Hemos venido a dormir en un hotel cinco estrellas cuando aún no están puestas todas las alfombras y no se han terminado de desembalar los muebles, las cuberterías y las porcelanas. Todo está casi a punto, pero en el universo del lujo el casi no se tolera. Así que continuamente el personal del hotel pide disculpas mientras hace sus labores habituales y otras que les van cayendo. El concierge puede reservar una cena al tiempo que limpia una mesa o atornilla el mobiliario de la terraza, y el sumiller, maridar los menús mientras supervisa el estado de las cortinas.En mayo, cuando visitamos el Gran Hotel Claridge Granada, faltaba una semana para su apertura y éramos las únicas huéspedes. Dormimos solas (fotógrafa y periodista) en un hotel de 70 habitaciones, cada una en una suite desde la que casi se podía tocar la cúpula de la catedral. Desde mi balcón, con una vista privilegiada a la Puerta del Perdón, si fuera Semana Santa no perdería detalle de los pasos más importantes. Nuestras únicas compañías nocturnas eran el electricista —que debía pasar cada noche en una habitación distinta— y los restos arqueológicos, sarcófago romano incluido, que se hallaron durante la reforma del palacio de Villamena, un edificio construido en 1955 y que en el siglo XX fue, sucesivamente, delegación de Hacienda, caja de ahorros y sede de un periódico.Estrenamos restaurantes, terrazas y ascensores. Quitamos la funda de plástico a cojines por ahuecar. Inauguramos mullidos sofás y carísimos espejos donde nadie nunca se había mirado. Disfrutamos del olor a nuevo y de todas las primeras veces de un hotel. Diez días después poco quedaba de aquella bisoñez. El Gran Hotel Claridge Granada, del grupo Preferred Hotels & Resorts, entraba por la puerta grande del lujo donde ambiciona quedarse muchos años.Llegamos las primeras, pero ya estaba lista y rodada la ceremonia de las fragancias. Un ritual de inspiración nazarí para escoger el olor que tendrán los días en el hotel. Durante el check in se ofrece una cata de aromas en tres recipientes de cerámica: naranja real, paz y emeritus. Una de ellas, la que escoja el huésped, estará perfumando su habitación cuando se instale. Cada noche la tendrá, además, al lado de la almohada. Puede parecer uno de los tantos esnobismos vacíos del lujo, pero un buen olor es una de las formas más eficaces y rápidas de hacerte sentir en casa.Si otros hoteles de Granada miran extasiados a la Alhambra y suspiran por el poderío de los sultanes, este prefiere la catedral y la vida mundana de la ciudad nazarí, la habilidad de mercaderes propios y extraños y la vitalidad de su comercio allá por el siglo XI. Aunque la rooftop con una perspectiva única de la catedral, Sierra Nevada y la Alhambra es bastante espectacular, aquí no se ha empezado a construir la casa por el tejado sino, como debe ser, por los cimientos. Así que vamos con el director, Miguel Estévez, un apasionado de la historia, a contar este hotel por el principio. Y como estamos en Granada, en cualquier asunto hay un arqueólogo y varias excavaciones involucradas.Dormir aquí es dormir sobre 2.000 años de historia, concretamente sobre lo que fuera la puerta del lujo del reino, por donde entraban las sedas, los paños ingleses y la cerámica de Liguria. Cuando comenzaron los primeros trabajos para construir el hotel se encontraron aproximadamente 80 metros cuadrados de restos arqueológicos de la Alhóndiga de los Genoveses, que estuvo activa entre 1278 y 1482, una institución que según explica Ángel Rodríguez, arqueólogo a cargo de las investigaciones, tenía estatus de embajada y era el corazón del comercio de la ciudad. Situada en el corazón de la medina y junto a la Mezquita Mayor, la alhóndiga conectaba con el Zacatín, la Alcaicería y la calle de Elvira, otros zocos de género de lujo, a los que vamos andando para comprobar que todo estaba muy cerca y que desde el hotel se pueden replicar las idas y venidas de aquellos mercaderes de la alta gama. Tras la Reconquista, los genoveses se marcharon y los Reyes Católicos convirtieron el edificio en una cárcel.De aquel brillo nazarí solo quedan ruinas y varios muros que el hotel ha decidido mostrar en una galería arqueológica en la primera planta, justo al lado del spa. “Hoy volvemos a abrir aquella puerta del lujo y queremos que nuestros huéspedes conozcan esta historia y sepan dónde estamos, en un sitio donde la sofisticación contemporánea respeta la grandeza de su pasado. Aquí el lujo tiene memoria”, explica Estévez, que tiene mil planes para este espacio. Varios metacrilatos en el suelo dejan ver los restos y el espacio donde se encontró el sarcófago del legionario romano que ha sido depositado en el Museo Arqueológico de la ciudad. “No es un hallazgo cualquiera”, dice el arqueólogo, que cree que este hombre es la prueba definitiva de que Granada fue también romana.Este hotel pretende, y lo consigue, que usted nunca olvide que está en Granada. Si abre el minibar encontrará una cuidada selección de productos locales; las maderas de las mesas siguen el trazo de la artesanía taracea, una técnica milenaria que alcanza su máxima complejidad en las puertas de la Alhambra; el spa, a cargo de María Casado y Romain Laquieze, de Wellness Boutique, recuerda la opulencia nazarí y su gusto por las aguas. Toda la gastronomía es un culto al reino de Granada. El chef Rafa Arroyo ha recuperado platos granadinos, que no andaluces, para la carta de ZIMA Luz&Top, entre ellos la croqueta de quisquilla de Motril, el remojón granadino y la porra lojeña. Además, está INICIO, una especie de laboratorio gastronómico solo para 10 comensales donde Arroyo despliega toda su fantasía y ambición culinaria.Hemos sabido que las puertas del Gran Hotel Claridge Granada ya están abiertas, que el lujo nazarí ha vuelto a la ciudad. Y que es exactamente como nos lo habían contado. Si está por allí, entre al hotel, suba a la terraza y pida un cóctel. Aunque yo saltaría directamente al agua. La experiencia promete. Nunca una piscina estuvo tan cerca de una imponente catedral renacentista. Nunca un baño de verano fue tan elevado.
El Gran Hotel Claridge de Granada, un cinco estrellas entre ruinas árabes y monumentos renacentistas
En este nuevo hotel de lujo se vive entre ruinas árabes y monumentos renacentistas, como se puede apreciar físicamente tras la inauguración









