Nadie sabe lo que pasaba por la cabeza de Lindsay Clancy cuando mató a sus tres hijos, de entre 8 meses y 5 años. Su defensa en el juicio que se está celebrando en Plymouth (Massachusetts, Estados Unidos) alega que todo fue fruto de una psicosis posparto, que solo en una disociación absoluta con la realidad había sido capaz de hacer tal cosa. Médicamente, es una explicación posible, aunque no la única, según las especialistas consultadas por este periódico. Hay muchos motivos por los que una madre podría matar a sus hijos, y la psicosis es solo uno de ellos. Además, apuntan, la gran mayoría de las psicosis posparto no terminan en este trágico desenlace. La psicosis posparto es un trastorno psiquiátrico grave e infrecuente. El consenso internacional basado en la más reciente revisión de estudios lo estima entre uno y dos casos por mil alumbramientos. Llevado a España, donde el año pasado nacieron 321.000 niños, esto se traduce en entre 300 y 600 casos, aproximadamente. Los homicidios de niños suceden entre menos de un 1% y un 4% de los casos, y a menudo de forma accidental, según otra revisión.Lo habitual es que el trastorno se manifieste muy pronto después del parto. En la mayor cohorte estudiada hasta ahora, formada por 248 mujeres que habían sufrido una psicosis posparto, la mediana de aparición de los síntomas fue de apenas 10 días.Pero antes de que aparezcan los delirios o las alucinaciones, puede haber señales más sutiles. Una de las más características es el sueño. “Pueden llevar varias noches sin dormir y no quejarse de cansancio; al contrario, están más activadas. A esto pueden sumarse irritabilidad, ansiedad repentina, cambios bruscos de ánimo o una forma de hablar acelerada y desorganizada, saltando de un tema a otro”, explica Arantxa Fernández, psicóloga clínica del programa de Perinatal de la Interconsulta de Salud Mental Infanto-juvenil del Hospital La Paz, de Madrid. Son síntomas que pueden confundirse inicialmente con el agotamiento, la ansiedad o las dificultades normales de las primeras semanas de maternidad. Pero la evolución de la psicosis suele ser mucho más abrupta que la de una depresión posparto. “El entorno empieza a ver cosas extrañas”, resume Fernández. La mujer puede comenzar a elaborar creencias falsas en torno al bebé, perder progresivamente el hilo de las conversaciones o comportarse de una manera que sus allegados reconocen como ajena a ella. De ahí la importancia de consultar ante estos cambios, aunque todavía no haya un delirio evidente. “Es un trastorno mental grave y pueden estar en peligro tanto ellas como sus hijos”, señala la psicóloga.Cuando la psicosis se desarrolla plenamente, la percepción de la realidad puede quedar profundamente alterada. Los delirios son mucho más frecuentes que las voces en las que se ha centrado buena parte del juicio de Clancy. En la cohorte estadounidense de 248 pacientes, casi 9 de cada 10 habían tenido algún tipo de delirio, mientras que menos de la mitad refería alucinaciones auditivas. Tampoco la desconexión de la realidad tiene por qué ser permanente. “Puede ser muy fluctuante. Hay momentos muy lúcidos y otros en los que no lo están nada”, explica Alba Roca, psiquiatra especializada en salud mental perinatal del Hospital Clínic de Barcelona.El consenso científico más reciente define a la psicosis posparto como un cuadro de inicio en las semanas posteriores al alumbramiento. Que el hijo menor de Clancy tuviera 8 meses cuando sucedió el homicidio se sale, por tanto, del patrón más habitual, aunque por sí solo no permite descartar el diagnóstico. “No es el canon más habitual, pero puede ser”, señala Roca, que no entra a enjuiciar el caso concreto, ya que haría falta un conocimiento directo y saber cuándo comenzó realmente el deterioro de su salud mental. Fernández, que también prefiere no opinar directamente sobre el caso de Clancy, considera, sin embargo, que es muy difícil que un trastorno como este pase meses desapercibido. En estas cuatro semanas del juicio contra Lindsay Clancy, su defensa ha descrito cómo la salud mental de la acusada se empezó a deteriorar tras su segundo parto, pero de manera especialmente grave a partir del tercero.Por qué el parto puede actuar como detonante todavía no está completamente claro. “En cualquier posparto ya aparecen cambios hormonales bruscos, privación del sueño... Además, a nivel fisiológico, existe un estrés asociado a la maternidad, cambio de vida y de organización, sobre todo en madres primerizas”, explica Fernández. Pero esto les sucede a todas las madres, y solo una minoría desarrolla psicosis. Parece haber también una predisposición genética. Un estudio publicado en 2025, basado en los registros de más de 1,6 millones de mujeres suecas, encontró que tener una hermana que había sufrido una psicosis posparto multiplicaba por más de 10 el riesgo relativo. El riesgo absoluto, sin embargo, seguía siendo bajo: alrededor del 1,6% frente al 0,15% de la población estudiada.Los antecedentes personales son todavía más importantes. Haber sufrido una psicosis después de un parto aumenta mucho la probabilidad de otro episodio tras un embarazo posterior: un metaanálisis estimó que, tras otro parto, el 29% de las mujeres con antecedentes de psicosis posparto sufría un nuevo episodio psiquiátrico grave. La clave del diagnósticoUna de las dificultades es el diagnóstico. Como explica Roca, si el profesional sanitario no está especializado, es frecuente que confunda el trastorno con ansiedad o un simple insomnio. Cuando se detecta, el ingreso es casi un automatismo en España. En primer lugar, porque los brotes pueden conllevar un riesgo de lesiones para la mujer o el bebé. En segundo, para asegurar un tratamiento farmacológico que depende del caso, pero que siempre suele incluir medicación para asegurar un buen sueño. Con el tratamiento adecuado, “el pronóstico es muy bueno”, asegura la psiquiatra del Clínic. Y, tras el tratamiento, las mujeres pueden hacer “una vida normal”. En una serie clínica de 64 mujeres tratadas, el 98,4% alcanzó una remisión completa. Lo excepcional, insiste Roca, son precisamente desenlaces como el que ahora juzga el tribunal de Plymouth: “Tenemos que evitar asociar la enfermedad mental con madres que matan a sus hijos. Los infanticidios suceden en muchas circunstancias, y esta es solo una de ellas”. En el caso de Clancy, que se intentó suicidar tras matar a sus tres hijos, el psicólogo forense Kirk Heilbrun, llamado al juicio por la acusación, argumentó que se parecía más a un trastorno bipolar, acompañado de depresión, pensamientos suicidas y de la idea de que los niños iban a sufrir si ella se iba. Aunque la defensa lo desacreditó en un durísimo interrogatorio en el que quedó claro que no era experto en depresión posparto ni en psicosis posparto, los dos trastornos mentales sobre los que gira un juicio.Diego Palao, psiquiatra especializado en conductas autolíticas, explica que este tipo de suicidio ampliado con “homocidio altruista” es un fenómeno “raro, pero perfectamente posible”. “Hay que acreditar que el homicida/suicida padecía una depresión muy grave o un cuadro psicótico que afecte y distorsione la capacidad cognitiva. En psiquiatría vemos muy de tanto en tanto algún caso de este tipo, que siempre requiere una valoración forense y un juicio”, zanja.