Se espera que Estados Unidos detalle este lunes el nuevo castigo que impondrá a Irán, anunciado por el presidente Donald Trump como "la operación económica más devastadora de la historia contra ningún país". Una oleada de sanciones para el régimen iraní y quien comercie con Teherán que es, sin embargo, ninguneada por los Guardianes de la Revolución, desafiantes gracias a la presión que aún ejercen en el estrecho de Ormuz. La penalización económica a Irán ya ha sido rechazada por China, el principal socio económico de Irán hasta que EEUU e Israel desataron la actual crisis en el Golfo Pérsico. Pekín ha rehusado participar en esta nueva fase "económica" de la guerra contra Irán, en la que Trump se juega la poca credibilidad que le queda para finiquitar este conflicto antes de las elecciones parciales de noviembre en EEUU.PublicidadEEUU quiere aniquilar de una vez por todas la capacidad económica de Irán y reabrir el paso de Ormuz, pero no le va a ser fácil. El régimen islámico anticipa como "un fracaso" la nueva ofensiva de Washington contra el país persa y contra quienes aún compran su petróleo y gas saltándose el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. Trump, ya al límite del paroxismo político por su impotencia para poner fin a una guerra que solo ha servido para aplastar el prestigio de EEUU y dañar a los propios estadounidenses y al resto del planeta, al obstruir una de las mayores vías de tránsito de crudo y gas del mundo, quiere jugar una última carta, esta vez de manos del chantaje económico y su presión sobre unos mercados mundiales que ya no domina Washington. ¿Un nuevo farol de Trump?No son pocos, sin embargo, quienes ven en esta jugada un nuevo farol del líder estadounidense que solo traerá más crispación internacional, especialmente de superpotencias como China o Rusia, otro de los países que sigue negociando abiertamente y en la sombra con el régimen de los ayatolás. Una operación que, de fracasar, dejará a Trump sin otras salidas que el reconocimiento de su derrota a la hora de doblegar a Irán o el empleo de medios militares desesperados. Esta última solución supondría el hundimiento político de Trump, salvo que el actual presidente de EEUU actúe contra el propio proceso electoral en marcha, como ya ha amenazado hacer en alguna ocasión.El futuro del conflicto aparece más incierto que nunca, pues a Trump se le acaba el tiempo, con los comicios legislativos de medio término a la vuelta de la esquina, el próximo 3 de noviembre. Además, el Ejército estadounidense está sufriendo un desgaste inimaginable, vaciando sus arsenales de misiles en la pugna con Irán y exponiendo otros flancos, como el asiático ante China, con el despacho desde el Pacífico a Oriente Medio de su principal portaaviones allí desplegado, el USS George Washington, para relevar al que tiene navegando desde hace meses por el escenario del conflicto, con su tripulación exhausta y al borde del motín.PublicidadE Irán no está flaqueando en su resistencia ante EEUU. Todo lo contrario, las incesantes acciones bélicas iraníes en el estrecho de Ormuz, puntuales pero eficaces, evidencian que las afirmaciones de Trump de que está casi despejado este paso clave para el trasiego de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico no son nada más que bravatas para consumo interno, con los países árabes de la región como los auténticos rehenes de esa ineptitud, incrédulos ante los pasos que dice que da su mayor aliado. Unas sanciones condenadas al fracasoEl problema para Washington es que quien menos se cree los cuentos de Trump sobre el curso de la guerra es el enemigo a abatir. Esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abás Araqchí, recordó que ya antes EEUU había pronunciado amenazas similares a la de esta guerra económica total y como en esos casos la actual operación económica "está condenada al fracaso". "Hemos visto esta película antes. El mismo cuento, diferentes matones", aseveró Araqchí en las redes sociales. Rememoró, en este sentido, la incapacidad de EEUU para doblegar a Irán con esa presión económica 14 años atrás, con la entonces Administración demócrata al frente del timón de la Casa Blanca, o hace medio año, cuando Trump prometió, al lanzar su ofensiva contra el régimen islámico, una inminente rendición incondicional de los ayatolás.PublicidadEn opinión de Araqchi, este "Día D económico" (en referencia al día D del desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial) es en realidad "un intento de desviar la atención de la propia crisis de EEUU: una deuda sin precedentes, con el coste de los intereses disparado". Irán, aunque ofrece una imagen de serenidad y desdén ante las amenazas de Trump, no cierra todas las puertas, sabedor de que una mayor dureza en las sanciones acabará haciéndole mucho daño, aunque pueda resistir seis meses más. Por eso, este lunes está en Teherán el jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, para, según Islamabad, "proseguir con los esfuerzos de Pakistán a fin de contribuir a promover la paz", dado el fin de los contactos oficiales entre Irán y EEUU para negociar un armisticio. Con el memorando de entendimiento firmado en junio para detener la guerra convertido en papel mojado, las perspectivas de un alto el fuego son, no obstante, exiguas. Irán amenaza extender la guerraEn estas circunstancias, la respuesta de Irán a esta última coerción estadounidense ha sido igualmente dura. En la noche del sábado, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei, advirtió "a todos los países vecinos que no se sumen a la guerra económica" lanzada por EEUU contra la República Islámica. En caso contrario, conminó Rezaei en