Si los influencers vivían en una burbuja a punto de explotar, muy pocos se dieron cuenta. Quizás tampoco quisieron hacerlo: estos creadores de contenido y —sobre todo— de opinión, muchos de ellos expertos de casi nada en el inabarcable mundo del lifestyle, han vivido demasiado tiempo subidos a un tren de vida tan fascinante como adictivo. Aupados por las marcas, que les eligen siempre en base a su número de seguidores en redes sociales (como un activo que define su valor en el mercado), los años de bonanza han visto cómo estas personalidades de internet alcanzaban un estatus acorde con los beneficios económicos que resultaban de colaboraciones pagadas y otras derivadas de su proyección mediática. ¿Hasta ahora? En los últimos días, Instagram y TikTok se han llenado de vídeos hablando de “la caída de los influencers” —o directamente pidiéndola—, muchos de ellos con reflexiones de los propios protagonistas. Aunque ya hay quien habla de un necesario cambio de modelo de negocio de los influencers, este verano la burbuja parece haber empezado a perder aire. Si aún no ha explotado, podría estar a punto de hacerlo, a la luz de las polémicas surgidas en las últimas semanas en torno a algunas de estas figuras públicas, pero, sobre todo, a la luz de los datos. La 28ª edición del informe Navegantes en la Red, de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), señala que un 69,8% de los usuarios de internet consultados en su encuesta cree que existe un uso o abuso de la publicidad encubierta por parte de estos perfiles. Además, un 61,9% parece tener claro que la mayoría de sus comentarios y publicaciones tienen un carácter publicitario.Datos aparte, a esta supuesta caída de los influencers no ha ayudado que en los últimos meses algunos de ellos hayan protagonizado polémicas virales; en concreto, originadas por atreverse a abandonar su neutralidad para opinar. En el caso del influencer Carlos García, conocido como Carliyo el nervio, fue por su opinión sobre el eclipse solar total del pasado 12 de agosto. En realidad, por decir públicamente a sus 1,7 millones de seguidores en TikTok (no en su perfil de Instagram, con 695.000 seguidores) que este fenómeno astronómico histórico (aunque “de mierda”, según su opinión) no era más que una cortina de humo para desviar la atención de la crisis que vive España. El vídeo con la advertencia, que Carlos García hace en bermudas, mientras que se mueve con el nervio del que seguramente le venga el apodo, tiene más de 5.000 comentarios, algunos de ellos recordándole al creador digital que hasta ese momento no se había pronunciado nunca sobre la crisis de la vivienda o los cribados de cáncer en Andalucía, aunque sí de la selección española y el reciente Mundial de fútbol. Sin vender nada, este y el vídeo aclaratorio que subió tres días después, cuando la funa (intento de cancelación de un influencer) ya le había eclipsado a él —“nunca dije que el eclipse lo hubiera puesto Pedro Sánchez”, asevera—, son los más viralizados de su cuenta en los últimos días.Conscientes de que sus costuras se abren, algunos influencers han salido a hacer lo que mejor hacen: comunicar en sus redes. Lo ha hecho Fabiana Sevillano (1,1 millones de seguidores en Instagram y 2,2 en TikTok). “Your spirit animal”, como se define esta influencer de estilo de vida en su bio de TikTok, publicaba un vídeo hace dos días en su perfil en esta red social para apuntar su opinión sobre el advenimiento de una supuesta caída que, asegura, “no va a ser una funa como tal”. Con una introducción poco prometedora, en la que asegura que mientras graba el vídeo ni siquiera sabe si lo compartirá, ya que “cada vez que yo hablo sube el pan”, la sevillana introduce en cambio ideas interesantes: como que toda esta polémica sobre los influencers, lejos de perjudicarles, aumenta su visibilidad. “Hay mala fama, pero no hay engagement malo”, resume Sevillano, quien también opina que los influencers fueron “el fin de la