0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial–¡Disculpa!Quien lo pide sale del ascensor. Es parte de un grupo que se enfrenta a mis ojos como platos. Topan conmigo en la planta baja de las oficinas, esperando para entrar y sustituirlos en el elevador. El susto es considerable, porque el “soc una noia amb polla” (soy una chica con polla) que entiendo que dice alguien nada más abrirse las puertas, solo es “soc una noia ampolla” (soy una chica botella) cuando levanto la mirada del suelo y observo que lo dice mientras se coloca una botella de agua en la cabeza. Vete a saber a santo de qué, pero ahí se la pone.Un hombre disfrazado de Spiderman pega un puñetazo a Jake Lang, conocido militante ultraderechista. Imagen extraída de un vídeo por @IslamifyEl problema no son ellos, sino yo. Ando superado por los artículos sobre los vestidos de Ayuso y por si la Araña Álvarez fichará por el Barça. El problema es también mi letargia mental heredada de las vacaciones, un estado telaráñico que favorece que se cumpla la máxima tópica de lo dura que és la vuelta al trabajo.–Hola, soy tus ganas de trabajar.– ¿Qué?–Que soy tus ganas de trabajar.–Nada, que se entrecorta.“Por experiencia propia, es preferible el estrés de un trabajo que el de no tenerlo”, dice @Jader8A. Cierto, disculpa. Soy un privilegiado, tengo trabajo y es precisamente por eso que puedo disfrutar de vacaciones.La desgana por trabajar se pasa enseguida. Mi trabajo también es un privilegio. “Los profesionales en España tardan casi un mes en 'olvidarse' de sus responsabilidades laborales”, leo nada más encender el ordenador. “Y dos horas en olvidar (este sin comillas) las vacaciones”, añadiríamos.Con todo, durante las primeras horas de rentrée laboral, la chica botella me trae de cabeza. Más bien, qué es lo que la lleva a colocársela sobre la cabeza. “Ha leído un artículo en LinkedIn sobre romper la rutina en espacios compartidos, como puede serlo un ascensor” es un primer motivo que me ataca. O quizá ha encontrado un método para sobrevivir al estrés post-turno de trabajo. No es ninguna de las dos razones: me convenzo de que recientemente ha tomado la decisión vital de luchar tanto por el planeta, la naturaleza y el residuo cero, como para ponerse del lado del antifascismo. Con tanto celo que se ha fusionado con el plástico para convertirse en superheroína y pasar a ser Bottlegirl. Sí, seguro. La pillé uniformándose. A falta de cabinas telefónicas, buenos son los ascensores para cambiarse de ropa.Poca broma. Pocas cosas han conseguido cabrear más a un fascista que el tapón bisagra, el adherido a la botella. Una medida más para prevenir la contaminación que banalizan constantemente, pero que paulatinamente la ultraderecha o quien habla de wokismo ha ido asumiendo.¿Un ejemplo? El portavoz de Núcleo Nacional, que después de afirmar que le parece bien que los llamen racistas, desenrosca nerviosamente el tapón de una botella de plástico dejando la bisagra intacta. Sin reventarla, sin destrozarla. “Me parece increíble que sea un nazi y no tenga ningún problema en beber de una botella con el tapón de plástico de esos pegados a la botella... con lo que odia eso la gente de derechas... Qué poca coherencia”, observa @ApostolComiKD.Lea tambiénA Bottlegirl la veremos luchar pronto junto al Hombre Araña. Spiderman también se ha hecho antifascista. El sábado lo vimos en Minneapolis asestando puñetazos a Jake Lang, un militante de ultraderecha –detenido durante el asalto del 6 de enero del 2021 al Capitolio animado por Trump– que montó una protesta racista ante el ayuntamiento de la ciudad. Spiderman saltó sobre la camioneta descubierta y se desató la pelea. Bajo el disfraz, el ciudadano William Nicholas Love. Fue detenido y puesto en libertad poco después a la espera de vista judicial para el 4 de septiembre. Confía sufragarse la defensa con dos crowdfundings. En general, en X le han felicitado efusivamente; otros, pocos, le acusan de terrorismo.Está por ver cómo acabará todo, pero confiamos en que todo siga su curso y podamos ver pronto a William Nicholas Love fichando por el Barça, Bottlegirl paseando libre por Minneapolis y la Araña Álvarez nuevamente en el ascensor. Aquí estaremos para explicarlo, con la mente bien clara, ya sin la pereza y la espesura del primer día de vuelta al trabajo.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF
La chica botella y el Spiderman antifascista, por Àlex Tort
–¡Disculpa! Quien lo pide sale del ascensor. Es parte de un grupo que se enfrenta a mis ojos como platos. Topan conmigo en la planta baja de las oficinas, esperando para entrar y sustituirlos en el elevador. El susto es considerable, porque el “soc una noia amb polla” (soy una...










