Mario Draghi y también Enrico Letta identificaron con precisión la naturaleza del problema en sus respectivos informes: Europa ahorra y no invierte lo suficiente. O lo que es lo mismo, mantiene una elevada capacidad de financiación en su balanza de pagos —la diferencia entre lo que un Estado ingresa y lo que gasta—, pero, en vez de destinar los excedentes a inversiones productivas, lo hace en la economía financiera. En particular, en depósitos o mercados que por su propia naturaleza son especulativos. Buena parte con un destino: EEUU. También, y de forma creciente, en activos inmobiliarios, lo cual encarece el precio final al haber convertido la vivienda en un activo financiero. La cantidad no es pequeña. El ahorro bruto total de la eurozona representó en 2025 casi el 24% del PIB, equivalente a unos 3,8 billones de euros. Es decir, más del doble del producto interior bruto de España, la cuarta economía de la eurozona. ¿Qué es lo que ha pasado con la inversión productiva? Pues que únicamente representa el 20% del PIB, lo que significa que la diferencia entre lo que ahorra la Unión Europea y lo que invierte se sitúa en torno a los 391.000 millones de euros cada año. Por lo tanto, una cifra equivalente al 2,5% del PIB. Si solo se tiene en cuenta el ahorro de los hogares, el resultado va en la misma dirección. Las familias ahorraron en el primer trimestre de este año un 14,3% de su renta disponible. Sin embargo, la tasa de inversión de los hogares, según Eurostat, se redujo hasta el 8,5% en el primer trimestre de 2026, ya que la formación bruta de capital fijo —la inversión— disminuyó, mientras que, por el contrario, la renta disponible aumentó. Existe, por lo tanto, una diferencia de casi seis puntos entre lo que los hogares ahorran y lo que invierten en activos productivos. La propia Comisión Europea ha admitido que, pese al elevado nivel de ahorro de las familias, una proporción demasiado elevada se materializa en depósitos bancarios de rentabilidad reducida que contribuyen de forma limitada a la financiación de la economía. ¿Y quién ahorra más? Básicamente, Alemania, que representa en torno a un tercio del ahorro bruto de la UE. En total, cerca de 1,19 billones de euros el año pasado, de los cuales más del 47% corresponde al ahorro de los hogares. Sin embargo, como sostiene un reciente informe de CaixaBank Research, el esfuerzo inversor de la economía germana ha sido relativamente bajo en 2025. La inversión bruta, en concreto, se sitúa en torno a 908.000 millones de euros, alrededor del 20% del PIB, frente al 21,4% de la eurozona. Esto explica que Alemania —con grandes necesidades de modernización de sus infraestructuras— pudiera registrar el año pasado una capacidad de financiación próxima a 282.000 millones de euros, en torno al 6% de su PIB. Por lo tanto, "prácticamente el grueso de la capacidad de financiación de la eurozona". TE PUEDE INTERESAR Lo que se sabe es que las familias son la principal fuente de generación de ahorro en la eurozona, y lo singular es su comportamiento ultraconservador a la hora de invertir los ahorros, y aquí la vivienda juega un papel fundamental. La vivienda, en concreto, representa su principal activo patrimonial, ya que supone más del 55% de su riqueza neta total. Como sostiene CaixaBank, también se observa una preferencia significativa por los depósitos, que representan casi el 14% de la riqueza total, aunque apenas un 10% en el decil más alto, los más ricos. La inversión en activos financieros (fondos de inversión y acciones), sin embargo, apenas alcanza un 9% para el total de las familias y, además, se concentra mayoritariamente en el percentil de riqueza más elevado, mientras que, en el caso de las rentas más bajas, apenas representa un 3% de su riqueza. El ahorro español España sigue una tendencia parecida. La tasa de ahorro de las familias sobre la renta disponible —no sobre el conjunto de la economía nacional— acabó el año pasado en el 11,9%. O lo que es lo mismo, el ahorro bruto fue equivalente a 128.000 millones de euros, lo que representa nada menos que el 7,6% del PIB. Es decir, muy por encima del promedio observado en las dos primeras décadas del siglo: un 8,6%, lo que sugiere, como afirman los economistas de CaixaBank Research, que los hogares "conservan un colchón financiero relevante". TE PUEDE INTERESAR Entre otras razones, porque, en paralelo, la deuda de los hogares y de las empresas ha alcanzado niveles históricamente reducidos, lo que les permite pagar menos intereses. Según el Banco de España, la deuda se sitúa, respectivamente, en el 42,5% y el 62,5% del PIB, lo que supone mínimos desde 1999. Es decir, los agentes económicos no gastan ni se endeudan pese a que los tipos de interés reales son negativos —del 2,25% frente a una inflación que se sitúa en el 3,2%—. Esto, en teoría, debería ser un incentivo para la inversión en activos fijos, pero no lo está siendo. Por el contrario, los hogares se benefician de una revalorización de sus activos, que equivalen ya a 3,4 billones de euros, lo que significa 292.000 millones más que en 2024. A esto hay que añadir que la renta real por hogar —los ingresos— ha crecido un 4,5% desde antes de la pandemia, lo que pone de relieve que las familias han continuado ganando capacidad de compra en términos reales. Básicamente, por la creación de empleo, pero no como consecuencia de que los salarios hayan batido al avance de los precios. El colchón financiero ¿Y por qué no gastan las familias pese a disponer de ese colchón financiero tan abultado? Las causas son múltiples. CaixaBank Research lo achaca, en parte, al aumento de las incertidumbres globales, en particular de naturaleza geopolítica. Entre esas incertidumbres se encuentra el incremento de los precios a consecuencia del repunte de la inflación, lo que hace que las familias sean más prudentes a la hora de gastar. Existen, además, más factores de naturaleza coyuntural. Por ejemplo, la existencia de tipos de interés más elevados que en el pasado. Cuando el BCE los sube, se incentiva el ahorro financiero, ya que aumenta la remuneración de los depósitos o la rentabilidad de la deuda pública. Sin ir más lejos, como sostiene el último informe anual del Banco de España, en el segundo trimestre de 2025 las familias adquirieron activos financieros por valor de 53.465 millones, casi el doble del promedio entre 2014 y 2019. TE PUEDE INTERESAR Existen otras causas de naturaleza estructural. El envejecimiento está influyendo de forma determinante. En particular, debido a que, al haber aumentado la longevidad, los hogares pueden estar considerando que ahora tienen que ahorrar más de cara a los gastos sanitarios de los próximos años. Esto es un cambio significativo respecto de lo que tradicionalmente ha acreditado la teoría del ciclo vital, que sugiere que los patrones de consumo cambian a medida que avanzan los años. Esta hipótesis supone que, a partir de la edad de jubilación, la renta de los individuos disminuye. Fundamentalmente, porque su patrón de consumo se mantiene constante, lo que en teoría debería reducir la tasa de ahorro. Sin embargo, ya no es tan evidente esa teoría. Según los datos internos de CaixaBank, son las generaciones situadas entre 65 y 74 años las que más han aumentado su tasa de ahorro desde 2019. En concreto, nada menos que un 32%. Por el contrario, el repunte de la tasa de ahorro de los hogares en edad de trabajar es sensiblemente menor al promedio. En todos los casos, sin embargo, el aumento del ahorro se concentra en los individuos de mayor nivel de renta, cuya propensión a consumir es menor, ya que destinan más recursos al ahorro. Ni unos ni otros invierten lo suficiente en el sistema productivo. Sí lo hacen en activos financieros, depósitos o mercado inmobiliario. Es decir, mercados más especulativos, pero no en la economía real.