Las despedidas quedaron suspendidas en el aire mientras varios marineros dejaron de mirar hacia el horizonte porque ya habían encontrado una vida que no querían perder. Esa sensación fue creciendo entre la tripulación hasta convertir la obediencia en una carga, de manera que cada conversación alimentó la decisión de romper con William Bligh.

Cuando llegó el momento de actuar, Fletcher Christian reunió a quienes compartían su propósito y redujo al comandante mientras otros inmovilizaban a los hombres que permanecían fieles. Bligh fue obligado a subir a una pequeña embarcación abierta junto a 18 leales, aunque todavía intentó mantener el control de la situación con órdenes que ya nadie obedecía. La separación quedó consumada cuando el Bounty se alejó y dejó atrás a su antiguo jefe en medio del Pacífico.

Aquella ruptura puso fin a una expedición organizada por el Almirantazgo británico para transportar árboles del fruto del pan desde Tahití hasta las Antillas. Bligh, que había sido elegido para dirigir la misión gracias a su experiencia como navegante y a la confianza depositada en él por Sir Joseph Banks tras haber servido junto al capitán James Cook, quedó libre de responsabilidad cuando el consejo de guerra examinó los hechos al regresar a Inglaterra.