La diferencia ha sido mínima. Islandia ha demostrado este domingo que continúa profundamente dividida sobre su futuro y sobre si debe reabrir las negociaciones para adherirse a la Unión Europea. A falta de que termine el recuento de votos, la diferencia entre el bloque europeísta y el euroescéptico no podría ser más ajustada: el ‘no’ se impone por la mínima, con el 51,8% de los votos, frente al 48,2% del ‘sí’.
Con este estrechísimo margen, el Gobierno de centroizquierda de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, ve frenado el proceso que había tratado de poner en marcha para replantear la relación del país con Europa, en un contexto marcado por la creciente incertidumbre económica y geopolítica que en los últimos años ha sacudido al país nórdico.
La consulta celebrada el sábado no planteaba a los islandeses (400.000 habitantes) la entrada en el bloque, sino si el Gobierno debía recibir el mandato para recuperar las negociaciones con Bruselas. El estrecho desenlace evidencia, sin embargo, la profunda división que existe en el país sobre esta cuestión, tras una campaña en la que han pesado especialmente el coste de la vida, la inflación, la seguridad en el Ártico y el control nacional de recursos estratégicos, especialmente los pesqueros.










