Comemos todos los días. Lo hacemos para sobrevivir, pero también por placer; para celebrar, recordar, cuidar, pertenecer e incluso para decir sin palabras que queremos a alguien. Comer y todo lo que conlleva forman parte de nuestra manera vivir, sin embargo, no ha sido un tema relevante para los filósofos clásicos.En pensar/comer. Una aproximación filosófica a la alimentación (Editorial Herder), la filósofa Valeria Campos Salvaterra nos invita a mirar el alimento no solamente como aquello que nutre el cuerpo, sino como una puerta de entrada para pensar quiénes somos y cómo nos relacionamos con los demás. Hablamos con ella de Platón y el placer, de cuerpos y culpa, de identidad, memoria, familia y de esa intimidad que se produce cuando alguien cocina para otro.Pregunta. Menudo disgusto se debió de llevar cuando descubrió que los filósofos griegos no le dieron mucha importancia al acto de comer.Respuesta. Mi interpretación es que comer es una actividad muy corporal, muy material y, a su vez, entrelazada con lo que podríamos llamar la “baja corporalidad”. Y esto, para los filósofos griegos, no era prioritario. Para ellos, pensar era la actividad del alma por antonomasia. El alma era distinta del cuerpo y constituía el lugar de esas operaciones inmateriales que nos conectaban con lo universal y nos permitían entender y conocer el mundo. Comer, en cambio, permitía sobrevivir y obtener placer. Esa es, de alguna manera, la interpretación clásica.P. En El banquete de Platón la comida está presente, pero parece quedar en segundo plano.R. Exactamente. A nivel performativo hay una importancia radical de la comida, porque sin la mesa en medio no habría reunión. La mesa, la comida y la bebida son lo que propicia el encuentro y, por tanto, lo que permite el diálogo conjunto. Pero la comida queda en el margen temático.P. Sin embargo, hoy en día, mientras comemos hablamos de comida. Y, en muchas ocasiones, comemos y luego nos invade un sentimiento de culpa.R. Los filósofos medievales llegaron a determinar el deseo excesivo de alimento como un pecado, como un vicio moral: la gula. Creo que, si sentimos culpa cuando experimentamos mucho placer al comer, más que porque comer vaya a ponernos más sanos, menos sanos, más gordos o menos gordos, lo que primordialmente determina esa culpa es que cuando comemos orientados simplemente por el placer y el deseo, y no por la razón, tendemos a perder el control. Creo que nuestra cultura le teme a la pérdida de control.P. Y esa pérdida de control, desde el punto de vista filosófico, ¿cómo se podría subsanar?R. Tenemos, como cultura y como civilización, un problema con el descontrol. Y es muy probable que comiendo perdamos el control porque es rico, placentero y nos satisface en muchos niveles. En este sentido, despreciamos los cuerpos gordos porque consideramos que esas personas no tuvieron control sobre su apetito. Hasta que no empecemos a tener una relación mejor con el descontrol, una relación que no lo determine inmediatamente como un vicio, un pecado o algo negativo, vamos a seguir teniendo estos problemas.P. Habla en el libro sobre la frase “somos lo que comemos”, ¿hasta qué punto es verdad?R. Es bastante literal desde el punto de vista fisiológico y biológico. Cuando comemos, nuestro cuerpo, mediante el metabolismo, asimila componentes físicos y químicos de los alimentos que pasan a formar parte de las estructuras celulares del cuerpo. En ese sentido, efectivamente estamos hechos de lo que comemos. Comer es una forma de incorporación, aunque no es la única. También está la bebida, la respiración, todo aquello que entra por las diferentes “bocas” del cuerpo, como los poros. Pero comer es probablemente el acto de incorporación más manifiesto y evidente. Podemos decir que somos lo que comemos psicológicamente, pero sobre todo ética y culturalmente.P. ¿Cómo se manifiesta esa dimensión ética?R. Por ejemplo, en el veganismo o el vegetarianismo. También en decisiones relacionadas con el cuidado de la salud o del medioambiente. Tomamos muchas decisiones racionales sobre lo que comemos que no tienen que ver