El camino hacia una angosta playa de Portinatx serpentea desde lo alto de la carretera e involucra el paso por un aparcamiento, unas escaleras de color terracota y un restaurante de lujo. Todo ello forma parte de un hotel de cinco estrellas que abrió sus puertas el pasado mes de julio y que abarca buena parte del litoral. De hecho, el acceso a la cala, de reducidas dimensiones y sin nombre, obliga a pasar por el alojamiento, inspirado en los colores y el estilo del desierto marroquí de Agafay y cuya edificación llega casi hasta la arena.

Allí, un socorrista controla, desde una silla, el mar. Es un trabajador de una empresa externa contratada por el hotel, explica al ser preguntado por este diario. Hasta hace poco, no trabajaban en Portinatx —continúa—, pero este verano la compañía tiene socorristas en tres alojamientos de alto standing de la zona vacacional. Uno de ellos es el Barceló Portinatx, ubicado a unos 20 metros de la playa.

La mayoría de los turistas que están en la cala frente al Nômade son clientes del establecimiento de lujo. Entre ellos, David, un parisino que viaja junto a su mujer y su hijo pequeño. Han venido a pasar sus vacaciones primero en una villa que han alquilado junto a unos amigos y ahora pasan cuatro días en el hotel, aunque les ha “decepcionado” un poco el servicio por el precio que han pagado.