Israel ya no solo mira a Irán como su gran enemigo. Casi tres años después de los ataques del 7 de octubre, las dinámicas conocidas hasta ese momento en la región de Oriente Medio se han transformado hasta el punto de que cada vez parece todo más imprevisible. Empezando por la evolución de Operación Furia Épica que EEUU junto con Israel lanzaron para debilitar al régimen iraní, desmantelar su programa nuclear y propiciar la caída del gobierno de los ayatolás. Sin embargo, ninguno de esos objetivos llegó a materializarse. La muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, no provocó el colapso de la República Islámica. Su hijo, Mojtaba Jamenei, asumió el liderazgo del régimen, aunque su ausencia total de apariciones públicas —ni discursos, ni vídeos, ni imágenes recientes— ha alimentado las especulaciones sobre su verdadero estado e incluso sobre la posibilidad de que haya fallecido. Lo que se traduce en que a Irán no le hacen falta cabezas visibles del régimen porque este está más que arraigado en el sistema y que el país ha evolucionado hacia una mayor imprevisibilidad. Algo que queda muy lejos del control de Israel. Lo mismo ocurre con el memorándum de entendimiento acordado entre EEUU e Irán. Las continuas violaciones del alto el fuego de estos últimos días en el estrecho de Ormuz han demostrado que la guerra aún no está acabada, por mucho que Washington defienda que son operaciones puntuales que responden a los ataques de Irán a tres buques mercantes. Mientras tanto, Israel mantiene abiertos sus frentes (a pesar de que su alto el fuego era otra condición contemplada en el acuerdo) y continúa presionando hacia una estrategia de confrontación que responde a la lógica israelí de "conmigo o contra mí". Una postura que, en su intento por afianzar su hegemonía militar en Oriente Medio, no ha hecho sino multiplicar sus adversarios. Y uno de esos es Turquía. TE PUEDE INTERESAR Desde los ataques del 7 de octubre, las relaciones entre Israel y Turquía se han deteriorado a pasos agigantados, aunque antes de esa fecha, las relaciones entre ambos ya estaban resquebrajadas. El antes y el después se produjeron en el año 2010, tras el asalto israelí al buque Mavi Marmara, en el que murieron diez activistas turcos. Aunque ambos gobiernos intentaron recomponer sus vínculos en 2022 con la visita del entonces presidente israelí, Isaac Herzog, a Ankara, la ofensiva sobre Gaza terminó por dinamitar ese acercamiento. Hace apenas unos días, el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, especialmente duro con Netanyahu, al que ha llegado a calificar de "el Hitler de nuestro tiempo", sostuvo que Israel busca ahora un nuevo adversario con Turquía para compensar el deterioro de su imagen internacional. En una entrevista con la agencia estatal Anadolu, afirmó que el Gobierno israelí intenta presentar a Ankara como una amenaza ."Israel no puede vivir sin un enemigo. Después de Irán, necesita otro", aseguró Fidan. Una dinámica que, según sostiene el jefe de la diplomacia turca, ha pasado a convertirse en una estrategia de Estado. TE PUEDE INTERESAR Por su parte, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha acusado reiteradamente a Israel de cometer un genocidio contra la población palestina, ha respaldado públicamente la causa palestina y ha apoyado la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Unas acusaciones que han levantado ampollas dentro del Ejecutivo y que les han valido para aumentar las provocaciones contra Ankara. El último episodio se produjo hace apenas unos días. Antes de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizara en Ankara para participar en la cumbre de la OTAN, el primer ministro israelí afirmó en una entrevista con la Fox que Estados Unidos no debería vender los F-35 a Turquía. Menos aún a un país que, en sus palabras, es "un régimen infiltrado por los Hermanos Musulmanes, un movimiento extremista que odia a Estados Unidos" y "corea: 'Muerte a Estados Unidos'". Aseguró, además, que Turquía no era un "aliado modelo" de Washington. "Israel siempre ha necesitado un enemigo para crear un sentimiento de pertenencia entre la población" Futura D'Aprile, analista especializada en Turquía y Oriente Medio, considera que alguna de estas decisiones es un intento de "retratar a Turquía como una amenaza tiene un efecto directo y de cohesión en la opinión pública israelí". Además, durante la celebración de la cumbre en Ankara, Netanyahu criticó abiertamente la ocupación turca en el norte de Chipre, confundiendo a este último con un miembro más de la Alianza. Pero ese no ha sido el único motivo de fricción entre ambos países. En los últimos meses, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, reconoció el genocidio armenio como una "obligación moral e histórica". El jefe de la diplomacia defendió que Israel, como Estado surgido tras el Holocausto, tiene "el deber de combatir el negacionismo y reconocer la persecución y exterminio de hasta 1,5 millones de armenios" a manos del Imperio otomano a partir de 1915. Sa'ar acusó además al Gobierno turco de haber promovido durante décadas una campaña institucional de negación de aquellos hechos y aseguró que "nunca es tarde para hacer lo correcto". TE PUEDE INTERESAR Pero Erdogan no tardó en responder: "Nuestra historia incluye la virtud de proteger a quienes huían de la persecución nazi", respondió Erdogan. "Quienes difaman a Turquía para encubrir su propia barbarie en Gaza lo saben mejor