¿Ha llegado el fin de los influencers? Así parece ser si atendemos a Tiktok, su ecosistema natural. La red social se ha llenado de vídeos comentando lo que parece ser el hartazgo del público general a las salidas de pata de banco de los creadores de contenido, cuyas polémicas han trufado el verano una tras otra. Aunque no hay números públicos que respalden esta supuesta caída, lo cierto es que son muchas las cuentas importantes que han aprovechado la tendencia para reflexionar acerca de su papel en la sociedad actual. Un debate público que habla, sobre todo, de privilegios.PublicidadTambién de un modelo de entretenimiento todavía por definirse. Al fin y al cabo, el propio término influencer no deja de ser una palabra vacía de contenido que sirve de cajón de sastre para meter a toda persona que hace cosas en Internet. El único requisito, a priori, es tener una base de seguidores amplia, a los que en principio influir. Pero claro, no es lo mismo un divulgador científico que alguien cuya actividad se reduce a reproducir bailecitos o sumarse a la tendencia vacua. Estos últimos, a los que en muchas ocasiones también se les refiere con otro término difuso, lifestyle, son los que tienen la lupa encima.¿Qué ha sucedido? La gota que colmó el vasoLo llamativo de este debate es que, por primera vez, el objeto de crítica no es tanto un personaje determinado sino el modelo en sí. Todo explota canalizado por una polémica concreta, es verdad, pero que sirvió más como gota que colmó el proverbial vaso de la paciencia de los usuarios que, en realidad, como escándalo mayoritario.Así, la paja que rompió la espalda del camello fue un vídeo de Fabiana Sevillano, influ con más de 2,2 millones de seguidores de Tiktok y que participó en la última Velada del Año, lo que da muestras de su estatus dentro del mundo cibernético. Precisamente, en un vídeo grabado tras su pelea, contaba a sus seguidores lo que había estado haciendo los días posteriores. "No he pasado por casa aún", contaba, dando muestras que había estado celebrando por todo lo alto su derrota. Sin embargo, en un momento de su alocución, la de Los Palacios y Villafranca dijo: "Yo estoy fluyendo, yo estoy fluyendo porque la gente ha tenido tres meses de verano como todos los años, pero yo he tenido, yo tengo un mes, yo en este mes me estoy desconociendo". Claro, se armó el taco.PublicidadJugando a abogado del diablo, quizá, se podría hacer un esfuerzo por argumentar que, en realidad, Sevillano quiso decir que había estado seis meses recluida preparando la pelea mientras el resto del mundo seguía su vida normal. Sin embargo, de sus palabras y los célebres “tres meses de verano” la mayoría extrajo la siguiente conclusión: vive en una burbuja completamente alejada del mundo. No en vano, con los 24 años que ya tiene la tiktoker, para la gran mayoría de la población aquellos estíos interminables son cosa del pasado. Concretamente, de la infancia.El resto de polémicas que llenaron el vasoLa salida de Sevillano se une a otras polémicas recientes como la del Carlos García (@carliyoelnervio en redes), que dijo que el eclipse del 12 de agosto era una cortina de humo para distraer a la población de los problemas reales de la sociedad y que no le importaba a nadie. Una opinión controvertida, pero que resalta más sí se tenía en cuenta que gran parte de sus vídeos del pasado mes estaban destinados al Mundial de fútbol, una competición que sí tiene un largo recorrido probado como herramienta de sportwashing por regímenes irrespetuosos con los Derechos Humanos. Por si fuese poco, para intentar arreglar el entuerto, en un vídeo posterior admitió que él mismo había acudido a ver el eclipse y que le pareció "muy chulo".La polémica del Xocas que le llevó a perder su contrato con Burger King, un vídeo de la influencer y booktoker Alicia Martínez (@Byhermos) en el que creía que el libro de La Odisea se basaba en la película de Christopher Nolan, o las diferentes controversias que siempre rodean a la figura de Roro, quien por cierto también peleó en La Velada de Ibai Llanos, han ayudado a generar la tormenta perfecta para que un segmento de la audiencia se pregunte en voz alta: ¿hemos hecho famosos a la gente correcta?PublicidadCuál es el papel de los influencers en la sociedad actualOtra pregunta pertinente podría ser: ¿por qué tienen tanta audiencia estos creadores? Especialmente aquellos cuyo contenido es fundamentalmente vacuo. Probablemente no exista una única respuesta a esta pregunta. Por un lado, no se les puede negar un buen hacer en lo suyo, que básicamente consiste en tener cierto desparpajo delante de la cámara y, por norma general, una presencia agradable según los cánones estilísticos normativos.En ese sentido, su papel no dista mucho del que jugaba el famosillo en la década anterior. Ante el decrecimiento del consumo televisivo o de prensa escrita, estos tiktokers han pasado a ocupar un lugar en el imaginario colectivo de las generaciones más jóvenes como rostros conocidos que exponen su vida en las redes sociales. En ese