Con una receta básica base de agua, azúcar y huevo, cada pastelería de la ciudad malagueña añade su toque especial en este bocado con más de un siglo de historia
El repostero Rafael Pimentel hace magia en El Califa, donde cuenta con un minúsculo obrador. Es un local ubicado en Ronda (Málaga, 33.671 habitantes) a un paso de la Puerta del Almocábar, levantada en el siglo XIII. Está especializado en pastelería árabe, que sirve junto un delicioso té; sin embargo, muchas de las personas que entran al establecimiento buscan otro producto: las yemas. Un dulce cuyos ingredientes son pura sencillez: agua, azúcar y yema de huevo.
“No tienen secreto”, reconoce Pimentel mientras da a probar uno de estos pequeños bocados, estandartes gastronómicos de esta ciudad histórica malagueña; que atrapó a los grandes viajeros románticos y escritores como Hemingway o Rilke como hoy lo hace con miles de turistas. “Son ellos quienes se llevan la mayoría de la producción porque, además, en Ronda casi nadie las hace en casa”, explica el maestro pastelero, orgulloso de una de las mayores tradiciones locales que incluso se codea con la alta cocina en restaurantes como Bardal, con dos estrellas Michelín, donde las sirven en el postre.