estrictamente con nutrirnos ni con el placer, sino con intentar ser alguien que aporta algo a la sociedad.P. ¿Y culturalmente?R. Cuando comemos determinados platos tradicionales sentimos que ingresamos en un grupo social. Dejamos de ser seres aislados y pasamos a formar parte de un colectivo intergeneracional, de un grupo histórico que nos sobrepasa. Los primeros antropólogos mostraban que, en algunas sociedades precoloniales, las relaciones de parentesco no se producían únicamente por filiación o por sangre, sino también por compartir una misma comida. Existía la idea de que, si comemos lo mismo, durante un momento vamos a compartir una misma sustancia corporal porque nuestros cuerpos estarán haciendo la digestión de los mismos alimentos.P. Entonces, cuando cambiamos radicalmente nuestra alimentación, ¿podemos estar intentando cambiar también nuestra identidad?R. Yo creo que sí. Cuando adoptamos racionalmente dietas nuevas normalmente lo hacemos porque queremos transformarnos en una persona mejor o distinta. Quizá porque no queremos hacer daño a los animales, porque queremos aportar más a la sociedad o porque queremos preservar las tradiciones de nuestra cultura. Detrás de esas decisiones racionales de cambiar nuestra dieta creo que existe una voluntad de cambiar nosotros mismos.P. Dice que compartir comida es una forma de intimidad. ¿Qué sucede realmente cuando nos sentamos a comer con otra persona?R. Comer con otras personas es un acto de muchísima confianza y de mucha intimidad. Estamos compartiendo algo que va a pasar al interior de nuestro cuerpo. A mí me sorprende muchísimo ese nivel de intimidad que alcanzamos con el alimento. Es una de las relaciones más íntimas que podemos establecer. Siempre pienso que cocinar es un acto de amor. Cuando cocinas para alguien, en cada plato hay un cuidado por el otro; pero también hay una exteriorización del sentimiento. Yo puedo amarte y decírtelo. Pero, ¿qué manera más concreta de decir “te amo” que exteriorizar ese sentimiento en algo que ahora es visible y observable por todos: un plato de comida? Mi sentimiento no se ve. En cambio, un plato de comida puede verse. Se objetiva un sentimiento que, en principio, es subjetivo. Quizá también por esa intimidad utilizamos metáforas como “te amo tanto que te comería”. Lo que estamos expresando en el fondo es el deseo de establecer con esa persona una relación tan íntima y profunda como la que tenemos con nuestros alimentos.P. Después de escribir el libro, ¿hay algo que ya no pueda comer?R. Curiosamente, me ocurrió casi lo contrario. Antes de escribir pensar/comer tenía reglas alimentarias bastante estrictas: no comer alimentos demasiado procesados, no comer carne de determinados animales, evitar aditivos químicos o productos procedentes de la industria alimentaria. Eran limitaciones que tenían un componente político y ético. Ahora me doy cuenta de que un alimento es algo valioso no solo por ser alimento, sino por todas las relaciones que somos capaces de construir alrededor de él.P. Y ahí aparece también la memoria.R. Sí. El gusto es un sentido tremendamente evocativo. Si mi padre me daba determinada comida cada vez que salíamos juntos y yo recuerdo esos momentos con cariño, cuando mi padre ya no esté y vuelva a comerla, inevitablemente voy a emocionarme porque voy a recordarlo.P. Si pudiera sentar a un filósofo a su mesa y hablar precisamente de la importancia del acto de comer en la filosofía, ¿a quién invitaría?R. Invitaría a mi filósofo de cabecera, quien me ha ayudado a estructurar todas estas ideas sobre el comer: Jacques Derrida. Porque lleva el comer a un nivel superior y permite convertir el acto de alimentarnos en una lógica para comprender el mundo y nuestra relación con él. Conversaría con él sobre este tema.
Valeria Campos Salvaterra, filósofa: “Comer con otras personas es una de las relaciones más íntimas que podemos establecer”
La filósofa chilena reflexiona en su último libro sobre el acto de comer como un manifiesto sobre el cuerpo, la identidad, el placer, el amor y nuestra manera de relacionarnos con el mundo







