La menopausia es una etapa marcada por los cambios hormonales. La bajada de estrógenos no solo influye en el organismo de la mujer, sino que también puede reflejarse en el cabello. Aunque suele asociarse con una mayor caída, la transformación suele ser más progresiva y trae consigo algunas señales que a veces pasamos por alto.Según explica la tricóloga y dermatóloga Cristina de Hoyos, "el pelo en la menopausia se vuelve más fino, más seco y con menos densidad". Por eso, es normal notar que la melena tiene menos cuerpo, se rompe con más facilidad al peinarla o tiene una textura distinta a la habitual.Como asegura la experta, uno de los principales factores detrás de estos cambios es la disminución de los estrógenos, junto con un aumento relativo de los andrógenos. "Este nuevo equilibrio hormonal, unido al condicionamiento genético, favorece la activación de la alopecia androgenética". Como consecuencia, el ciclo capilar se altera y el folículo piloso comienza a producir cabellos cada vez más finos, cortos y frágiles.Este proceso, conocido como miniaturización, provoca la pérdida de densidad y volumen y que el pelo se vea más apagado. "Por eso, aunque muchas mujeres perciben que "se les cae el pelo", en realidad, en muchos casos lo que ocurre es una pérdida progresiva de calidad capilar. El cabello no desaparece de forma brusca, sino que se afina gradualmente hasta volverse casi imperceptible en algunas zonas", comenta la tricóloga.Cómo distinguir los cambios del cabello en esta etapaA este afinamiento se suman otros cambios propios del envejecimiento capilar. Con el tiempo, el cabello pierde lípidos y proteínas, así como capacidad para retener agua. "El resultado es una fibra más seca, áspera, con menos brillo y menor resistencia, lo que aumenta la tendencia a la rotura y al encrespamiento", señala de Hoyos.También conviene diferenciar los procesos que pueden coincidir en esta etapa. Por un lado, la alopecia androgenética femenina, que reduce la densidad por la miniaturización del folículo. Por otro, el envejecimiento capilar, que afecta sobre todo a la calidad de la fibra. Y, en algunos casos, el efluvio telógeno, una caída puntual y generalmente reversible.Detectar estas señales a tiempo es fundamental para actuar antes de que la disminución de la densidad sea más evidente. La pérdida de volumen, el ensanchamiento progresivo de la raya, un cabello más fino al tacto o la sensación de tener menos cantidad al recogerlo pueden ser señales de que algo está cambiando.Además, la experta comenta que estos cambios pueden influir en la autoestima. Por eso, insiste en la importancia de comprender qué está ocurriendo para abordarlo adecuadamente. Y recuerda que "la menopausia no implica resignarse a perder cabello, pero sí aceptar que también evoluciona". Adaptar los cuidados a esta nueva etapa, puede marcar un antes y un después en la salud capilar.