Llama la atención a primera vista, y no precisamente por su derroche de colorido. Es una pared vista de hormigón que solo tiene unas letras blancas, de gran tamaño, en su esquina superior izquierda. “Nodo”, puede leerse. El nombre del local no es lo único que destaca, ni tan siquiera lo que más: solo un agujero en el centro permite ver algo del interior, así que invita rápidamente a acercarse y mirar. Después de promocionarse en Instagram y acumular casi 14.000 me gustas en cuentas de conocidos creadores de contenido, esta extraña tienda de helados coreanos ha echado (temporalmente) las persianas.

“Sí, como mínimo estaremos cerrados hasta el jueves que viene”, responde uno de los dos encargados que esa mañana de agosto, casi al acabar el mes, maniobraba con cajas en el interior del local. Por primera vez podía verse a través de la puerta contigua, que normalmente tapa una mampara de aluminio. Tal y como explican ambos empleados, el establecimiento ha decidido hacer una pausa para ejecutar pequeñas reformas, de las que no llegan a dar más detalle. Planean reabrir pronto y tienen fechas aproximadas, aunque de momento no se ha anunciado oficialmente una reapertura.

La peculiaridad del negocio, ese llamativo agujero que resalta sobre una pared sobria y tras la que se ocultan los utensilios de los helados, ya se enuncia en una primera búsqueda de Google: “Más que una ice cream shop, Nodo es una experiencia. Un muro de hormigón visto y un único agujero misterioso desde donde aparecen nuestros frozen desserts”. La reseña continúa recomendando el negocio “si buscas ice cream en Malasaña, frozen desserts, korean bingsu, postres virales” o “una heladería diferente para descubrir este verano”.