una entrevista con la televisión estatal, "cualquiera que lo haga será considerado un país enemigo".En este sentido, el responsable iraní amenazó con atacar rutas de exportación de crudo fuera del estrecho de Ormuz, lo que supondría de facto una ampliación más de la guerra lanzada por EEUU e Israel el pasado 28 de febrero, extendida dos días después al Líbano por el Ejército israelí, y que ha tenido ya escaramuzas en el Mediterráneo, el mar Rojo contra los aliados yemeníes de Irán e incluso el mar Caspio, con un ataque ucraniano a un buque iraní, que pudo desatar una inquietante respuesta de Rusia.Hasta ahora, el principal teatro de la guerra ha sido el Golfo Pérsico e Irán, con los ataques a puertos, ciudades, instalaciones militares e infraestructuras civiles persas, y con la respuesta del Ejército iraní contra bases estadounidenses en la zona y los países árabes que las albergan, incluida Jordania o el Kurdistán iraquí, más allá de ese territorio marítimo.Razei insistió en que Irán está listo para golpear la economía de EEUU. "No hemos atacado ningún interés económico estadounidense. Hasta ahora, solo hemos atacado bases militares, pero si pretenden imponernos sanciones económicas, Estados Unidos posee petróleo y empresas económicas en la región, y las atacaremos", advirtió.El diario británico Financial Times indicó esta semana que, según fuentes de inteligencia de Londres, Irán evalúa atacar bases con presencia estadounidense en Europa, especialmente en el Mediterráneo.PublicidadAmenazas de EEUUAunque no se ha especificado cuáles serán esas nuevas medidas de presión económica estadounidenses, el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, apuntó esta semana contra los países que ofrezcan "cualquier tipo de ayuda vital a Irán" y los amenazó con consecuencias económicas. En estos momentos, Irán sufre numerosas sanciones que incluyen la prohibición de vender petróleo en los mercados internacionales o la congelación de sus activos financieros en el exterior. Es el comercio al margen de los cauces normalizados por Occidente el que le está permitiendo sobrevivir.China, al frente de los socios comerciales de Irán, compraba antes de la guerra cerca del 90% del petróleo iraní a precios reducidos. La llamada a la guerra económica lanzada por Trump el miércoles alude directamente al gigante asiático, aunque esa quizá no fuera la intención de la errática estrategia del presidente estadounidense, ya escaldado de anteriores confrontaciones comerciales con Pekín y con una visita pendiente del líder chino, Xi Jinping, a Washington a fines de septiembre. En cualquier caso, China se ha dado por aludida.A la andanada de Trump, de momento dialéctica, el Gobierno chino respondió claramente: Pekín rechaza cualquier sanción ilegal y unilateral contra Irán que no tenga la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU o no se vea respaldada por el derecho internacional. Esta fue la respuesta a la petición concreta de Bessent para que China se sumara a la iniciativa de Trump destinada a obligar a Irán a aceptar el fin de la guerra bajo las exigencias de EEUU.PublicidadChina ordena ignorar las nuevas sanciones de EEUU"Las sanciones y la presión no ayudarán a resolver el problema" y la coerción solo agravará la crisis regional actual, indicó el Ministerio de Exteriores chino. Al tiempo, el Ministerio de Comercio de China instó a las empresas nacionales y a las refinerías de petróleo independientes (conocidas como teapots) a ignorar las sanciones estadounidenses. El Gobierno chino enarbola para ello una normativa de 2021 que prohíbe a las empresas de este país acatar sanciones extranjeras que sean consideradas como ilegítimas.La situación, en todo caso, es muy complicada y la tensión crece en Pekín ante la crisis desatada por Trump, sin visos de llegar a buen término. Y la paciencia china puede también tener un límite. Con la caída de las ofertas de crudo procedente de Irán, los precios de los carburantes han subido, especialmente después de que el pasado 13 de julio EEUU reanudara el bloqueo a los puertos y buques iraníes, que había sido levantado con la aplicación del memorando de entendimiento. Si nada cambia, será en septiembre y octubre cuando esa escasez se sienta más en China, sobre todo en esas empresas que compran buena parte del petróleo sujeto a sanciones y que se ocupan del refinado de una quinta parte de los productos petrolíferos que llegan a China. Es la mayor caída en las importaciones de crudo iraní desde el año 2023.El factor rusoEn este medio año de guerra, pese a los bloqueos y sanciones internacionales, Irán ha encontrado la forma de continuar exportando su petróleo hacia China y otros países. Parte de ese crudo "ilegal" está pasando por Rusia con dirección a otros estados, China el primero. PublicidadLa aplicación estricta de las nuevas sanciones estadounidenses afectaría, pues, a los negocios de Moscú y a su geopolítica. Se dispararía el riesgo de que la crisis de Oriente Medio se extienda hacia el norte, con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, siempre dispuesto a agradar a Trump y listo para ordenar atacar los petroleros iraníes o rusos que naveguen por el Caspio o el mar Negro con crudo para China si con esta acción consigue el aplauso del presidente estadounidense y meter una cuña entre éste y el líder ruso, Vladímir Putin.Cuando Bessent o cualquier otro pretoriano de Trump lea la letra pequeña de esa operación económica "devastadora" contra Irán, debería tener en cuenta antes de nada cómo va a afectar realmente a China. La visita de Xi a Washington podría pender de un hilo, así como la imagen de Trump ante las elecciones, un mes después.