Las nuevas sanciones que Estados Unidos ha anunciado contra Irán y quienes ayuden a este país a sobrevivir económicamente son, según alardea el Departamento del Tesoro, las más duras en 50 años. Con ellas, la Administración de Donald Trump cree que Teherán quedará completamente aislado —ha bautizado su nueva campaña como Operación Paria Económico— y se verá obligado a rendirse en la guerra que cumplirá seis meses este viernes. Afectan a individuos, a barcos de la flota fantasma iraní que distribuye su petróleo y a empresas que amparan esas exportaciones. Pero han dejado fuera elementos clave que han permitido a Irán mantener hasta ahora su resistencia, como las grandes entidades bancarias de China.En parte, las nuevas sanciones, que incluyen a 60 individuos y entidades en lugares desde Turquía hasta Hong Kong, siguen el modelo que Washington ha adoptado en la guerra en Ucrania: tratar de cerrar el grifo de los ingresos rusos mediante medidas contra su flota de barcos exportadores y contra empresas e individuos intermediarios. En parte, adoptan el patrón de la asfixia económica que Estados Unidos impone a Cuba desde hace seis décadas, mediante la amenaza de sanciones secundarias a quienes colaboren con el país enemigo.Así, aparecen en las listas que han publicado el Departamento del Tesoro y el de Estado varias personas físicas y jurídicas de China y de Hong Kong, a las que Washington responsabiliza de ayudar a transportar bienes desde y hacia Irán, incluida tecnología sensible. La compañía Sweet Ocean Industrial Limited de Hong Kong, especializada en la producción y venta de equipos de laboratorio y material óptico, queda acusada de ayudar a Irán a obtener productos estratégicos y de uso dual, incluidos equipos ópticos de láser. Igualmente, dos residentes en China, Tian Jianbai y Zhang Limei, han desempeñado, según Washington, un papel fundamental en el suministro de un acelerómetro (un instrumento de navegación que puede usarse en aviones y misiles) y en los pagos y entregas de la firma hongkonesa, respectivamente. A una tercera persona, Li Na, directora de la hongkonesa RPT Technology Limited, también se le atribuye responsabilidad en el suministro de material a Irán en nombre de Sweet Ocean. Al menos parte de los equipos transferidos a través de esta red iban a parar a la Universidad Malek Ashtar de Tecnología, una institución de investigación relacionada con el Ministerio de Defensa iraní y sancionada por la Unión Europea. Ese tipo de redes han permitido que Irán obtenga tecnología de uso dual mediante “un amplio sistema de empresas pantalla, canales financieros encubiertos e intermediarios logísticos en el este de Asia”, apunta el Departamento del Tesoro.Otras empresas de Hong Kong también aparecen en la lista de sanciones, acusadas de actuar como compañías pantalla para las compras y pagos de productos sensibles por parte iraní. Entre ellas, las firmas Feili, Minvur, o Feisu. Otras están acusadas de hacerse cargo de las cuestiones logísticas, como Shenzhen Huamei Lianyun International Logistics o Bositong Supply Chain Shenzhen.“Un disparo de aviso”Pese a la pompa con que Estados Unidos había anunciado las medidas que presentó el secretario del Tesoro Scott Bessent este lunes, y la grandilocuencia con la que describe a las entidades sancionadas, el propio responsable de la primera economía del mundo reconoció en su comparecencia ante la prensa que no son suficientes. Solo se trata, admitió, de “un disparo de advertencia” para dar tiempo a los gobiernos que colaboren con Irán a desvincularse de ese régimen, sin desencadenar mientras tanto “una explosión en los sistemas financieros globales”.“Ninguna de las medidas cambia nada sustancial. La retórica con la que se presentan es feroz, pero el golpe que propinan lo es mucho menos”, opina Dan Fried, antiguo responsable del Departamento de Estado para Europa y actualmente analista en el think tank Atlantic Council. “Asestar un golpe devastador a la economía iraní requeriría arremeter contra las grandes firmas y bancos de China, y esos pasos no se han dado”.Bessent prometía que, en caso de que esos gobiernos y entidades hagan caso omiso de las amenazas estadounidenses, Washington irá anunciando gradualmente medidas cada vez más contundentes. Esta misma semana, declaraba, podrían llegar castigos contra una “gran institución financiera”.Esa intención explica, al menos en parte, por qué la Administración Trump, pese a sus amenazas, ha optado por no tirarse a la yugular económica de Irán y castigar donde duele a los principales gobiernos colaboradores de la República Islámica: los bancos de China —el principal comprador de petróleo del país persa—, Rusia o incluso Pakistán y los socios árabes del Golfo. “Es revelador”, considera Fried. “Estados Unidos amenaza con medidas contra terceros países que no rompan lazos económicos con Irán, pero hacerlo implica costes y riesgos que Bessent ha dado a entender que no quiere asumir”.Otra razón es el riesgo de posibles represalias que gobiernos como el de Pekín podrían emprender contra la economía estadounidense en caso de verse hostigados seriamente. Y, una tercera, la dificultad de aplicarlas: los sistemas financieros de Rusia o China no están fuertemente vinculados con el estadounidense. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Li Jian, ya ha advertido este martes en su rueda de prensa diaria: “China tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses”. “El bloqueo económico y la política de máxima presión no son la solución. La prioridad ahora es favorecer una desescalada y regresar cuanto antes a la vía del diálogo y la negociación”, ha añadido.Las nuevas sanciones, por sí solas, no van a precipitar el hundimiento de un régimen iraní que ha capeado, mal que bien, los castigos impuestos por Occidente desde la Revolución Islámica de 1979 y los ataques estadounidenses contra su territorio durante la guerra actual. Pero sí marcan un cambio en la táctica de Washington para tratar de gestionar un conflicto en el que no ha conseguido sus metas —el estrecho de Ormuz sigue bloqueado e Irán no renuncia a su programa nuclear— y del que quiere olvidarse cuanto antes. La Administración Trump descarta la vía militar para concentrarse en la guerra económica.Pero las guerras económicas, y las sanciones, llevan tiempo, y el actual presidente de Estados Unidos no es exactamente célebre por su impasibilidad. Una de las incógnitas, ahora, es si Washington mantendrá la paciencia necesaria para esperar a que las medidas hagan mella en la economía de su enemigo. “Parece que algunos en la Administración son conscientes de que no es probable una gran victoria mediante la fuerza contra Irán, y están tratando de volver a una situación sostenible y más a largo plazo. Es una decisión racional. Las debilidades de Irán van a aumentar a medida que pase el tiempo. Pero esa estrategia no será fácil de mantener, especialmente para una Administración conocida por su impaciencia y volatilidad”, apunta Fried.
Las sanciones de EE UU para aislar la economía de Irán excluyen entidades clave
El Departamento del Tesoro castiga a la flota fantasma iraní y a empresas, pero deja fuera a los bancos de China, uno de los grandes apoyos del sistema financiero de Teherán