sentido, es habitual que entre ellos acaben surgiendo historias románticas y, en líneas generales, se sostenga un ecosistema en el que la curiosidad por lo ajeno sea el motor que sostenga el chiringuito.De hecho, el contenido en muchas ocasiones es lo de menos. Así lo demostró por ejemplo la presentación en sociedad de Laura Díaz. Con solo 16 años, sus hermanos Marta Díaz y Alphasniper, ambos influencers, mostraron al mundo su rostro durante la referenciada Velada del Año. Prácticamente, como si fuese un producto. Y funcionó. En unas horas, la nueva influencer superaba los 400.000 seguidores en sus redes sociales… sin haber subido todavía ningún post. Estas sagas familiares son, en realidad, algo muy común en el ecosistema de redes sociales, siendo las Pombo el mayor ejemplo de ello.Además, tal y cómo sucedía con el papel cuché, su figura tiene mucho de aspiracional. La ventana a una vida privilegiada que la mayoría de su fanbase nunca experimentará de primera mano. Muchos, los más jóvenes, sueñan con formar parte de ese mundo de dinero y eventos privados. Los hay, incluso, que pueden desarrollar algún tipo de relación parasocial, sintiendo que conocen a la persona que está detrás de la pantalla o, incluso, que es su amigo. La mayoría, no obstante, se conforman con mirar sabiendo que no es un anhelo realista.Sin embargo, mientras los influencers nos hacen a todos partícipes de su privilegio, existen unas normas mínimas que no deben traspasar.El momento en el que se rompió el escaparateUn error clásico de los influencers de lifestyle es el tratar de apropiarse de los males de su audiencia, quizá con la intención de ser más cercanos a ellos. O, quizá, simplemente por torpeza o incomprensión de su papel en la sociedad. Ya a finales del siglo XIX, el sociólogo Thorstein Veblen definió en Teoría de la clase ociosa que las élites demostraban su poderío a través del "ocio conspicuo". Es decir, que el no tener que trabajar era un sinónimo de su estatus superior al resto. Un marco que puede traspasarse a los influencers como representantes de la nueva élite económica.Sin embargo, muchos de ellos no se contentan con su estatus privilegiado, sino que también quieren las penurias de aquellos que están por debajo. De hecho, han existido polémicas previas al respecto como, por ejemplo, cuando Lola Lolita se quejó en 2022 del ritmo de vida que implicaba ser influencer. "La gente solo ve un par de videos en TikTok de quince segundos, dos historias y creen que no doy un palo al agua. No se dan cuenta de lo que hay detrás", dijo. Unas palabras que fueron muy contestadas en su momento y que demuestran que el patinazo de Fabiana Sevillano es, en realidad, un patrón recurrente en el gremio.PublicidadEs ahí donde se rompe el pacto tácito con la audiencia. Los seguidores aceptan esas vidas de privilegio, precisamente, por ser extraordinarias. Sin embargo, en el momento en el que los influencers buscan apropiarse de los problemas de su audiencia es cuando se genera el conflicto. El escaparate se rompe porque la audiencia tolera la fantasía, pero no la hipocresía. Se asume que el creador de contenido vive en una realidad paralela de viajes pagados, eventos exclusivos y facturas de cuatro cifras por enseñar un pintalabios; lo que ya no se perdona es el intento de mendigar la compasión moral de quien pasa penurias para pagar el alquiler."Creo que el 70% de los influencers de este país son idiotas. Es un sector al que pertenezco, pero no podemos normalizar que haya marcas que nos paguen miles de euros por subir un vídeo, que quintupliquemos los ingresos de la mayor parte de la población y que encima nos quejemos por problemas que no suponen ni el 1% de los que tiene la clase trabajadora", reflexionó al respecto el humorista Álvaro Casares, quien ha conseguido la relevancia precisamente a través de su trabajo en redes.PublicidadEntonces, ¿ha llegado el fin de los influencers?La experiencia y la hemeroteca dictan una primera respuesta pragmática: no. Pensar que este hartazgo colectivo supondrá la desaparición de la industria es subestimar la maquinaria del capitalismo de plataformas. La memoria de internet es tan corta como un scroll compulsivo, y el propio ejemplo de Lola Lolita es ilustrativo: tras la tormenta de críticas de 2022 por sus quejas laborales, su marca personal no solo sobrevivió, sino que salió reforzada en números, patrocinios y proyectos propios.Sin embargo, que el modelo continúe no significa que todo siga exactamente igual. El simple hecho de que este debate se haya colado en la conversación general ya es una noticia positiva. Al fin y al cabo, el poder de la audiencia reside en el follow y el like, por lo que el que exista una reflexión sobre el tipo de persona o contenido al que se está premiando rompe con la dictadura acrítica del algoritmo. Probablemente toda esta polémica solo haya sido una tormenta pasajera en el verano eterno de los influencers, pero más de uno ha comprendido que el clima en Internet lo sostiene quien está al otro lado de la pantalla.