[Puedes encontrar este texto y muchos otros temas en el boletín ‘Documentalmente’, de EL PAÍS. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].A menudo, cuando se habla de Tania Head y su rocambolesca historia, se dice que es un gran personaje cinematográfico, que la suya es una historia de película. Pero en realidad lo es de un documental: La superviviente. Su protagonista fue durante años un símbolo de resistencia, como una de las voces más reconocibles entre los supervivientes del 11-S. Logró escapar de la planta donde impactó el segundo avión contra la Torre Sur del World Trade Center y también perdió a su prometido en los atentados. Su relato era tan poderoso que llegó a presidir la Asociación de Supervivientes del World Trade Center. Pero, en 2007, una investigación de The New York Times desveló lo que muy pocos sospechaban: que Tania Head no existía. Esa mujer era en realidad Alicia Esteve Head, una barcelonesa que nunca había estado en las Torres Gemelas. El cineasta Kike Maíllo (director de otro gran documental, Oswald. El falsificador) y el guionista y dramaturgo Markos Goikolea reconstruyen de una forma muy particular su gran mentira. La superviviente se estrena este viernes 28 de agosto en cines y el mismo 11 de septiembre en Filmin, en ese caso dividida en dos capítulos. Y no solo narra su historia, sino que también explora las razones detrás de su embuste y la compleja interacción con la sociedad que la hizo posible. Para probar que el género documental puede ser muy cinematográfico, Maíllo y Goikolea optaron por trabajar con una actriz, Hannah Becker, para que interpretara a Alicia, mostrando su proceso conjunto de preparación y ensayo. Esta elección sirvió para preservar la identidad de la protagonista real y, a la vez, establecer un “juego de espejos” entre la impostura de Alicia al crear su personaje y la de la actriz al interpretarla.“Nos parecía que la metodología que Alicia había seguido para construir la falsa historia de Tania era bastante parecida a la que nosotros seguimos a la hora de construir personajes con sus identidades ficticias. Por eso, preferimos colocarnos en un lugar entre la impostura que había creado la propia Alicia y cómo nosotros impostábamos a la impostora”, cuenta Maíllo. “Alicia, de alguna manera, además de ser actriz, había sido también una buena guionista, porque había escrito la historia que todos querían escuchar. Para que una gran mentira funcione, por encima de la habilidad del mentiroso, es más importante la voluntad de su público de creer en esa mentira. Y una historia de resiliencia tras el impacto del 11-S era muy necesaria”, completa Goikolea.Una de las claves de este documental es esa: analizar qué tipo de relatos queremos escuchar como sociedad, hasta convertirnos en absolutos crédulos. La superviviente es también una recopilación de testimonios inéditos de material de archivo y el resumen de una investigación internacional. Pero en él se intercalan las imágenes grabadas por Hannah Becker y sus procesos de ensayo, muy conectados con las sesiones de terapia grupal reales a las que acudía Alicia/Tania y que le sirvieron para probar su gran mentira. “Empezó contando su historia inventada en un foro de Internet, luego montó un taller de escritura donde ella pudo inspirarse en sus compañeros y luego incluso usó ese espacio de terapia como una sala de ensayo”, comentan los creadores de este largometraje. Durante el documental, se menciona la similitud de este caso con el del sindicalista español Enric Marco Batlle, de quien se descubrió que había falsificado información para hacerse pasar como superviviente de los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que es objeto de un libro de Javier Cercas, El impostor. Para Maíllo, este tipo de personajes, como Oswald el falsificador de cuadros o Tania Head, “son muy atractivos, porque viven en la ambivalencia moral, con muchos contrastes, buscan romper con la vida rutinaria y trabajan la mentira, pero trabajan en una mentira en la que a muchos nos gustaría vivir”, defiende.En La superviviente, se subraya que Alicia no buscó beneficio económico, sino una ganancia “emocional”: amor, cariño, pertenencia y reconocimiento. De hecho, su posición económica acomodada previa a esta mentira fue crucial para sostener el engaño sin necesidad de solicitar ayudas, ya que rechazó todas las subvenciones que se le ofrecían como víctima del ataque terrorista, las mismas que ella consiguió para los miembros de su asociación. En esos momentos de la película, aparece la imagen de una extraña heroína. “Tenemos la absoluta seguridad de que, aunque Alicia no hubiera tenido en ese momento una vida acomodada, tampoco habría pedido dinero como supuesta víctima de un atentado”, defienden los creadores de La superviviente.Si quieres recibir en tu buzón historias reales del género documental, recogidas en el boletín quincenal ‘Documentalmente’, puedes apuntarte aquí.
La falsa superviviente del 11-S: cómo una barcelonesa creó la mentira perfecta que conmovió a los Estados Unidos
Alicia Esteve se inventó a Tania Head, una mujer que logró escapar del World Trade Center y que perdió a su prometido en los atentados. Kike Maíllo y Markos Goikolea reconstruyen su impostura en ‘La superviviente’











