La rivalidad entre Turquía e Israel ha dejado de ser sólo palabrería. Con el mapa de Oriente Medio cuarteado por la ofensiva estadounidense sobre Irán, la nueva Siria post-Asad se ha mantenido sorprendentemente fuera del conflicto. Liberada de la hegemonía persa después de la huida del sanguinario dictador, dos potencias regionales, Israel y Turquía, buscan ahora en Siria ampliar su influencia en la región.Desde que los rebeldes de la Organización para la Liberación del Levante (HTS), en sus siglas en árabe, derrocaron al régimen de Bashar el Asad en diciembre de 2024, Tel Aviv ha hecho todo lo posible para que Siria no se convirtiera en una amenaza para Israel. Detrás del golpe militar estaba Ahmed el Sharaa -el exmiliciano que ahora ostenta la presidencia siria-, y su principal apoyo militar: Turquía. Pero solo una jornada después de que los yihadistas derrocaran a El Asad, la aviación israelí fulminó cualquier posibilidad de una Siria armada al bombardear todas las bases del Ejército sirio en una sola noche.Aquella desconfianza inicial no ha hecho sino crecer, y el pasado martes dio un salto cualitativo: cazas israelíes atacaron la base aérea de Abu al Duhur, en la provincia noroccidental de Idlib, alegando que Damasco estaba a punto de permitir el despliegue de tropas turcas en sus instalaciones, algo que consideran una violación del statu quo de seguridad pactado entre los dos estados. Hasta ahora los bombardeos israelíes se habían concentrado en el sur de Siria, en la zona de amortiguación junto a los Altos del Golán. Esta vez, el objetivo estaba mucho más al norte, cerca de la frontera turca.El propio Netanyahu reivindicó el ataque del martes en un podcast electoral del Likud: “Transmitimos un mensaje. ¿Cómo se lo formularía? 'No lo hagáis'. El mensaje llegó, pero por lo visto no lo entendieron bien, así que nos aseguramos de que lo entendieran mejor”. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue más lejos y acusó al presidente turco, Recep Tayip Erdogan, de arrastrar a su país a “aventuras peligrosas” en Siria.Por su parte, Ankara y Damasco lo niegan. El ministro de Exteriores sirio, Asad el Shaibani, reconoció que oficiales militares turcos habían visitado la base días antes del ataque, pero aseguró que se trataba de cooperación militar rutinaria -entrenamiento e intercambio de experiencia-, no de un despliegue de tropas. La base, insistió, estaba prácticamente vacía y aún en fase de rehabilitación. El ministerio de Defensa turco fue todavía más categórico y negó que hubiera existido delegación militar alguna en Abu el Duhur, ni antes ni durante el ataque israelí, y calificó la operación de “imprudente”.El sábado, medios sirios informaron de un ataque con dron cerca de Beit Jin, a una decena de kilómetros de Damasco, en el que una persona resultó herida. El Ejército israelí no lo ha confirmado por el momento, aunque sí ha reconocido otro bombardeo en el suroeste de Siria contra un supuesto operativo terrorista que, según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), preparaba un ataque inminente contra sus tropas.Lo llamativo es que, en paralelo a los bombardeos, existía un canal de diálogo directo. Según reveló Reuters, el jefe del Mosad, Roman Gofman, mantuvo el 14 de agosto -pocos días antes del ataque- una llamada telefónica con Shaibani para abordar precisamente la presencia militar turca en Siria. El enviado especial de Estados Unidos para Siria, Tom Barrack, dio más detalles de la conversación y pueso en duda que el bombardeo tuviera justificación real. Según él, Washington recibió el aviso israelí sobre un supuesto movimiento turco seis días antes del ataque. Pero para sus propios servicios de inteligencia el despliegue, en realidad, no existía.El embajador estadounidense llegó a comparar el episodio con el derribo por parte de Turquía de un caza ruso en 2015, y advirtió de que desplegar aviones junto a una frontera sin previo aviso ni acuerdo es “un juego muy peligroso”.Desde la caída de El Asad, la influencia iraní en Siria se ha visto sustituida por la turca, que Israel observa con la misma alarma con que antaño vigilaba a Teherán, y teme además que Ankara instale sistemas de defensa aérea en territorio sirio que limiten la libertad de acción de su aviación. Netanyahu ha llegado a calificar a Erdogan de “dictador antisemita” que “oprime a su propio pueblo”, mientras que el líder turco acusa sistemáticamente al israelí de cometer un genocidio en Gaza.Washington, mientras tanto, trata de evitar que sus dos aliados regionales -Turquía es miembro de la OTAN, Israel su principal socio en la región- acaben enfrentados directamente. En este contexto, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, confirmó que se está estableciendo un mecanismo de desescalada entre los tres países, aunque reconoce que “necesita perfeccionarse”.Con las elecciones del 27 de octubre a la vuelta de la esquina y unas encuestas que sitúan a Netanyahu en riesgo de perder el poder, la pregunta que se hacen en Washington, Damasco y Ankara es la misma: hasta qué punto la enemistad con Turquía forma parte de su campaña electoral o de las prioridades de seguridad de un Israel inmerso en siete frentes distintos.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo
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