24/08/2026 a las 01:33h.

Desde la Marcha Verde cuando Hasan II aprovechó el vacío de poder y el aislamiento internacional del régimen franquista, Marruecos ha intentado monitorizar la política española. Sus cartas: marroquinidad del Sahara, Ceuta, Melilla y, ya puestos, las Canarias. Mientras España contó con el primo Zumosol ... yanqui, los trapicheos del vecino de abajo se saldaban con una solemne declaración sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y la españolidad inequívoca de Ceuta y Melilla. Tras la bravata marroquí transcurría un tiempo de calma chicha y vuelta a empezar. La geopolítica alauí cursa cual dolencia crónica: puede aliviarse, pero no se cura nunca.