Con la llegada del nuevo curso escolar, las familias se enfrentan a una de las decisiones más complejas e ineludibles de la crianza moderna: la elección de las actividades extraescolares. En un entorno cada vez más competitivo, en el que parece que cada hora libre en el horario semanal de los niños es una potencial inversión en su futuro profesional, los expertos invitan a frenar y cambiar la perspectiva.

“Yo empezaría por algo bastante sencillo: preguntarnos cómo es ese niño o niña y qué necesita en este momento, más que pensar de entrada qué actividad le puede aportar más”, propone Belén Díaz Allende, psicóloga del equipo técnico de la Asociación Sumando y educadora certificada en disciplina positiva, que cree que el punto de partida debe ser la individualidad de cada menor.

“Hay niños y niñas que necesitan movimiento, otros que disfrutan mucho de actividades más tranquilas, algunos que buscan relacionarse y otros que necesitan precisamente un espacio en el que sentirse cómodos y seguros”, señala Díaz Allende, que también recuerda la importancia del tiempo de descanso. “El tiempo libre también es necesario. A veces parece que si una tarde está vacía, tenemos que llenarla con algo. Y no siempre. Jugar, estar en casa, aburrirse, inventar cosas o simplemente no hacer nada también forma parte de crecer”, defiende la psicóloga.