0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa comparecencia de Félix Bolaños ante la Comisión Mixta de Seguridad Nacional buscaba fijar una versión única y definitiva del Gobierno sobre la crisis de Ceuta de los días 30 y 31 de julio. Sin embargo, el intento de la Moncloa por presentar el episodio como una situación encauzada -con el “mando único activado” y la “prioridad en las devoluciones”- ha chocado en el Congreso con un frente común de críticas. Cuatro semanas después del asalto, los grupos parlamentarios no solo han apretado las tuercas por las contradicciones de Inteligencia, sino que han cuestionado abiertamente la aparente inacción del Ejecutivo durante los días álgidos del colapso.“¿Dónde ha estado el Estado?”, ha sintetizado con crudeza el portavoz del PNV, Mikel Legarda, condensando las dudas que siguen sin resolverse en el Congreso sobre los tiempos de reacción y la coordinación institucional. Una rendija por la que también ha percutido ERC. Su diputado Francesc Marc Álvaro, aun aceptando que Ceuta haya podido ser víctima de una estrategia de “guerra híbrida” y desinformación, ha advertido de que ello no exime al Ejecutivo de asumir una gestión clamorosamente “mejorable”. El grupo republicano ha sido de los más insistentes en reclamar luz sobre el choque de trenes entre departamentos y ha exigido saber por qué la Delegación del Gobierno en Ceuta llegó a desmentir públicamente a la titular de Defensa.Ante este fuego cruzado, Bolaños ha intentado levantar un cortafuegos para coser el relato oficial y dar por cerrado el choque de versiones entre sus compañeros de Gabinete: “El Gobierno de España no tenía información ni previa ni precisa de la magnitud de la entrada de 70.000 personas en Ceuta. Esta es la realidad”, ha subrayado en vano.Lee tambiénLa muletilla “ni previa ni precisa” se ha consolidado como el encaje de bolillos con el que la Moncloa busca saldar el desacuerdo explícito entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska que alteró el pulso del Ejecutivo. El origen de la grieta se remonta al martes, cuando la ministra de Defensa afirmó que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) cumplió su cometido al alertar el 29 de julio a la Delegación del Gobierno y a las fuerzas de seguridad sobre convocatorias masivas en redes sociales. Una postura que colisionaba con la de Marlaska, quien horas antes había asegurado que ningún informe había “atisbado” ni “vislumbrado” el fenómeno, justificando así la falta de un despliegue preventivo de mayor envergadura.La maniobra de Bolaños ha consistido en desplazar el foco desde la existencia de las alertas hacia su calidad y capacidad predictiva. En la síntesis que impone ahora Presidencia, Robles no mintió al decir que el CNI detectó movimientos, ni Marlaska se equivocó al señalar que no había datos sobre un colapso inminente. El Ejecutivo admite implícitamente que hubo avisos sobre movimientos anómalos, pero niega tajantemente que existiera un pronóstico capaz de anticipar que decenas de miles de personas se abalanzarían sobre la frontera.PP y Vox han protagonizado los momentos de mayor tensión en la Cámara Baja Dani DuchPara capear las acusaciones de inacción, Bolaños ha atribuido el desencadenante a una bola de nieve digital incontrolable. Según su explicación, la “tergiversación en redes” de una reciente sentencia del Tribunal Supremo “alimentó dos bulos” -que la frontera “estaba abierta” y que “no habría devoluciones a quienes entraran a nado”-, actuando como un catalizador imprevisto. Asimismo, ha descartado la injerencia del reino alauí y ha cargado contra la oposición por instrumentalizar el conflicto diplomático. Ante las intervenciones de la oposición, Bolaños ha advertido del peligro de verter acusaciones sin fundamento contra un socio estratégico de España. “Sembrar sospechas sobre un gobierno de un país vecino con el que hay que cooperar y con el que hay que tener buenas relaciones de vecindad no es un buen camino”, ha aseverado. Y ha dicho que el PP y Vox “necesitan un curso acelerado de diplomacia básica” por estar “faltando el respeto, sin ninguna prueba, a Marruecos”.El choque parlamentario ha vivido también pasajes de alta tensión cuando el ministro ha salido al paso de las reprobaciones del PP y Vox por la ausencia estival de Pedro Sánchez: “Un día de trabajo del presidente este agosto es mucho más que el suyo en muchos días”, ha espetado a las diputadas Cuca Gamarra y Pepa Millán.Pese al esfuerzo del Gobierno por afianzar este relato unificado y pasar página, la oposición y los socios de investidura mantienen el juicio crítico. Con el PP exigiendo la Comisión de Secretos Oficiales y los aliados parlamentarios reclamando explicaciones sobre la cadena de mando, la controversia se traslada al próximo 3 de septiembre. En esa fecha, Pedro Sánchez comparecerá en el Congreso para certificar si la fórmula ensayada por Bolaños basta para dar por zanjada la crisis o si el Parlamento vuelve a exigir cuentas sobre qué sabía exactamente el Estado el 29 de julio, “quién lo sabía” y por qué se actuó con “semejante lentitud”.Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro
Bolaños busca unificar la versión sobre Ceuta: “No había información previa ni precisa”
El ministro de Presidencia intenta cerrar la brecha entre Robles y Marlaska sobre el CNI mientras la oposición y los socios critican la “desaparición del Estado”












