Estados Unidos no logra dar con una receta para acabar con 'la amenaza iraní'. Mató al ayatolá. Bombardeó centrales nucleares, buques, cuarteles y arsenales. Presionó, presionó y presionó con la razón de las armas. Infructuosamente. Ahora, Donald Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentan un último gran experimento: la "Operación Paria Económico". Bessent ha descrito la ofensiva como una campaña "sin precedentes para cortar todas las vías de sustento económico que aún mantienen a la República Islámica de Irán". Teherán lleva años bajo un régimen de estrictas sanciones y fuera del sistema de pagos internacionales. Washington lleva meses imponiendo un bloqueo naval. De nuevo, sin éxito. Así que en esta ocasión, amenaza Bessent, EEUU desatará su ira económica y poder de sus sanciones contra cualquier "facilitador" que canalice dinero hacia la República Islámica. “Quienes apoyan a Irán compran y transportan su petróleo. Facilitan el flujo de sus finanzas a través de casas de cambio y zonas francas. Reciben los vuelos iraníes y mantienen registros en su nombre. Hacen la vista gorda ante las transferencias marítimas de combustible y el uso ilícito de sus bancos, todo ello mientras ocultan el alcance de su complicidad”, señaló Bessent. El secretario del Tesoro no les puso nombre (ni siquiera cuando fue preguntado directamente por los periodistas), pero flotaban claramente en el aire: Emiratos Árabes Unidos, China y Rusia. Y especialmente los dos últimos, por una u otra razón, son precisamente países con los que la Administración Trump no quiere meterse. TE PUEDE INTERESAR Empecemos por el más sencillo: Emiratos Árabes Unidos. A él le corresponde el flujo de las finanzas iraníes a través de las casas de cambio y zonas francas, así como los vuelos iraníes y registros en su nombre. Cerca del 80% de las divisas que Irán necesita para pagar importaciones se obtienen a través del mercado de dirhams de Dubái. Es decir, un importador iraní necesita moneda extranjera para comprar mercancías, monedas que no puede obtener del sistema bancario internacional por las sanciones, así que recurre a las casas de cambio en Dubái que convierten los riales en dirhams y de ahí a dólares y cualquier otra moneda necesaria. Ni siquiera hace falta salir de Emiratos. El 40% de las divisas utilizadas específicamente para bienes esenciales termina liquidándose en compras dentro del país, pagándose con una prima del 5–20%. Un negocio redondo... Mientras no atraigas la ira de EEUU. Desde que Washington se percató que únicamente con misiles no iba a derribar al gobierno en Teherán, Emiratos ha estado bajo presión de la Administración Trump para que se uniera a su campaña de ahogamiento económico de Irán. En abril, el propio Departamento del Tesoro escribió a los líderes emiratíes para que cerraran la red de sucursales bancarias que Teherán utiliza para evadir sanciones. Sin éxito: por poner un ejemplo, el banco Melli, sancionado, cuenta a día de hoy con siete oficinas en Emiratos. El país sí que ha dado a regañadientes alguna señal de que conformidad con EEUU, anunciando la suspensión de toda relación económica con Irán. Y sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que mucho de ese comercio continuará bajo cuerda, como ya fue sucediendo incluso en lo más crudo de la guerra con Irán. El siguiente es Rusia. Numerosos informes apuntan a que Teherán ha utilizado valiosa información de inteligencia entregada por Rusia para afinar sus ataques contra bases militares estadounidenses y del Golfo, dejando centenares de heridos entre los soldados de EEUU. Ucrania, además, ha acusado a Moscú de proporcionar tecnología de drones. En julio, Kiev atacaba un "buque comercial" iraní en el mar Caspio, que según Teherán transportaba un cargamento de hierro en una "ruta comercial" entre Irán y Rusia. Y sin embargo, cada vez que se le mencionaba esta cooperación, Donald Trump le restaba importancia. Primero, negándola. Segundo, asegurando que, si sucediera, "no ayuda apenas" a Irán. Coincide con la línea que ha demostrado el magnate desde su llegada a la Casa Blanca en 2025: ha evitado por todos los medios posibles ampliar las sanciones económicas a Rusia, hablando en multitud de ocasiones de un futuro en el que Moscú se reincorpore a los mercados internacionales. TE PUEDE INTERESAR Pero por su puesto, el verdadero elefante en la habitación es China. El gigante asiático ha sido durante años el principal comprador del petróleo iraní y en 2025 compró más del 80% de las exportaciones de petróleo de Teherán, significando casi la mitad del presupuesto del gobierno. Aquí surge una de las otras grandes incógnitas de la “Operación Paria Económico”. ¿Está Estados Unidos dispuesto a elevar las tensiones con Pekín un mes antes de la reunión prevista entre Donald Trump y Xi Jinping? Estamos, precisamente, ante un periodo en el que Trump intenta restablecer los frágiles lazos, y medidas demasiado radicales socavarían su diplomacia hacia el país. Por ahora, varias empresas de Hong Kong y China figuran en la lista de sancionados. Pekín ha criticado ya estas medidas que, sostienen, carecen de fundamento en el derecho internacional. "China tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses", dijo Lin Jian, uno de los portavoces del Ministerio de Exteriores. "El bloqueo económico y la política de máxima presión no son la solución. La prioridad ahora es favorecer una desescalada y regresar cuanto antes a la vía del diálogo y la negociación", añadió. Delicada situación A pesar de la escalada económica anunciada por Scott Bessent, no hay mucha novedad en intentar convertir a Irán en un paria