Caminar por el centro de Amberes implica cruzarse, casi inevitablemente, con alguna mano. Si miras hacia arriba en el barrio de Wilde Zee, te encontrarás con ellas señalizando algunas de las calles de esta popular zona de compras. Si caminas por el Meir, la calle comercial más importante de la ciudad, verás una mano de piedra gigante, hoy ubicada frente a una de las panaderías de la cadena Panos. Y si vas a Grote Markt, la plaza mayor, uno de los puntos más visitados por los turistas, te toparás con la famosa fuente de Brabo, coronada por una figura que sostiene una mano y parece dispuesta a lanzarla por los aires. En esa fuente, precisamente, está la explicación de que Amberes sea célebre por sus manos, hasta tal punto que la ciudad flamenca las ha convertido en su souvenir comestible más típico. Cuenta la leyenda que, en el río Escalda, que atraviesa Amberes, vivía un gigante llamado Druon Antigoon. Este gigante exigía un peaje a todos los marineros que pretendían cruzar el río; si se negaban a pagarlo, les cortaba la mano y la arrojaba al agua. Hasta que un día, un soldado romano, Silvio Brabo, se enfrentó a él y le venció. Como gesto simbólico, le cortó la mano y la lanzó al Escalda, lo que, según algunas fuentes, acabaría dando nombre a la ciudad: hand werpen, que significa “arrojar mano” en neerlandés, podría ser el origen de Antwerpen, aunque los expertos en etimología creen que, en realidad, proviene del latín antverpia o del neerlandés aanwerp, términos que harían referencia a la llanura aluvial del Escalda, que dio lugar al primer asentamiento en esta zona. La fuente de Brabo que vemos en la plaza Grote Markt, obra del escultor Jef Lambeaux (1852-1908), rememora esta leyenda, que liberó a Amberes de la tiranía de un villano mitológico, convirtiéndola en una ciudad de apertura y amistad. Tal y como recoge el Museum aan de Stroom (MAS) —donde, por cierto, se puede visitar una completa exposición sobre la historia de la comida en Amberes y cuya fachada está decorada con cientos de pequeñas manos de aluminio—, las Antwerpse handjes (manos de Amberes) nacieron en 1934 por iniciativa del pastelero Jos Hakker y la Asociación de Maestros Confiteros de Amberes. Hakker propuso un concurso para elegir un dulce que representara a la ciudad y él mismo se acabaría alzando con el premio al crear las hoy célebres manos, en recuerdo de la leyenda fundacional de Brabo y el gigante. Las primeras manos de galleta llegaron al mercado el 15 de diciembre de 1934. Durante la Segunda Guerra Mundial, su venta se interrumpió y, cuando acabó la contienda, para diferenciarse de otros productos industriales que comenzaron a llegar al mercado a mediados del siglo XX, los pasteleros de Amberes decidieron certificar la receta —a base de harina, azúcar, mantequilla, huevos y almendras—, así como el nombre y la forma de estos dulces. En 1971, empezaron a aparecer también manos hechas de chocolate (caraques) y, en 1982, el chocolatero René Goossens lanzaría su versión con un relleno de pasta de almendra y licor Elixir d’Anvers. En 2006, llegó el reconocimiento de las galletas como producto regional de Flandes, que poco después se extendería también a sus versiones de chocolate.La increíble historia del creador de las galletasJos Hakker nació en 1887. De familia judía, era originario de Ámsterdam, pero se mudó a Amberes para trabajar en la pastelería de unos familiares. En la ciudad flamenca conoció a la que sería su mujer, Rachel Simons, y ambos abrieron una pastelería propia. En 1942, tras la muerte de su esposa y en plena persecución de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, abandonó Amberes y trató de escapar a Suiza, pero fue detenido y llevado al cuartel de Dossin en la cercana ciudad de Malinas. Allí, se le metió en un tren con destino al campo de concentración de Auschwitz, pero Hakker