Última semana de juicio, ahora la decisión la tiene el jurado. El veredicto gira en torno a la presunta psicosis de Lindsay: si se determina que la sufrió, no irá a prisión.Algunos casos no solo traspasan fronteras. Golpean creencias, desafían la ciencia y pasan a formar parte del debate ideológico. Nadie duda de la autoría de Lindsay. El 24 de enero de 2023 mató a sus tres hijos. Cora, de cinco años; Dawson, de tres; y Callan, de ocho meses. Los llevó al sótano de su vivienda y los estranguló usando bandas elásticas para hacer ejercicio. Después de matarlos, intentó quitarse la vida y se arrojó desde la ventana. No murió, pero sufrió lesiones medulares graves y tiene parálisis en las extremidades inferiores. Tenía 32 años. Ahora, con 36, se enfrenta a cadena perpetua o al internamiento en un centro psiquiátrico. En este duelo entre acusación y defensa el arma es la psiquiatría.Psicosis posparto o crimen premeditado. Lindsay explicó que el 24 de enero, después de hablar por teléfono con su marido, que había ido a recoger un medicamento y a comprar la cena, comenzó a escuchar una voz. Esa voz era masculina, constante, repetitiva, externa. Le pedía que matase a sus hijos y después quitarse la vida. Según su relato, se sintió como una marioneta. “Ve con Dios”, decía, y los mató. Después, no volvió a escuchar la voz. Cada parte ha aportado a lo largo de estas semanas su particular visión de los hechos. Hay psicólogos y psiquiatras que respaldan tanto una teoría como su contraria, será el jurado quien tenga la decisión final.Las pruebas de la defensaLa defensa ha llevado ante el jurado una combinación de testigos, peritos e informes que demostrarían que la acusada sufrió un episodio psicótico precedido de etapas de depresión y ansiedad. No es lo mismo psicosis que depresión posparto. La psicosis, en este caso, el trastorno psicótico breve con inicio en la etapa posparto, puede implicar delirios, alucinaciones, discurso o pensamiento desorganizados. Durante el episodio, quien lo sufre no es plenamente consciente de sus actos. No es capaz de diferenciar el bien del mal y, por tanto, no es imputable, es decir, no tiene responsabilidad penal. Se trata de una afección muy poco frecuente, con una prevalencia aproximada de 1 caso sobre 1.000. En situaciones extremas, puede llevar hasta la comisión de delitos porque implica una ruptura con la realidad.La depresión posparto, en cambio, puede afectar a cerca del 10% o 20% de mujeres y no conlleva una desconexión con la realidad. Es un desajuste emocional severo en el que, pese a la intensa apatía, tristeza o ansiedad, se mantiene el raciocinio y, por tanto, las facultades cognitivas y volitivas quedan intactas. Hay responsabilidad penal porque se entiende que quien lo sufre sabe lo que hace.El deterioro de Lindsay fue evidente para todo su entorno. Los primeros síntomas aparecieron tras su primer embarazo y desde entonces fue solapando episodios de depresión, ansiedad e insomnio prolongado. Llevaba varios meses recibiendo atención psiquiátrica, acudió a numerosos profesionales, contactó con servicios de crisis y quiso ingresar en un hospital psiquiátrico. Tenía pensamientos intrusivos, como el de hacerse daño a sí misma o a sus hijos. Quería quitarse la vida. Se quejaba de la inacción de los medicamentos y, de hecho, su marido presentó una demanda contra varios centros que la trataron por negligencia, por considerar que no recibió la atención adecuada.No existe historial previo de violencia o maltrato hacia los niños. Su familia la describe como una madre dedicada y todos eran conocedores de su padecimiento. Su abogado ha ahondado en la idea de que una mujer como ella, criada en un entorno estable, buena estudiante, trabajadora, preocupada por su propia salud y cariñosa solo ha podido actuar de manera tan extrema si ha existido una ruptura con la realidad. La voz, según los peritos de la defensa, entra dentro del cuadro psicótico. Se llaman alucinaciones imperativas. Son percepciones falsas, principalmente auditivas, en las que el paciente escucha voces que le ordenan o prohíben realizar ciertas acciones. Según esta teoría, Lindsay no habría sido consciente de lo que hacía y por eso debería ingresar en un centro psiquiátrico y no en una prisión ordinaria.Las pruebas de la acusaciónLa Fiscalía no niega el deterioro mental de Lindsay, pero descarta la psicosis. La considera culpable y consciente y pide la cadena perpetua. Para ello, también, se ha valido de un desfile de profesionales que han contrarrestado la versión de la defensa. Gregory Saathoff, psiquiatra forense de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI, pasó más de diez horas con Lindsay. Explicó que, a lo largo de su carrera, ha tratado con miles de pacientes con psicosis y que la versión de Lindsay resultaba “muy inusual”. Según su experiencia, los pacientes que presentan alucinaciones auditivas las experimentan de forma recurrente. Le parece extraño que escuchara aquella voz solo un día, durante los 18 o 20 minutos que duró la comisión de los delitos, y que no cesara hasta después de los mismos. Según Saathoff, su relato no es convincente.El psicólogo forense Kirk Heilbrun sostiene que Lindsay no tuvo psicosis, pero padecía un trastorno bipolar y depresión, afecciones agravadas por el insomnio y por reacciones adversas a medicamentos, y era plenamente responsable. Cree que tomó aquella decisión, de manera consciente, por su fuerte deseo de morir y por la idea de que, si moría, no quería dejar atrás a sus hijos, porque sufrirían. Dentro del trastorno bipolar hay distintos tipos y formas de desarrollo, pero si no se dan episodios de psicosis, el trastorno bipolar por sí solo no exime de responsabilidad penal.La Fiscalía cree que actuó con premeditación: habría pedido a su marido que se marchara de casa para aprovechar su ausencia y matar a los niños. Descarta la voz, por tanto, la psicosis, y considera que es plenamente responsable de sus actos pese al sufrimiento emocional que padecía. Según la acusación, la voz es una excusa para su culpabilidad.La clave del juicio radica en la posibilidad, o no, de demostrar o descartar que escuchara realmente esa voz. Las puertas del Tribunal Superior de Plymouth se han llenado de pancartas a lo largo de estas semanas. Por un lado, activistas que acusan al sistema de haber sido incapaz de atender a una mujer que llevaba tiempo pidiendo ayuda. Por el otro, detractores y simpatizantes de MAGA que sostienen que la salud mental se utiliza para enmascarar un crimen a sangre fría. Mientras, en redes, el debate continúa.Tanto los familiares de la acusada como su exmarido, el padre de los difuntos niños, la defienden. Patrick Clancy ha llegado a pedir a la sociedad que la perdone como la ha perdonado él. Que no se juzguen los hechos sin conocerla porque, según sus palabras, la verdadera Lindsay era una madre maravillosa. Psicosis o excusa. Empiezan las deliberaciones.