La era de los grandes ‘influencers’, aquellas figuras surgidas del mundo del estilo de vida que han servido hasta hoy para vendernos de todo, incluida su vida, parece llegar a su fin, envuelta en polémicas y acusaciones de falta de autenticidad. TikTok y una nueva generación menos interesada en lo aspiracional promueven un nuevo modelo más real, más divulgativo y, sobre todo, más inofensivo

“Éramos el enemigo número uno. Recuerdo cuando Prada me invitó por primera vez al desfile. Yo estaba en primera fila y escuchaba comentarios nocivos desde atrás. Eran periodistas que creían que estaba ocupando su lugar. Yo no quería quitarle el sitio a nadie, sino hacerme uno para mí. Fue duro para alguien de 20 años recibir tantas zancadillas”. Han pasado más de tres lustros desde este momento que relata el influencer Pelayo Díaz —estudió Moda en Central Saint Martins de Londres y ha colaborado con Louis Vuitton y Dolce & Gabbana, además de labrarse una personalidad televisiva—, uno de los primeros en este país a los que se nombró de esa guisa. El término se refería entonces a alguien con presencia en redes y una fiel comunidad de seguidores, que producía contenido y recomendaciones alrededor de la moda y el estilo de vida. Aquella primera generación se estrenó como elemento disruptivo con un célebre anuncio del bolso Amazona, de Loewe, de 2012, en el que un puñado de jóvenes creativos se colocaban el complemento sobre la cabeza, escandalizando a un mundo que no sabía qué le molestaba más, si lo que hacían o no saber quién diantres eran esos chavales que lo hacían.