0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial¿Qué tienen en común Buffalo Bill, Stendhal, Chopin, Bakunin, Einstein y Jovellanos? Pues que todos ellos se alojaron en el hotel Cuatro Naciones de la Rambla, pasaron ratos en el salón que todavía se conserva en la primera planta y se dirigieron a sus habitaciones por la escalera noble que preside aún la entrada del establecimiento. Fueron solo algunos de los ilustres huéspedes del que fue en su día hotel más lujoso de Barcelona, que hoy es solo un dos estrellas, mucho más sobrio que su antepasado pero que conserva su historia y mística acumuladas durante tres siglos.Escalera y salón son los dos únicos espacios conservados de su glorioso pasado. La sala ha sufrido varias alteraciones a lo largo de su historia, pero mantiene todavía sus aires victorianos y parte de la decoración, especialmente la del techo, que en su día, además de los ya mencionados, también pudieron admirar George Orwell, el pintor Joaquín Sorolla, la pareja de Chopin, George Sand, el que fuera presidente de Estados Unidos Ulysses S. Grant y el periodista Henry M. Stanley, el del famoso encuentro con el doctor Livingston en un lugar remoto de África.La escalera aún preside la entrada del hotel Xavi CasinosEl salón de la primera planta Xavi CasinosEl local inició su historia en 1717, año en que consta la primera mención como fonda en la que hacían parada las diligencias que llegaban y partían de Barcelona, en una Rambla todavía lejos del paseo en que se convirtió décadas después. El establecimiento fue creciendo hasta convertirse en el gran hotel de referencia de la ciudad. A mediados del siglo XIX, el arquitecto Francesc Daniel Molina ejecutó una gran transformación, de la que hoy sobreviven el salón y la escalera noble.Las dificultades económicas obligaron al cierre en 1927. El hotel reabrió en 1967, pero lejos del lujo que recibió a decenas de huéspedes ilustres cuyo recuerdo cuelga en las paredes del Salón Chopin. Sin embargo, el cartel del Cuatro Naciones, en el número 40 de la Rambla, y una placa que recuerda en la fachada las dos estancias de Chopin mantienen la memoria del primer gran referente del turismo en Barcelona.