televisión”, porque “la gente estaba harta de celebrities y gente muy privilegiada y querían gente más de a pie”. En el momento en el que ese influencer “deja de ser cercano y conectar con la gente”, reflexiona, “ya no nos interesa”. Y aunque insiste en que este intento de cancelarles no va a acabar con ellos, sí cree que lo único que lo hará será “un concepto nuevo”. Cuál, nadie lo sabe aún, tampoco ella.Quien tampoco cree que la caída de los influencers vaya a ser el meteorito que algunos están imaginando es Marc Biarnés, mucho más conocido como @nosoloviernes2 en su perfil de Instagram (con 841.000 seguidores) y TikTok (más de 874.000 seguidores). El catalán es conocido azote de muchos de los perfiles de lifestyle que han precipitado la mala fama de estas figuras. Aún resuenan los aplausos digitales que recibió por poner el foco en quienes desfilan por las alfombras rojas de los festivales de cine sin haber visto una película —“¿Qué pintan determinados influencers en la fiesta del cine español? Nada”, dijo a principios de año—. En un vídeo publicado este martes, no ha querido dejar de dar su opinión sobre lo que acontece ahora: “Está llegando el deterioro de ese contenido tan simplista como ‘tú estás en Cerdanyola del Vallès y yo es la tercera vez que vengo a Bali este año”, dice en el clip sobre algo que, asegura, tiene fecha de caducidad porque “cansa”.Muy crítico se ha mostrado también Thomi Müller, un experto canino de origen francés y afincado en Madrid que se atreve a señalar a otras personas que no son los mismos influencers: sus seguidores, tan responsables como ellos de la burbuja, y de que esta ahora esté pinchando. Desde su perfil en Instagram, @ninjaskadi (por su perra Skadi), donde tiene 670.000 seguidores, comenta el vídeo de Fabiana Sevillano y pregunta a quienes se quejan de estos perfiles: “¿Sois conscientes de que sois vosotros quienes habéis puesto a estas personas en la cima?“. El adiestrador cree además que la caída de los influencers no será extensiva, sino que afectará a quienes se dedican al estilo de vida, en sus palabras: ”Persona que, a pesar de no tener ningún talento, conocimiento o creatividad destacable, se hizo famoso o famosa por ser guapo o guapa, hacer el tonto en un reality o siendo novio, novia, hijo, hija, hermano o hermana de otro famoso o famosa". Más realista aún ha sido Álvaro Casares, quien ha reconocido en otro vídeo a sus seguidores en Instagram (866.000) que se considera un privilegiado, y que no entiende las quejas de algunos de sus compañeros de profesión. “No podemos normalizar que haya marcas que nos paguen miles de euros por subir un vídeo y que en muchas ocasiones quintupliquemos, a veces hasta más, los ingresos de gran parte de la población y que encima te estés quejando”, dice a cámara el madrileño mientras tiende la ropa en el patio y se acuerda de los problemas reales de la “clase trabajadora de este país”. “Nos lo hemos buscado un poquito”, opina por su parte María Teresa Hidalgo, @may_te en su perfil de Instagram, desde donde la humorista comparte con sus 1,1 millones de seguidores sus vídeos costumbristas, con la maternidad y las particularidades generacionales siempre de fondo: “Esto empezó siendo gente normal en su casa (...), todo muy humilde, y de la noche a la mañana...”, explica en otro vídeo, antes de empezar a parodiar a quienes se dedican a compartir su privilegiado modo de vida, el “influencer inalcanzable”. O, como ejemplifica, ese que te enseña sus “180 metros de cocina y tú cortándote el tomate encima de la vitro porque no tienes para poner una puta tabla”.
¿Por la boca mueren los ‘influencers’? Así es el debate sobre su supuesta caída y lo que ellos mismos dicen
En los últimos días, Instagram y TikTok se han llenado de vídeos hablando del fin de los creadores de contenido de ‘lifestyle’. Tras años de lo que parecía un auge sin techo, la desconfianza hacia lo que cuentan y sus motivos para hacerlo ha empezado a aumentar









