El simposio de banqueros centrales de Jackson Hole en el estado de Wyoming (Estados Unidos), organizado por la Reserva Federal (Fed) de Kansas, ha arrancado el jueves con un mensaje compartido por dos de los responsables del organismo monetario estadounidense. La inflación en la mayor economía del mundo sigue sin estar bajo control y los tipos actuales pueden ser insuficientes para doblegarla. Es el telón de fondo sobre el que este viernes hablará, por primera vez como presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en la cita que reúne cada año a los grandes popes de la política monetaria del planeta.El presidente de la Fed de Kansas, Jeffrey Schmid, afirmó este jueves a CNBC, al margen de la conferencia, que la inflación “sigue siendo obstinada y persistente, y tenemos que seguir encontrando formas de romper esa dinámica” para devolverla al objetivo del 2%. Schmid, partidario en las últimas semanas de subir los tipos, fue más allá al señalar que el actual rango del 3,50%-3,75% ni siquiera parece estar ejerciendo un efecto restrictivo sobre la economía: “No sé qué estamos restringiendo actualmente con la política de tipos que tenemos”. Preguntado por una posible subida en la reunión del 15 y 16 de septiembre, matizó que “necesita más información” sobre qué está impulsando realmente la demanda, según recoge Reuters. En la misma línea, aunque con más matices, se expresó el presidente de la Fed de Chicago, Austan Goolsbee, quien calificó de parcialmente “inquietante” que la inflación lleve ya más de cinco años por encima del objetivo. “Mi mayor temor a corto plazo sigue siendo que la inflación no esté bajo control”, dijo en el pódcast Rapid Response, apuntando a los costes energéticos derivados de la guerra con Irán y a los vaivenes arancelarios de la Administración Trump como focos de riesgo adicionales. Con todo, matizó que la tendencia de los últimos tres meses “no parece terrible” y que el tipo oficial podría bajar de forma gradual si se confirma que la inflación vuelve al objetivo. Goolsbee aprovechó también para mostrar su inquietud por los ataques políticos de Trump contra la Fed. En los países donde el poder político interfiere en la política monetaria, advirtió, “la inflación vuelve con fuerza”.Las palabras de ambos llegaron un día después de conocerse que el índice de precios de gasto en consumo personal (PCE), la referencia de inflación preferida por la Fed, se mantuvo en julio en el 3,7% interanual, el mismo nivel que en junio. Un dato leído de forma dispar por los economistas —para unos, suficientemente firme como para justificar una subida en septiembre; para otros, compatible con un endurecimiento más adelante— que los futuros de mercado interpretan hoy como “sin cambios” el mes próximo, aunque otorgan aún una probabilidad elevada a una subida antes de que acabe el año.Sobre el papel, el discurso es para Warsh la ocasión de desplegar las consignas con las que llegó a la presidencia de la Fed: el control de la inflación, la reducción del balance y la no injerencia en el mercado. Este, a su juicio, debe reflejar las condiciones monetarias sin necesidad de estar guiado por el Banco Central, de ahí su desdén por las indicaciones sobre las prioridades del organismo monetario. Pero los inversores ya castigaron en julio esa falta de visibilidad y, desde entonces, el alza de rentabilidades se ha acelerado. Los rendimientos a largo plazo de la deuda soberana en Estados Unidos, y en todo el mundo en general, están en máximos de dos décadas. El secretario de Estado del Tesoro, Scott Bessent, se esfuerza denodadamente, aunque con poco éxito, en contener el aumento del coste de financiación en el mercado.Richard Clarida, asesor de Pimco, la mayor gestora de deuda del mundo, y exvicepresidente de la Reserva Federal, indica en una nota que este año es probable que Jackson Hole acapare especialmente la atención de los medios y lanza el siguiente aviso a Warsh: “Creo que también será importante que el presidente ofrezca al menos alguna pista sobre su propio marco conceptual para lograr la estabilidad de precios”. El título oficial del foro —Innovación financiera: implicaciones para los pagos y las políticas— tampoco invita a ser muy explícito. Pero el mensaje más esperado será el que tenga que ver directamente con la política monetaria: abordar otros asuntos, aunque sean de calado —demografía, productividad e IA, o los grupos de trabajo puestos en marcha por Warsh en la Fed—, causaría una previsible decepción entre los inversores y activaría la venta de bonos.