logró saltar y escapó a la región francófona de Bélgica. Se unió a la resistencia en Lieja y, más tarde, escribió sobre su experiencia. Al terminar la guerra, regresó a Amberes y volvió a abrir su pastelería, aunque tuvo que empezar prácticamente de cero, porque el local había quedado arrasado. A pesar de su trepidante vida, poca gente conocía la historia de este pastelero, así que, en 2019, la ciudad de Amberes quiso hacerle justicia lanzando una edición de manos de galleta en conmemoración de la Segunda Guerra Mundial, donde además de la historia de Brabo y el gigante, se incluía la de Jos Hakker. Desde entonces, se han sucedido los homenajes de la ciudad a este pastelero: en 2020, se colocó una placa conmemorativa en el número 179 de Provinciestraat, el lugar donde estuvo su pastelería durante décadas, y desde 2023 cuenta con un Stolpersteine —los adoquines dorados que recuerdan a las víctimas del nazismo— en esa misma dirección. En 2024, hubo dos exposiciones dedicadas a su figura: una en el ADVN y otra en el Kazerne Dossin, el antiguo cuartel desde el que fue deportado a Auschwitz, que hoy acoge un memorial y un museo.El supuesto vínculo con el pasado colonialEn marzo de 2021, una cuenta de X (entonces todavía Twitter) hizo una publicación en la que vinculaba las manos de chocolate de Amberes con las atroces amputaciones de manos que la población esclavizada del Congo sufrió por parte de los colonos belgas durante el dominio de Leopoldo II (entre 1885 y 1908). Estas mutilaciones eran perpetradas, principalmente, cuando los esclavos no cumplían con las cuotas de extracción de caucho exigidas por la administración colonial. En las respuestas a ese tweet, muchos usuarios desmienten esta afirmación y, en el apartado de “añadir contexto” que proporciona la propia red social, se indica que “mucho antes de que la A de Amberes funcionara como un logotipo de la ciudad, la mano se utilizaba como símbolo, tanto de la provincia como de la propia ciudad. Es una referencia directa al mito de Brabo sobre el origen de Amberes. No hay correlación con las atrocidades en el Congo”.Las manos de galleta o chocolate y el pasado colonial belga no guardan relación directa, pero sí podría establecerse una conexión entre ese pasado y la escultura de Brabo que preside Grote Markt. Aunque las manos están presentes en los escudos de armas de Amberes desde el siglo XIII, en referencia a la leyenda de Brabo y el gigante, la socióloga Jenny Folsom publicó un artículo en 2016 donde recordaba que este mito “se reactivó” de forma paralela al auge del nacionalismo flamenco en el siglo XIX, ya que, al fin y al cabo, trata de la liberación de Amberes. Fue en esta misma época cuando la urbe flamenca se convirtió en el puerto colonial que conectaba Bélgica con el Congo, una posición preponderante que, según Folsom, le permitió restaurar su orgullo tras la formación del estado belga en 1830 bajo el dominio de la comunidad francófona. La fuente de Brabo se instaló en Grote Markt en 1887, dos años después del establecimiento del Estado Libre del Congo controlado por Leopoldo II. Está claro que el simbolismo de la mano cortada resulta siniestro si se asocia con el pasado colonial de Bélgica, pero el bulo de que las handjes de Amberes rinden algún tipo de homenaje a las atrocidades que se cometieron en el Congo, ha sido desmentido en múltiples ocasiones por diferentes medios, entre ellos The Brussels Times o la radiotelevisión flamenca (VRT), que sitúa el origen de esta falsa afirmación, no en el tweet de 2021, sino en una revista literaria sueca de 2014. Aún así, resurge cada cierto tiempo en redes sociales.Algunos sitios donde comprarlas:Philip's Biscuits. Korte Gasthuisstraat, 39 y Hoogstraat, 2-4Sjokolat. Hoogstraat, 33Château Blanc. Torfbrug, 1Chocolatier Goossens. Isabellalei, 6Chocolate Nation. Koningin Astridplein, 7