[REEL 1 · campo abierto, Vera y Marta corriendo a la vera del Guadiana]Bueno. Pues ya está. Nos han expulsado del paraíso. Más bien, nos hemos "autoexpulsado". Agencia siempre, tata. La huida del campamento ha sido un cuadro. Un cañón de luz enchufado hacia la cabina de sonido mientras Chad gritaba "¡Son las de la cabaña de las Valquirias!" con un tono de cierto pánico. Hemos salido corriendo sin apagar la música, dejando la playlist de Pedro Sánchez sonando de fondo mientras saltábamos por encima de la pinocha como si el suelo entero estuviera enmoquetado de rescoldos del último incendio.PublicidadDe la vera del río saltamos a la vía del tren. En algún momento, a lo lejos, pasa un tren de mercancías en dirección contraria, larguísimo, y corremos un trecho paralelas a él sin motivo aparente, solo porque correr detrás de algo que se mueve a toda leche te hace sentir como si tú también te estuvieras moviendo. Scroll en 3D. En la confusión, entre los arañazos de las zarzas y la luz del día que empieza a clarear, Kevin ha tirado de pronto hacia otro lado, gritando algo parecido a: "Conozco un atajo". Ni Marta ni yo nos lo hemos creído del todo. No hemos vuelto a verlo y no sabemos aún si hay motivos para alarmarse o no. Yo salgo de todo esto arrastrando una mochila, (metafórica, la otra me la he dejado con las prisas), una esterilla estoica y kilos de información absurdamente testosterónica. Y se siente bien correr fuera del Ragnar Camp, ya te digo que se siente bien.[REEL 2 · desde el andén de ADIF Almendralejo]Espera. Al fondo del andén desierto, en el último banco se mueve una figura con una mochila muy parecida a la mía. Sí. Ahí está, es Iván. Sentado en un banco de los incómodos, con los dos macutos entre las piernas —el suyo y el mío, por una vez él ha hecho el equipaje—, como en una comedia romántica de bajo presupuesto financiada por Renfe. Me mira. Yo le miro. Los dos nos estamos haciendo exactamente la misma pregunta que el día que llegamos a este circo, y casi la decimos a la vez:—¿Te vuelves conmigo?Silencio. Luego sonríemos. Miro a una y otra cámara. Si esto lo escribe un guionista de El secreto de Puente Viejo les dan el toque desde arriba por pasarse de vainilla.[REEL 3 · Marta, Vera e Iván, tren de vuelta, minutos antes de la parada de Marta]Después de un buen rato de lento trayecto, el tren se aproxima irremediablemente a la parada de Marta. Coge su bolsa y nos abrazamos fuerte. Me tiende como regalo de despedida un molde con forma de bundt, de esos clásicos, el que usa en los directos.Publicidad—No vuelvas a infiltrarte en una secta sin avisarme, ¿eh? —le digo como única respuesta. Y es que se me ha puesto ya un nudo en la garganta. El tren se para del todo y al abrirse las puertas, Marta se queda de pie un segundo, mirando el andén, y entonces se vuelve a sentar de golpe, con la bolsa todavía en la mano. Nos pregunta si podemos seguir juntos hasta Atocha. Que allí verá.—No me apetece nada encontrarme con el Pollo. Estará muy rebotado. Le he dejado en evidencia delante de sus gladiadores.Ni Iván ni yo le preguntamos nada más. De Kevin seguimos sin saber nada. Iván dice que seguro que está bien pero yo no estoy tan segura. Trato de hacer videollamada pero me cuelga. Por primera vez en diez días nadie nos está diciendo qué tenemos que hacer a continuación y parece que nuestro cuerpo está extrañamente liberado de las férreas rutinas, y a la vez, algo perdido. Qué sensación más rara.