No era la primera vez que el streamer Alberto Alonso publicaba vídeos con referencias a prostitución o acoso ni que grababa a mujeres sin su consentimiento por la calle. De hecho, en alguna ocasión ha bromeado y se ha referido al término japonés nanpa, que define el acto de abordar a mujeres en público para ligar y que ha pasado de considerarse coqueteo a una forma de acoso. Esta vez, se hizo viral. Durante una transmisión en directo desde un barrio de Tokio, Aruberuto Makoto, que es como se hace llamar en redes, se encuentra a una joven en aparente estado de embriaguez que busca a alguien. Tras un rato caminando junto a ella, y mientras se tambalea a su lado, él le dice en español a su interlocutor —un idioma que ella no habla—: “¿Te la quieres follar? Esta es gratis”. “Yo la estampaba contra la pared”, le responde aquel. Ante el aluvión de críticas recibidas en las redes sociales, el streamer publicó otro vídeo en el que trata de justificar su contenido: “Mi humor es negro. Un humor de amigos, para hombres. Muchas veces nos hemos pasado y hemos dicho burradas que era mejor borrar...”, asegura, antes de sostener que los medios de comunicación “están manipulando”. “Es un contenido que no es para todo el mundo, sino para cierta gente que le gusta, que quiere desconectar de su trabajo y echarse unas risas”, añade. Lamentablemente, el problema no es solo que existan estos contenidos, sino que encuentran una audiencia dispuesta a aplaudirlos, que hay gente que jalea vídeos como los de Aruberuto Makoto cuando graba a mujeres por Tokio y que comenta y celebra el último que se ha hecho viral pese a que en él se hable de cometer una agresión sexual.Más del youtuber Aruberuto Makoto.Aquí persigue y graba a dos niñas con falda escolar mientras va con su hija. Es asqueroso, quien lo hace y quien lo sigue en redes.Nanos, dais puto asco, pervertidos y pedófilos en potencia. Pobre hija. pic.twitter.com/e4apPKKAuq— Adrián Navalón (@ANavalonOsa) August 26, 2026
El acoso convertido en contenido: suscríbete para más agresiones
Muchas mujeres siguen habitando el espacio público con miedo a un ataque, mientras algunos creadores convierten la violencia sexual en entretenimiento










