Acaba de llegar y ya se enfrenta a una encrucijada de difícil resolución. Los inversores esperaban con atención el discurso del nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Kevin Warsh, de este viernes en el cónclave de banqueros centrales que cada verano se celebra en Jackson Hole, en las montañas de Wyoming. El recién llegado hereda un rompecabezas endemoniado. Unas previsiones de crecimiento repletas de dudas, con una guerra en Irán sin fecha de caducidad, una inflación por encima del objetivo del 2% y un mercado de la deuda con síntomas de tensión es el cóctel con el que tiene que lidiar. Y, tras lo conocido este viernes, parece que Warsh está dispuesto a hacer todo lo que haga falta para contener la subida de precios. El interés de esta cita residía en saber si el nuevo presidente de la Fed iba a dar alguna indicación sobre futuras subidas de tipos de interés para contener la inflación, con el riesgo de provocar la furia del presidente Donald Trump. El resultado oscila entre el “sí con matices” y el “ya veremos”. Warsh no ha pronunciado las tres palabras mágicas (tipos de interés), pero sí ha mostrado una genuina preocupación por la inflación y ha dado al mercado una señal más clara que en otras ocasiones. “Es responsabilidad de la Reserva Federal garantizar la estabilidad de precios. No hay excusas”, ha dicho. Quien quiera entender estas palabras, que entienda: Warsh compromete su credibilidad a conseguir que la inflación camine hacia el objetivo del 2%. Y si eso requiere subir el precio del dinero y enfadar al inquilino de la Casa Blanca, que tanto criticó por lo mismo a su predecesor, Jay Powell, pues tendrá que hacerlo. “Este es mi criterio: debemos tener la certeza de que la inflación subyacente se dirige hacia nuestro objetivo, de manera clara y a una velocidad suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo por hacer. Esa es nuestra labor”, ha añadido.Los mercados han respondido de inmediato. Nada más terminar de hablar Warsh, los precios del mercado de futuros CME Group, que analiza las probabilidades de próximos movimientos, ya cotizaban el cambio de tono: pasaron de mostrar una probabilidad implícita de subida de tipos del 35% el jueves a un 57%. Warsh mostró cierto alivio porque los datos de inflación conocidos este verano han sido mejores de lo esperado, pero eso no parece bastarle. “Esos indicadores no me dicen que la inflación subyacente ha mejorado sustancialmente [...] Los mercados muestran su confianza en que nosotros vamos a lograr la estabilidad de precios. Y les puedo asegurar que están en lo cierto”, ha afirmado.