0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLe quiso dar un homenaje de altura y lo consiguió gracias a su tenacidad y perseverancia. Rosa Maria Masana, enfermera jubilada de 80 años y nacida en Terrassa, leyó, en 1987, un artículo en el Diario de Terrassa que decía: “Las chimeneas industriales, en su gran mayoría, corresponden a arquitectos o maestros de obras desconocidos”. Le chocó la información porque, aunque era 18 años menor que su hermano Marià Masana, tenía claro que él había sido el maestro de obras de la espectacular chimenea de la Bòbila Almirall de Terrassa; una construcción única, rodeada de una escalera de caracol. Así que fue a la redacción del diario local a dejar constancia de la autoría. Desde ese momento, se obstinó en rendir un homenaje a Marià –fallecido en un accidente de motocicleta en 1960, con solo 33 años– y, también, a los obreros que participaron en esta emblemática construcción para que no cayesen en el olvido.La chimenea, en construcciónARCHIVO DE ROSA MARIA MASANA“En casa conservábamos el recuerdo de la chimenea y varias fotografías, pero no los dibujos que Marià llevaba en el bolsillo”, lamenta. Por eso, a pesar de algunas dificultades, se entrevistó con las familias de los albañiles, pidió documentación al consistorio, a historiadores, arquitectos y a vecinos de la antigua fábrica, en el barrio de La Maurina, para tirar del hilo de la memoria y honrar su obra. “Supongo que si Marià no hubiese fallecido tan joven, no habría tenido esa necesidad de reivindicarlo. Era el segundo de seis hermanos y siempre hacía bromas; era muy alegre y me hacía reír mucho. Yo solo tenía 15 años cuando falleció y lo viví como un auténtico mazazo vital”, recuerda.El maestro de obras, Marià Masana, contó con cuatro empleados que levantaron la torre hasta los 63,25 metrosSu reto personal fue recopilar datos técnicos e información de todo tipo sobre la construcción, que justo este verano ha cumplido 70 años. Ubicada en la plaza de la Assemblea de Catalunya, destaca en el skyline de Terrassa, especialmente cuando se ilumina por la noche y, de fondo, se aprecia, La Mola, otro gran símbolo vallesano. Y no es para menos: tiene 63,25 metros de altura (sin contar el pararrayos de 5,6 metros), una escalera de cemento armado, con 217 escalones de piedra artificial y 17 de hierro y pesa unas 570 toneladas. Mientras la fábrica de ladrillos Almirall –la bòbila, en catalán– funcionó, la chimenea tenía una capacidad de tirada de 10,9 toneladas de carbón por día. Fue un encargo de del empresario Francesc Almirall. Para poder construirla, Marià Masana, que empezó de aprendiz en la construcción a los 14 años, contó con cuatro trabajadores que no tenían miedo a las alturas: los albañiles José Fauquet Cons y Lucas Pérez Molina y los ayudantes Paulino Carbajal García y Francisco “Curro” Gálvez Quesada. “La entrega de la obra se retrasó porque en el invierno de 1956 hubo muchos episodios de viento, que dificultaban la construcción de la parte más alta”, recuerda.En su investigación, la enfermera descubrió que la chimenea industrial más alta del mundo estaba en Argentina, “pero no tenía una escalera de caracol como la Almirall”. Así que, decidida en su meta, en 1990 confeccionó el expediente de solicitud de inscripción en el Libro Guinness de los récords. Su intuición no falló. Al cabo de unos meses, le comunicaron “que la habían homologado como la chimenea industrial con escaleras de caracol más alta del mundo”, un reconocimiento que se publicó en la edición de 1991. Después de 35 años ostentando el título, aún no tiene rival. “Es una pieza monumental muy icónica para toda Terrassa. Y para mí, es como de la familia”, asegura.