La eurozona dispone de una elevada capacidad de financiación, pero una parte sustancial de la riqueza de los hogares sigue concentrada en vivienda, depósitos y activos líquidos, en lugar de dirigirse hacia empresas, innovación, tecnología o transición energética. "Europa ahorra mucho, pero invierte peor que Estados Unidos", según advierte Rita Sánchez Soliva en el Informe Mensual nº 513, de julio de 2026, en el Foro Macroeconómico de CaixaBank Research, donde plantea uno de los principales déficits de Europa, cuyo problema no es la falta de ahorro, sino la incapacidad para transformarlo en inversión productiva.Su diagnóstico tiene una aplicación directa para España y más urgente aún para Euskadi. Y es que la economía vasca afronta una paradoja preocupante. Es una sociedad con elevada renta, importante capacidad de ahorro familiar, tradición industrial, cultura empresarial y sistema institucional sólido, pero al mismo tiempo arrastra un déficit notable de inversión y una insuficiente movilización de recursos financieros hacia proyectos productivos.

El dinero existe, pero no siempre llega a donde debería llegar. Una parte relevante del ahorro vasco permanece refugiada en vivienda, depósitos, liquidez bancaria o productos financieros conservadores. Esa preferencia puede ser comprensible desde la óptica de la seguridad familiar, pero resulta insuficiente desde la perspectiva del crecimiento económico. Una economía industrial avanzada no puede financiar su futuro sólo con prudencia patrimonial. Necesita capital paciente, fondos de crecimiento, inversión en empresas, financiación de startups industriales, y recursos para internacionalización, digitalización, inteligencia artificial y transición energética.