PersonajazosNatalia Palacios.Alberto ReyActualizado Jueves,
agosto
21:30Dado que el mundo de los influencers es en s� mismo una simulaci�n, �c�mo nos tomamos su supuesta crisis? La rabieta de Natalia Palacios, las quejas de otros influs que sus comunidades ("sus") les est�n fallando, las marcas que les dan combustible reculando discretamente... �El comienzo del final de la burbuja de los influencers es una realidad o un deseo que le pedimos al eclipse y que no nos ser� concedido? Del colapso de los famosos de las redes se lleva hablando casi desde que comenz� el fen�meno influencer. Cierto es que la pandemia del covid les dio un ox�geno impagable: con todos encerrados en casa y enganchados a las pantallas, los creadores de contenido expandieron su influencia, su potencia y sus talonarios. Se dispar� el n�mero de cuentas de TikTok y OnlyFans y la sensaci�n era de que, con los presupuestos de marketing y comunicaci�n de las empresas inevitablemente invertidos en internet, hab�a cama para todos. Lo que no qued� claro nunca es que hubiera retorno de la inversi�n. O tanta como para seguir d�ndoles pasta a mamarrachos sin camiseta y a Amelia Bono.Sin embargo, la monetizaci�n (�os acord�is de cuando esa palabra no exist�a?) de los famosos 3.0 tiene varias caras. Una de ellas es que el simple tr�fico por sus perfiles y publicaciones en redes sociales genera ingresos. Ellos ganan dinero si les haces caso y compras lo que promocionan, pero tambi�n ganan dinero si les haces caso, punto. La escritora del pelo rizado y sucio lo sabe y no ha tenido problemas en decirlo. En su cuenta de X, claro. Y con el resultado esperado: el tuit se mueve a toda velocidad y eso abre un grifito de dinero. El escritor de pelo liso y sucio usa las redes de la misma manera: el modelo de negocio consiste en mantener tu atenci�n. Que aplaudas o abuchees es irrelevante. Estos intelectuales del escandalito no promocionan viajes o champ�s (qu� fantas�a ser�a esto �ltimo), pero s� retienen nuestra atenci�n. La econom�a de la atenci�n se llama as� por algo. Mientras estemos atentos a gente como Natalia Palacios y su marido, de burbuja nada. Y de que explote, menos.