económico. Sin embargo, el ahogamiento de Irán es más difícil de lo que piensa la Administración Trump. La República Islámica tiene una economía acostumbrada a las sanciones occidentales, impuestas desde hace décadas, y Teherán empezó a prepararse hace tiempo para hacerles frente. Las autoridades han creado una economía “de resistencia” en la que han creado una red descentralizada de empresas y han desarrollado una flota clandestina de buques cisterna que utiliza transferencias de barco a barco, datos de seguimiento alterados y documentación falsa para transportar petróleo. Precisamente a través de las entidades que están ahora en el punto de mira de Washington. En 2024, se registraron 9.000 millones de dólares en actividades bancarias en la sombra iraníes a través de cuentas corresponsales estadounidenses, según informó la Red de Control de Delitos Financieros de Estados Unidos (FINDEN), basándose en informes de instituciones financieras estadounidenses. TE PUEDE INTERESAR Pero ni siquiera estos salvavidas económicos han conseguido que Teherán sufra las consecuencias de la guerra. Antes de que Scott Bessent hiciera efectiva su ofensiva económica contra Irán, empezaron sus efectos. El lunes, la moneda iraní, el rial, alcanzó un nuevo mínimo histórico y cayó a 2,02 millones por dólar estadounidense al abrir las operaciones en los mercados de divisas. La inflación desbocada y el crecimiento en negativo de la economía iraní ya eran problemas que tenía que afrontar Teherán antes del inicio de la Operación Furía Épica el 28 de febrero, pero los meses de guerra han agudizado la situación. Desde el inicio de la guerra, el arroz ha subido alrededor del 60% y los precios de la carne de res son más del 150% más altos. Paralelamente, Abdolnaser Hemmati, gobernador del banco central de Irán, declaró esta semana que las exportaciones de petróleo iraní se han suspendido, lo que afecta a los ingresos por ventas petroleras del país. “Es una realidad que no estamos exportando petróleo. Los estadounidenses han congelado nuestras reservas de divisas y no nos permiten acceder a ellas”, dijo. TE PUEDE INTERESAR El propio Gobierno iraní ha admitido que los iraníes están sufriendo las consecuencias de esta guerra. “Lamentamos que existan estos problemas, ya que nos encontramos inmersos en una guerra económica, militar y de seguridad a gran escala”, declaró el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. “Como gobierno, buscamos con todas nuestras fuerzas encauzar la inflación, los problemas públicos, el sustento de la gente, los empleos, el futuro y la vida de las personas hacia la dignidad y el orgullo”, añadió. Por ahora, la crisis en las calles de Irán se ha traducido en una presión política. El malestar apenas ha aumentado a los niveles anteriores a la guerra, cuando miles de personas se manifestaron para conseguir mejores condiciones de vida. Por el contrario, varios analistas han afirmado que el inicio de la guerra ha provocado un aumento del nacionalismo en la República Islámica y ha rebajado las posibilidades de una revuelta popular a pesar de la inflación y el aumento del precio de los productos básicos. Pero, para algunos miembros del Gobierno iraní, la presión económica contra Irán puede acabar teniendo serias consecuencias. El propio presidente, Masoud Pezeshkian, ha pedido que cesen las hostilidades. “La guerra debe terminar en algún momento. Es mejor que demostremos nuestra fuerza y dignidad hoy y le digamos al mundo que hemos ganado y que estamos poniendo fin a la guerra”, declaró. TE PUEDE INTERESAR El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue menos directo, pero afirmó que no habrá seguridad si el país ignora su crisis económica. ”Por mucho poder militar que tengamos, si nuestro pueblo sufre y el país carece de liquidez y crecimiento económico, no lograremos progresar”, dijo. “Como alguien que ha vivido la guerra, comprende el verdadero valor de la paz”. Las declaraciones ponen de manifiesto la división en la República Islámica entre los más moderados y a favor de negociar con Estados Unidos, con Pezeshkian como máximo representante, y los partidarios del ala dura. Este mes, el líder ayatolá Mojtaba Jamenei nombró a Mohsen Rezaei, un antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, como máximo responsable de seguridad del país. La medida fue interpretada por varios analistas iraníes como una señal de que figuras como Ghalibaf habían sido relegadas a un segundo plano político. Jamenei designó a otras figuras dentro del gabinete de seguridad que representan una generación anterior de funcionarios que formaron parte de la revolución que estableció la República Islámica en 1979 y fueron comandantes en la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980. Ahora, están dispuestos a continuar con la guerra hasta que sea necesario. Y Mojtaba ha demostrado estar de su lado, aumentando los temores a una mayor escalada bélica. “En Irán existe la opinión generalizada de que la guerra principal aún no ha comenzado”, afirmó Mohammad Hassan Sangtarash, analista de defensa radicado en Teherán y cercano al gobierno iraní, a The Wall Street Journal. “Lo que hemos visto hasta ahora se interpreta cada vez más a través del prisma de las tácticas de ‘avanzar poco a poco’: una escalada limitada y gradual diseñada para debilitar las capacidades antes de una confrontación mayor”, añadió.
¿Quién es quién? Por qué EEUU no se atreve a nombrar a los 'salvavidas' de los ayatolás
Emiratos, China y Rusia son algunas de las vías que todavía mantienen a flote la economía iraní. EEUU amenaza con cortarlas, pero tiene pocas herramientas











