La participación de las mujeres en la esfera pública ha ido en incremento; sin embargo, subsisten importantes disparidades. En 2026, a nivel mundial, de la totalidad de titulares de Secretarías de Estado o Ministerios, solo 22.4% son mujeres. El problema no es la proporción de las mujeres en el sector público —pues, por ejemplo, en promedio en los países de la OCDE es de 58%—, sino los fenómenos conocidos como ‘techo de cristal’ y la ‘tubería con fugas’. El primero refiere a los obstáculos que impiden que las mujeres alcancen puestos de alto nivel, como el sexismo, el reparto inequitativo de las tareas domésticas y de los cuidados, la inflexibilidad horaria, y las normas no escritas en los espacios laborales, que derivan de estereotipos y roles de género. El segundo describe la salida de las mujeres del mercado laboral, especialmente en áreas de ciencia y tecnología, ocasionada principalmente por falta de mecanismos para conciliar las responsabilidades familiares y laborales, así como la discriminación sistémica por razones de género. En México, de acuerdo con cifras del INEGI de 2021, de los puestos de titulares de las instituciones de las administraciones públicas estatales y federal, 31.6 y 23.7% los ocuparon mujeres, respectivamente; mientras que, en 2017, la Secretaría de Ha cienda y Crédito Público advirtió que en la administración pública federal, 34.3% de los puestos de confianza eran ocupados por mujeres y que, conforme aumentaba el rango, disminuía la participación de estas. Frente a ello, cabe preguntarse por qué debería importarnos la igualdad de género al interior de las instituciones públicas. Así como es cierto el refrán “cada quien cuenta de la feria como le va en ella”, así también lo es que las mujeres en puestos de liderazgo aportan una visión diferente a la de sus pares masculinos. Existe evidencia de que entre más mujeres se encuentren en puestos públicos de toma de decisiones, hay mayor crecimiento económico, se incrementa el gasto social en educación, salud y protección ambiental, aumenta la cobertura de servicios y se mejora su eficiencia y eficacia. En este sentido, para impulsar políticas públicas con perspectiva de género es necesario contar con instituciones comprometidas, desde el interior, con la igualdad de género, lo cual puede reflejarse en el uso de lenguaje incluyente; la capacitación continua del personal para prevenir discriminación y violencia contra las mujeres; la generación de datos desagregados por sexos; una política firme de cero tolerancia al hostigamiento y acoso sexual; la implementación de mecanismos que favorezcan el ascenso de las mujeres a puestos de mando, para promover la paridad vertical y horizontal; facilitar las licencias de maternidad y paternidad; evitar disparidad salarial, y establecer acciones afirmativas en favor de las mujeres, entre otras prácticas. Por primera vez en México, hay una mujer al frente del Poder Ejecutivo, lo cual no es menor: en 101 países esto nunca ha sucedido y este año solo en 28 países una mujer ocupa la Jefatura de Estado o de Gobierno. Infravalorar el momento que atravesamos sería un error. Construir el país que queremos requiere de la experiencia y perspectiva de mujeres y hombres en toda su diversidad. Tenemos la responsabilidad histórica de sumarnos, de lo contrario, seremos meros testigos del cambio cultural que ya está en marcha para disminuir la brecha de género que nos perjudica a todas y todos. Titular del Órgano Interno de Control de la Fiscalía General de la RepúblicaÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.