[REEL 4 · estación de Atocha, afuera, entre las dos cabezas de los bebés gigantes]Subimos las escaleras mecánicas que te dejan junto a la parada de taxis. Y entonces creo ver a Kevin. Aunque quien realmente aparece es una suerte de Chappell Roan del Temu. Maquillado como una puerta, una peluca puesta del revés con la raya donde debería estar la nuca, un delineado que parece hecho durante un terremoto, y una camiseta de Ragnar Nutritions con el logo recortado. Corre hacia nosotros. Silencio. Iván me mira. Yo miro a Iván. Marta mira a Kevin. Kevin me mira. Alguien levanta un brazo instintivamente. Hay ocasiones que ameritan un taxi. "A la Ciudad de Los Ángeles, por favor".Publicidad[REEL 5 · piso de Iván y Vera, los días siguientes]Kevin y Marta se quedaron esa noche. Iván cocinó pasta a la putanesca por primera vez en cuatro años, como cuando nos conocimos. Se quedaron también la noche siguiente, y, casi sin querer, fuimos montando un programa de desarrollo mucho más caótico y cutre que el de Ragnar, pero que nos funciona. Sin niveles, sin afiliados, sin madrugones intempestivos. Aquí no nos vendemos protocolos, como máximo hay que seguir el cuadrante de turnos de limpieza colgado del frigorífico.La desprogramación de Kevin es bastante menos épica de lo que esperábamos todos. Consiste sobre todo en cosas pequeñas. Explicarle que puede desayunarse un cruasán sin que colapse Occidente. Que faltar un día al gimnasio no hace que el tríceps se quede colgón. Que una chica puede mandarte un DM sin querer casarse contigo. De Ragnar y sus esbirros siguen apareciendo vídeos y mierdas de vez en cuando, obvio, porque el algoritmo tiene una memoria grande, y, además, es rencoroso. No se deja domar tan fácilmente. Los cibermillonarios siguen poniendo muchísimo dinero para que la basura siga colándose por las esquinas del wifi de este piso. Somos como hormiguitas queriendo repoblar ese viejo jardín llamado Internet.[REEL 6 · salón, de madrugada, todos duermen, solo quedan Vera e Iván en el sofá]Kevin se ha quedado dormido viendo Maestros de la Costura Celebrity. Los platos de la cena se fregarán mañana y el molde de bundt de Marta lleva meses convertido en un bonito portacosas absurdas encima de la mesa.—¿En qué piensas? —me pregunta Iván.—En que he pasado algo de miedo.—¿Por si lo dejábamos?—No. De que tú dejaras definitivamente de ser tú. Que empezaras un día a llamarme "hembra correcta" o algo peor. Y de que el enemigo se te fuera ampliando solo: hoy despotricando contra nosotras y mañana agitando pancartas con la palabra "invasión" y banderas.Miro alrededor. Kevin ha cogido el sueño del todo con pegotes purpurina en las pestañas. Del fachoalgoritmo no se sale fácil, pienso. Pero lo que está claro es que no se sale en solitario. Y que, a lo mejor, el remedio a la soledad es algo pelín más complejo que el individuo fuerte. Es una comunidad. Y, por una vez, creo que Iván y yo hemos elegido bastante bien la nuestra. El biohacking del bueno, en vez de optimizar cuerpos, hormonas o rutinas, quizá consista simplemente en volver a llenar la casa de gente. A ver qué nos depara este nuevo lore. ¡Hasta dentro de un tiempo, bebés!#asediodealamanosfera #biohackingdepareja #desprogramacion #llegadoyaelmomentoAsedio a la manosferaLee aquí la serie completa:1 → Marco Aurelio no cobra suscripción2 → Tras el muro de pago está el Valhalla o cuando Iván se tomó la píldora roja3 → Manual para ensanchar la mandíbula y encoger el cerebro4 → Si nada puede mejorar, mejórate a ti mismo5 → Criptobro no paga traidores6 → La culpa de todo la sigue teniendo Yoko Ono7 → ¿'Body count'? ¡Qué coño, misoginia!8 → Quien bostece antes está muerto, broEs una serie veraniega de diez capítulos que narra la infiltración de Vera, una chavala disfrazada de novia despistada, en Ragnar Camp, campamento ficticio masculinizante donde se dan cita prácticas de fitness extremo, biohacking absurdo, incels de cercanías, emprendimiento chuchurrío, criptocultura y otras técnicas de captación típicas de las sectas comerciales. Una investigación narrada como comedia de infiltración.
Del machoalgoritmo también se sale
La historia ficticia de una infiltración en un campamento de la manosfera contada a través de 'reels'.










