión por cuadrar las cuentas públicas se extendió hacia los países que iban abandonando la Unión Soviética para abrazar el capitalismo. Hoy, con el gasto público desatado (o con planes para expandirse como en Alemania) en casi toda Europa, Europa central no iba a ser una excepción. El último reducto de la austeridad en la región ha dado los primeros pasos para abrazar un mayor déficit público e incrementar el gasto. La República Checa ha flexibilizado sus estrictas normas fiscales, una medida que permitirá al multimillonario primer ministro cumplir sus promesas electorales para aumentar la inversión financiada con más deuda.Los cierto es que desde hace ya unos años, la República Checa viene presentando unas cuentas públicas levemente desequilibradas. Tras los superávits previos a 2020, la llegada de la pandemia forzó al Gobierno checo a incurrir en un déficit público del 5,6%. Desde entonces, el descuadre solo se ha corregido en parte y en 2025 el déficit fue del 2,1% del PIB, según publica Eurostat. Pese a todo, el crecimiento de la economía en términos nominales ha impedido que la deuda pública escale notablemente, por lo que sigue establecida en la zona del 43-44% del PIB (países como España tienen más de un 100% de deuda pública sobre PIB). Sin embargo, estas cuentas tan saneadas podrían estar ante sus últimas horas.