Con el final del verano muchas personas experimentan una sensación de apatía, desmotivación o dificultad para volver a la rutina. Aunque popularmente se conoce como "depresión postvacacional", en realidad no se trata de un trastorno depresivo, sino de un proceso de adaptación que, en la mayoría de los casos, desaparece de forma espontánea en pocos días.Durante este periodo, recuperar hábitos saludables puede marcar la diferencia y, entre ellos, el ejercicio físico ocupa un lugar destacado. Numerosos estudios han demostrado que mantenerse activo no solo mejora la salud física, sino que también contribuye al bienestar psicológico y ayuda a afrontar mejor los cambios de rutina.¿Por qué cuesta volver después de las vacaciones?Las vacaciones suponen un cambio importante en nuestro día a día. Dormimos más, tenemos menos obligaciones, disfrutamos de mayor tiempo libre y realizamos más actividades de ocio.Al regresar al trabajo o a los estudios, el organismo necesita readaptarse a horarios más estrictos y a un mayor nivel de exigencia. Ese reajuste puede provocar durante unos días cansancio, irritabilidad, desmotivación o dificultades para concentrarse.En la mayoría de las personas estos síntomas son leves y desaparecen conforme se recuperan las rutinas habituales.El ejercicio, un aliado para la salud mentalLa actividad física es uno de los hábitos con mayor respaldo científico para proteger la salud mental.Desde el punto de vista biológico, el ejercicio favorece la regulación de neurotransmisores implicados en el estado de ánimo, mejora la plasticidad cerebral y ayuda al organismo a responder mejor frente al estrés.Pero sus beneficios van mucho más allá de lo físico. Hacer ejercicio aporta estructura al día, favorece la desconexión de las preocupaciones, aumenta la sensación de logro y mejora la percepción de control, aspectos especialmente útiles durante la vuelta a la rutina.Además, las personas físicamente activas presentan un menor riesgo de desarrollar síntomas de ansiedad y depresión, y el ejercicio constituye un excelente complemento de los tratamientos psicológicos y farmacológicos cuando estos son necesarios.¿Qué ejercicio es el más recomendable?No existe una actividad perfecta. La mejor es aquella que resulta agradable y puede mantenerse en el tiempo.Caminar a paso ligero, correr, montar en bicicleta, nadar, bailar, practicar ejercicios de fuerza o disciplinas como el yoga son opciones igualmente beneficiosas para el bienestar emocional.Las recomendaciones internacionales aconsejan acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada. Sin embargo, no es necesario empezar por ahí. Caminar entre 20 y 30 minutos varios días a la semana ya puede aportar beneficios tanto físicos como psicológicos.Lo importante no es la intensidad, sino la constancia.El deporte ayuda, pero no sustituye al tratamientoAunque el ejercicio físico es una herramienta muy eficaz para cuidar la salud mental, no debe considerarse un tratamiento único cuando existe un trastorno psicológico.Si el malestar persiste durante varias semanas, empeora o interfiere de forma importante en la vida cotidiana, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental para realizar una valoración adecuada.También es importante buscar ayuda especializada si aparecen síntomas intensos de ansiedad, tristeza mantenida, pérdida de interés por las actividades habituales o pensamientos de desesperanza.La vuelta a la rutina también puede ser una oportunidadRetomar el ejercicio tras las vacaciones puede convertirse en una forma de recuperar hábitos saludables y facilitar la adaptación al ritmo habitual.Junto con una buena higiene del sueño, una alimentación equilibrada y una planificación realista de los primeros días de trabajo, la actividad física constituye una de las estrategias más eficaces para afrontar la vuelta con mayor bienestar.Porque la salud mental no depende únicamente de las vacaciones, sino de los hábitos que mantenemos durante todo el año.