0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialA Borredà no se llega por casualidad. Ubicado en la serpenteante carretera que conecta Berga y Ripoll, este pueblecito es un lugar tranquilo de 400 habitantes censados. Vivió su esplendor económico y demográfico gracias a la ganadería y al impulso de la industria textil a finales del siglo XIX, pero hace décadas que el pueblo ha ido menguando en muchos sentidos. Sin embargo, hay un establecimiento que ha resistido todos los embates. Hablamos de Cal Ferrer, que es un colmado, un bar, un restaurante, un estanco con servicio de prensa, mensajería y muchas cosas más.Cal Ferrer aglutina buena parte de los servicios que mantienen vivo un pueblo, así que cuando a Jordi Heras e Inés Tubau les llegó la hora de jubilarse y colgaron el cartel de “Se traspasa”. Dos palabras que se leyeron como una tragedia inminente. “No sé que haremos si nadie lo coge”, “sin Cal Ferrer no hay pueblo”, se comentaba en la cola de la panadería o en el pequeño supermercado que regenta Llúcia Soler y su familia. Pasaba el tiempo y nada, hasta que aparecieron Paco Melgarejo (originario de Paraguay) y Lucía Gritcenko (oriunda de Rusia). La pareja vivía en Sitges, él es cocinero y ella trabajaba en el aeropuerto. Iban acelerados, sufrían aquello tan extendido del “no me da la vida” y cuando nació su hija empezaron a soñar con un cambio. “Lanzamos el mensaje al universo y al final encontramos Cal Ferrer”, revela Lucía.“Al llegar, notamos enseguida que esto no es un negocio, es como el centro cívico del pueblo”¿Pero cómo llegaron a Borredà? “Éramos cinco cocineros que necesitábamos un sitio para descansar. Buscábamos un sitio económico cerca de la montaña y dimos con Borredà. De hecho fue Llúcia, la del super que nos mandó con Inés”, recuerda Paco. “Hablar con ella para mi fue como un flechazo... a Paco le cuesta más tomar decisiones. Fuimos al banco, venimos un par de veces para ver cómo funcionaba el negocio, y aquí estamos”, añade Lucía.Así que tras cuatro años, el matrimonio Heras pudo descolgar el cartel del traspaso. “Inés y Jordi nos acompañaron las primeras semanas, nos presentaron a todo el mundo. Al llegar, notamos enseguida que esto no es un negocio, esto es como el centro cívico del pueblo”, dice Paco. “Hay servicios que prestamos que no dan beneficios, como las bombonas de butano. Los diarios y el estanco por el volumen que movemos tampoco dan margen pero son un reclamo para que la gente vea lo que tenemos”, argumenta Lucía, que cuenta orgullosa que les gusta promocionar los productores locales que destacan por los embutidos, quesos y galletas.No echan de menos nada de su antigua vida. “Cuando llegamos, era mitad del año escolar. Nuestra hija tenía casi tres años y necesitaba ir al colegio. Inés y Jordi llamaron al alcalde, que se presentó al momento y el tema quedó resuelto. Valoramos mucho la comunidad, en la ciudad eres un número y ahora somos visibles”, expone Paco. “Yo lo comprobé cuando me rompí la pierna. Unos me prestaron la muleta, otros la bota, me dieron apoyo y me sentí acompañada”, remata Lucía.“Nuestra historia es bonita pero no es tan fácil como parece. Nosotros teníamos unos trabajos que nos permitieron acceder a unos créditos, pero para los que no tienen nada y quieren repoblar, es complicado”, apuntan al alimón. En uno días Lucía dará a luz, y la llegada de la criatura es una esperanza para que la escuela rural del pueblo siga abierta. (Este verano el pueblo también ha recibido con los brazos abierta la apertura de una pequeña librería.)El próximo enero se cumplirán dos años desde que tomaron las riendas de Cal Ferrer, y ambos encaran el futuro con optimismo. Entre sus planes están las ganas de promover un turismo responsable que valore el paisaje y las costumbres de la zona. “Queremos decir que Borredà también existe!”, apunta Lucía. Para dar a conocer este pacífico rincón del Berguedà han contactado con equipos de ciclistas para que vayan a desayunar. Paco admite que le hubiera gustado introducir recetas de otros países, pero “aquí se busca la cocina tradicional de montaña y de la zona”. Así que de la mano de Inés, ha aprendido a cocinar rostit de vedella amb bolets , y a preparar esmorzars de forquilla , donde no faltan la cansalada, el cap i pota, ni tampoco una buena botifarra con seques .
La celebrada reapertura de la única tienda de Borredà
Una pareja que buscaba un cambio de vida se hizo con el traspaso de este establecimiento de Borredà que hace de bar, restaurante y tienda, entre otros servicios