que nadie", añadió. Armenia, por su parte, evitó celebrar el reconocimiento de Israel y aseguró que Ereván no tenía "ninguna necesidad de responder". Desde Israel, la decisión ha sido interpretada de forma muy distinta por algunos analistas israelíes en comparación a la que Bibi intenta vender. El politólogo Gerald Steinberg, profesor de la Universidad Bar-Ilan, sostiene a RFI que "esta decisión es estrictamente política. Tiene que ver con Turquía". Del mismo modo, un alto cargo israelí, citado por la prensa del país, reconocía que ahora era Irán quien había dejado de ocupar el centro de la agenda para asistir a "una escalada del conflicto con Turquía, que se ha convertido en una nueva fuente de fricción". Para la analista D'Aprile, este tipo de críticas por parte de Israel responde, en gran medida, a su política interna. "Israel siempre ha necesitado un enemigo para crear un sentimiento de pertenencia entre la población", sostiene. Durante décadas ese papel lo desempeñaron los países árabes, los palestinos o actores como Hamás y Hezbolá, pero el debilitamiento de estos últimos ha obligado al Gobierno de Netanyahu a buscar una nueva amenaza con mayor peso regional. TE PUEDE INTERESAR Además, en Israel, su prensa ha comenzado a presentar al ministro de Exteriores turco como una de las principales amenazas estratégicas para Israel. El diario Israel Hayom, por ejemplo, asegura que Fidan se convertirá en un "Erdogan 2.0" y conducirá al país hacia un choque directo con Israel. Sin embargo, D'Aprile rebaja la posibilidad de que estas acusaciones desemboquen en un enfrentamiento militar entre ambos países. "Turquía es miembro de la OTAN y eso complica enormemente cualquier conflicto directo. Además, Donald Trump mantiene una buena relación personal con Recep Tayyip Erdogan, mientras que su relación con Benjamin Netanyahu atraviesa un momento mucho más delicado. Netanyahu tiene que tener en cuenta todos esos factores", explica en conversaciones con El Confidencial. Turquía, además, se ha sumado a las iniciativas diplomáticas impulsadas por Egipto y Pakistán para lograr un alto el fuego entre Irán e Israel y el propio Trump incorporó en enero a Fidan al Consejo de Paz para Gaza. Fue una decisión que desde Israel se interpretó como una victoria diplomática de Ankara y provocó una oleada de críticas contra Netanyahu por haber permitido que Turquía ganara peso dentro de este nuevo organismo. "Después de Gaza y de la ofensiva contra el Líbano, Hamás y Hezbolá ya no representan el mismo tipo de amenaza que antes. Turquía, en cambio, es un Estado con un ejército consolidado, una industria de defensa cada vez más potente y una influencia regional creciente. Es un enemigo mucho más útil para construir esa narrativa", afirma la analista. "Israel corre el riesgo de perder parte de la posición privilegiada que ha ocupado entre sus aliados occidentales" "Ankara está intentando posicionarse como una potencia media, un actor al que se puede recurrir para mediar en conflictos como Ucrania, Líbano o Irán. Mientras Israel aparece cada vez más como un elemento que contribuye a desestabilizar la región, Turquía intenta proyectar la imagen contraria. Eso supone un desafío para Israel", sostiene D'Aprile. También envía un mensaje a Washington y a los socios europeos basado en que si estos apoyan a Israel, no deberían fortalecer militarmente a Turquía. Una estrategia que se está ejecutando en un momento en el que parece que algunos países europeos empiezan a modificar su relación con Ankara. Es el caso de países como Francia. París, tradicionalmente alineado con Grecia y Chipre frente a Turquía, en los últimos meses ha estrechado la cooperación con el Gobierno de Erdogan en materia de defensa. El memorando firmado entre la empresa francesa Safran y el fabricante turco de drones Baykar es solo una muestra más de ese acercamiento. "Si Europa empieza a ver a Turquía como un socio estratégico, Israel corre el riesgo de perder parte de la posición privilegiada que ha ocupado durante décadas entre sus aliados occidentales", insiste. Así, presentar a Turquía como un actor desestabilizador permite a Israel tratar de contener el creciente protagonismo de Ankara en las mesas de negociación y, al mismo tiempo, influir en la percepción que de ella tienen Estados Unidos y los países europeos. TE PUEDE INTERESAR Ismael Sari, analista turco, sostiene que Turquía se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la estrategia regional de Israel. Según explica en su artículo Israel’s Quest for Hegemony and Iran’s New Geopolitics publicado en Politics Today, Tel Aviv busca, además, consolidar un nuevo equilibrio de poder en el Mediterráneo oriental que reduzca la influencia de Ankara. Sari precisa que proyectos como el gasoducto EastMed y el Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF) han dejado de ser "simples iniciativas energéticas para convertirse en instrumentos geopolíticos destinados a excluir a Turquía de la arquitectura energética regional" y a reforzar la posición de Israel sobre los recursos gasísticos y las rutas marítimas. Esa estrategia, sin embargo, también le ha permitido "incrementar el número de adversarios de Tel Aviv" y aquí Turquía ha pasado de ser un competidor regional a convertirse "en uno de los principales rivales estratégicos de Israel, tanto por su creciente peso geopolítico como por su capacidad para disputar la influencia israelí en el Mediterráneo Oriental", concluye.